Por Gabriel Gutiérrez
La única salvación posible de Ucrania se encuentra en una firme decisión de uno o dos países occidentales de ayudar a poner fin a esta barbarie.

La ambigüedad y mediocridad del liderazgo occidental, sobre todo del europeo, no es algo aislado ni actual. Europa traicionó a los checos en 1938, a los israelíes en 1973, a los georgianos en 2008 y a los ucranianos en 2014. Y hoy, por temor o por deficiente medianía, los está volviendo a traicionar.
Israel se salvó de la destrucción en 1973 gracias a la Operación Hierba de Niquel que tuvo lugar en octubre de 1973 durante la más grave de todas las guerras árabe-israelíes, la de "Yom Kippur".
Israel, después de dos semanas de feroces combates en dos frentes, contra Egipto y Siria, con el apoyo de los ejércitos de Irak, Jordania, Marruecos, Arabia Saudita, se encontró en una situación muy difícil. En dos semanas de combates, las bajas de Israel fueron enormes, alrededor de 1.000 tanques se perdieron, unos 200 aviones fueron derribados y más de 2.000 soldados israelíes murieron. Israel estaba a punto de agotar todos sus recursos militares convencionales.
Ni un solo país europeo acordó el suministro inmediato de armas a Israel, pero incluso prohibieron el tránsito de ayuda estadounidense a Israel, a través de sus espacios aéreos. Sólo un país europeo - Portugal- aceptó utilizar sus aeródromos militares en las Azores y Lisboa para la transferencia urgente de municiones desde los Estados Unidos a Israel. Portugal aceptó no sólo apoyar con suministros, sino incluso proporcionar su espacio aéreo para el tránsito aéreo de carga estadounidense a Israel.
Esta operación fue llamada "Nickel Grass", cuando el 14 de octubre de 1973 se creó un puente aéreo a Tel Aviv, durante el cual aviones de transporte pesado de la Fuerza Aérea Americana e Israelí realizaron 567 vuelos y transportaron armas muy necesarias para apoyar al Ejército israelí.
Esto permitió a Israel poner fin a la guerra literalmente en 7-10 días, destruir completamente los ejércitos de Siria y Egipto y ocupar nuevos territorios estratégicos. Además, las capitales de Siria y Egipto estaban amenazadas, ya que las posiciones avanzadas de Israel llegaron a menos de 100 km de El Cairo y a sólo 35 km de Damasco.
Después de la desclasificación archivos, se dio a conocer cuán desesperada era la situación de Israel. La primer ministro Golda Meir estuvo a punto de recurrir al último recurso. Dio la orden de tener todo listo para un ataque nuclear contra las capitales árabes como última medida para la supervivencia del Estado de Israel.
Golda Meir llamó a Nixon, y le dijo que si Estados Unidos no hacía llegar las armas, Israel se vería obligado a lanzar bombas nucleares sobre todas las capitales árabes. Después de eso, el Congreso estadounidense, temeroso de las consecuencias, dio el visto bueno para el suministro de armas a Israel.
Se trata de un hecho que ha permanecido oculto para el público. Incluso en su autobiografía Golda Meir no reveló la verdadera conversación entre ella y Nixon. Todo lo que escribió fue que "apeló a su humanidad y le dijo que si no llega ayuda ahora la nación judía perecería".
Lamentablemente, hasta donde se sabe, Ucrania no cuenta con arsenal nuclear como para disuadir o para utilizar como último recurso. Pero si tienen los ucranianos la determinación de los israelíes de sobrevivir, de existir, de no convertirse en esclavos y de enfrentar la amenaza y la adversidad con suma valentía y coraje. Al menos es lo que le están demostrando al mundo.
Todo depende ahora de que el coraje y valentía se contagien al actual gobierno de EEUU y a, al menos, un país europeo para que le lleguen a los ucranianos los necesarios suministros para la resistencia.















