Alberto Fernández se reúne con las máximas autoridades de China y Rusia mientras el país necesita llegar a un acuerdo con el FMI. Además, el escándalo de la "droga adulterada" opaca los remolinos políticos que golpean al oficialismo.

Febrero arrancó con todo y, con la reciente seguidilla de acontecimientos de este año bisiesto y bisagra de lo que será el electoral 2023, hay grandes interrogantes sobre el futuro económico y político del país. Son varios los temas que hoy están en la agenda con el FMI como común denominador, aunque no faltan algunos temas con matices propios, como el escándalo por la "droga adulterada", o las noticias del COVID -que ya tienen dos años entre los principales titulares-. Sin embargo en nuestro país todo tiene que ver con todo y, así como todos los caminos conducen a Roma, en Argentina hasta lo más trivial conduce a la política.
Muy poco duró la algarabía por ese esperado acuerdo con el FMI que aún no se concreta, si bien se produjeron algunos acercamientos y entendimientos con el organismo internacional de crédito. En el Gobierno habían salido a festejar anticipadamente lo que podría describirse más como una carta de intención que como un acuerdo propiamente dicho. Lo cierto es que no hay nada formal todavía, ni de parte del FMI ni del Congreso Nacional de cuya aprobación depende. Allí las aguas están muy divididas y parece que habrá más resistencia de parte del kirchnerismo duro que de la oposición.
La directora gerente del FMI, Kristalina Gueorguieva, recientemente bajó las expectativas al esperado acuerdo. Como era de esperarse, tal cual lo venimos sugiriendo hasta el cansancio, el FMI quiere acordar pero necesita compromisos serios de parte de la dirigencia con los principales temas que nos preocupan a todos, como reservas, emisión, inflación, subsidios y gasto público -político y social-. Son temas que afectan fundamentalmente a los argentinos más que a los acreedores y, créase o no, pareciera que el organismo internacional vela más por estos intereses –que son de todos los argentinos, insisto, desde el primero hasta el último- que el propio gobierno nacional al que parece que solo le interesa hacer tiempo para pasarle la papa caliente al próximo gobierno mientras continúa con la bacanal de despilfarro que tanto ha caracterizado a las sucesivas administraciones desde principios de este siglo.
El organismo va a insistir con esto por más que en el Gobierno insistan con consignas contradictorias o para la tribuna, como eso de poder "crecer y cumplir". En la actual dirigencia no quieren pagar el costo político que tendrían las medidas impopulares que suponen las condiciones del Fondo… más o menos como el gordo que quiere -y necesita- bajar de peso pero no quiere hacer actividad física ni quiere largar los sanguchitos.
Al FMI le preocupan mucho las internas dentro de la coalición gobernante que tuvo como último episodio a la renuncia de Máximo Kirchner a la jefatura del bloque en la Cámara de Diputados. El kirchnerismo duro amenaza con convertirse en un obstáculo para cualquier tipo de acuerdo y para el Gobierno de Alberto Fernández; hay una interna feroz entre el ala oriental y el ala occidental -o no tan oriental-. Casi unánimemente, se interpreta que la actitud del líder de La Cámpora exacerbará las tensiones en la alianza de gobierno que ya venían bastante resentidas y cuyo capítulo más álgido fue esa crisis post PASO 2022 que terminó con un presidente muy debilitado y una vicepresidente que se aseguró la hegemonía –con poder de veto- dentro del consorcio accionario.

A pesar de la renuncia, Máximo Kirchner continúa al frente de funciones más relevantes desde el punto de vista de los recursos políticos, económicos y simbólicos: sigue siendo el diputado hijo de dos ex presidentes y por tanto heredero natural del kirchnerismo, es el líder de La Cámpora, y es el presidente del PJ bonaerense, decisivo territorio electoral donde reside el poder que su madre le otorga. Cualquiera pensaría el kirchnerismo vuelve a implementar el chantaje político como método para comprometer aún más el acotado ámbito de decisión presidencial y, de esta manera, asegurar la supremacía del cristinismo y uno de los principales paradigmas ideológicos de la facción que define al FMI como "el enemigo del pueblo".
En el FMI saben que cualquier acuerdo de envergadura tendrá que ser con un gobierno más serio, es decir con un gobierno no peronista. Y aquí entra en juego el rol de la oposición que hasta ahora se viene comportando con responsabilidad y cautela. Gerardo Morales fue el primer gobernador en expresar apoyo por este acuerdo preliminar ya que "es una buena noticia para el país y un primer paso positivo, porque el default hubiera sido negativo para nuestra economía". El gobernador jujeño, y candidato presidencial, sabe que él podría suceder al gobierno actual; con este razonamiento, bien haría el resto de la oposición en no perder esto de vista ya que nadie en su sano juicio desearía heredar un país en default… y aún faltan dos años para hablar de herencias. No se debe perder ni la responsabilidad diciéndole “no” a todo, ni la cautela diciéndole "si" a cualquier cosa. Por ello el gobernador hizo un llamado a la oposición a tener una "actitud responsable" ante el debate que se abrirá en el Congreso para refrendar el acuerdo final.
Por lo pronto, sin un acuerdo concreto o real, se esperan sinceramientos en las tarifas de los servicios públicos, se hablan de subas del orden del 35% al 40% y la consecuente quita de subsidios a sectores económicamente mejor posicionados. También se estaría evaluando prescindir de las tarifas sociales del todo. Son solo algunas de las exigencias del FMI sobre las que ya se está trabajando aunque lo nieguen. Sinceramiento, agiornamiento, readecuación quieren decir ajuste. Con o sin ese sinceramiento, está prevista para el corto plazo una suba del 20% en las tarifas que va a impulsar los números de la inflación a partir de marzo. En el Gobierno buscan que la oposición vote por estos “sinceramientos” y que queden pegados…para que paguen también el costo político de las medidas impopulares. En el kirchnerismo especulan con esto y por ello la reciente fractura que deja muy debilitado al presidente.
Con este escenario de fondo, en la reciente gira presidencial se dieron lamentables expresiones del presidente que generaron mucho ruido en el FMI, pero mucho más en EEUU, socio principal en el organismo internacional, cuyo apoyo se estaba prácticamente suplicando no hace muchos días atrás.
El presidente se fue de la banquina al pasto cuando le confió a su par ruso su “empecinamiento” con que Argentina debería dejar de depender de EEUU y del FMI. Luego se fue con Vladimir Putin a China a la inauguración de unos Juegos Olímpicos invernales que están siendo boicoteados por el mundo civilizado, y a reunirse con otro autócrata, Xi Jimping.
Sin dudas lo que más ruido hizo -y seguramente habrá consecuencias- fue ese extraño ofrecimiento de "ser la puerta de entrada" para Rusia en América, justo en el contexto de clima pre-bélico por la tensión en frontera entre Rusia y Ucrania. Un ofrecimiento cuando menos zarpado, riesgoso, improcedente y entreguista. Desconcertante, errático e inoportuno son solo tres de una cantidad de adjetivos con los que se podría calificar este derrape de Alberto Fernández.

Rusia, justificadamente o no, ve con mucha preocupación, desconfianza y temor lo que considera un avance de Occidente sobre su "patio trasero" con la eventual entrada de Ucrania a la OTAN. El presidente argentino no tuvo mejor idea que ofrecerle a este archi-rival de Estados Unidos "una entrada" a lo que este país considera su "patio trasero". Seguramente estuvo motivado por esos delirios ideológicos o alguna nostalgia setentista que lo hace creer estar en ese contexto de la Guerra Fría o en el Mayo Francés. Quizás esté buscando, una vez más, reconciliarse con Cristina y un kirchnerismo bastante dolido y decepcionado por las tratativas con el FMI. Vaya uno a saber.
Para terminar de embarrarla, viajar a China para buscar alinearse con la segunda potencia mundial en momentos en que es muy cuestionada, justo cuando nuestro país preside la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, es otra contradicción incomprensible que viene a sumar a esa ambigua y dubitativa postura frente a las autocracias mundiales. La contradicción reiterada y recalcitrante ha sido una constante en lo que fue la primera mitad de una presidencia para el olvido.
China busca ampliar su injerencia en el mundo y en el FMI, organismo del que también es socio con una cuota del 6%. La participación china que se procura en términos económicos y en la obra pública viene generando rispideces con otros miembros clave del FMI, que también tienen que votar por el acuerdo que busca Argentina, y cuyo apoyo se necesita si es que se quiere llegar a algún tipo de arreglo. Hay una serie de acuerdos económicos importantes con China, con tres puntos que generan tensión con estos otros socios del FMI cuyo apoyo resulta imprescindible; la implementación de la tecnología 5G, el litio que China quiere asegurarse y los proyectos de plantas nucleares… todos puntos que hacen mucho ruido en Japón y Alemania, pero sobre todo en Estados Unidos.
No está mal la búsqueda o la apuesta por el multilateralismo, de hecho muchos países lo practican. Pero lo hacen guardando las formas diplomáticas, sin ofrecerse tan alegremente a ser "una puerta de entrada" en un conflicto geopolítico de proporciones. Lo del presidente, realmente, no se entiende; como de costumbre, busca quedar bien con Dios y con el diablo pero lo único que logra es enredarse cada vez más en el berenjenal y devaluar la palabra argentina ante el mundo.
Como frutilla del postre, Alberto Fernández terminará su gira haciendo la última escala en Barbados donde se reunirá con la primera ministra, Mia Mottley, con quien dijo abordará el tema de la crisis climática y el proceso de descolonización en la isla. "Piensa mal y acertarás", reza una vieja imprecación: Barbados es una de las más cotizadas y paradisíacas joyas turísticas del Caribe, pero también es un paraíso fiscal. Justo cuando comenzaban a calmarse las aguas por las esas ostentosas vacaciones de la titular del PAMI, Luana Volnovich, en una exclusivísima playa de Cancún. Algo tienen en el peronismo con los paraísos, sean tropicales o fiscales… ¿o alguien se olvidó de las escalas que solía hacer Cristina Kirchner en las Islas Seychelles?

Como nota de color, nos queda este tema de la droga envenenada que, para alivio del Gobierno, terminó tapando noticias importantes, como la renuncia de Máximo Kirchner o el acuerdo con el FMI que parece pasaron al limbo o a un segundo plano. Tan bien cayó en el Gobierno que hasta decidieron ayudar un poquito con un nuevo capítulo del culebrón de los mediáticos funcionarios Aníbal Fernández y Sergio Berni que volvieron a gruñirse y ladrarse vía redes sociales, luego de que el ministro de Seguridad bonaerense aconsejara “tirar toda la cocaína comprada en el último día”.
A pesar de todo el humo de fondo, para el espectador avezado hay detalles que no pasan desapercibidos. Solo por mencionar uno: el narco responsable de distribuir la "cocaína adulterada" estaba prófugo en su casa; su captura y eventual deportación ocasionó la reacción de sus socios o cómplices criminales que salieron a hacer amenazas públicas con una impunidad y un desparpajo que ponen a la Argentina a la altura de México, o de la Colombia de la era de Pablo Escobar, en materia de seguridad y lucha contra el narcotráfico. Para ilustrarlo mejor, valga citar el programa "ConSumo Cuidado" del gobierno de la provincia de Buenos Aires que tiene una serie de consejos "saludables" para consumir drogas. Entre el delivery de drogas en las ambulancias de Mario Ishii y el programa de consumo saludable de Axel Kicillof, solo nos faltó que presidente anuncie "un bono de $10 mil para todos, todas -y todes- los que tuvieron que tirar la merca".















