Pareciera una escena sacada de alguna película de terror pero hace solo seis años, la Plaza Belgrano, nuestra plaza de Jujuy, presentaba el aspecto más deplorable de toda su historia. La Casa de Gobierno y sus adyacencias fueron prácticamente tomadas por Milagro Sala y más de 100 organizaciones sociales a tan solo cuatro días del cambio de gobierno. Paralelamente, la provincia estaba prácticamente sitiada por los mismos actores en diferentes puntos de las rutas provinciales y nacionales en los accesos a las principales localidades.
Un vergonzoso acampe que duró 51 días, en la céntrica plaza General Belgrano, que estuvo copada por piletas de lona y carpas que ocuparon los militantes de la Tupac Amaru, puso a Jujuy en los titulares de todos los medios nacionales, y hasta internacionales, fue el antidemocrático y nefasto método elegido por la ex sátrapa del kirchnerismo en Jujuy para intentar torcerle el brazo a un gobernador que había llegado para poner blanco sobre negro al reparto de la ayuda social del Estado con un plan de reempadronamiento de beneficiarios de planes y cooperativistas.

Quizás para gran parte del país esta situación pudo resultar novedosa por lo llamativa, mientras que seguramente no faltaron quienes vieron en este verdadero atentado contra la autoridad, la democracia y las instituciones un acto resistencia y una forma válida de protestar. Pero lo cierto es que para los jujeños este suplicio era moneda corriente, curiosamente aún bajo el manto de un gobierno propio y cómplice como lo fue la administración Fellner, que no solo permitió sino que avaló y compartió el botín del gobierno paralelo de Milagro Sala.

Los jujeños aún tenemos fija en la memoria esas imágenes que parecían sacadas del rodaje de alguna película sobre asedios medievales, con la fachada de la Casa de Gobierno prendiéndose fuego con pilas de neumáticos, en agosto del 2007, cuando el Salón de la Bandera -que guarda la Bandera Nacional de la Libertad Civil, Símbolo Patrio histórico- resultó seriamente afectado por el hollín impregnado en sus paredes de estilo. El enrejado que hoy circunda la Casa Gris fue puesto justamente por este tipo de situaciones que estaban normalizadas para un Pueblo que se acostumbró a convivir con los constantes cortes de rutas y accesos, y con militantes uniformados, encapuchados y armados con temibles garrotes recorriendo las calles amedrentando a la población y a las autoridades.
Mención aparte merecen las víctimas que se cobró el gobierno paralelo de Sala. Luca Arias, Pato Condorí, Juan Carlos Zambrano, y Ariel Velázquez, solo por mencionar algunos de los casos más altisonantes que quedaron registrados en el documental Jujuy Desoído: Las Víctimas de Milagro Sala, que recoge los descarnados testimonios que exponen el demencial grado de violencia física y psicológica que ejercía la ex dirigente. Violaciones, golpizas, torturas y muerte a hombres, mujeres y niños en un estado paralelo de terror financiado por el poder nacional y avalado por la Iglesia y los organismos de DDHH.

Digno de verlo para quienes desconocen la historia reciente de Jujuy, especialmente para aquellos que defienden lo indefendible y para los que elevan a Milagro Sala a la categoría de Presa Política, como si se tratara de Nelson Mandela. Relatos de los sobrevivientes que hielan la sangre.

A seis años de aquella oscura época, hoy los jujeños nos hemos acostumbrado a vivir en paz y se ha normalizado el orden que debe imperar en una sociedad civilizada. Es realmente notable el contraste de aquella nefasta postal de carpas, parrillas y piletines, y de familias enteras obligadas a permanecer como rehenes de los caprichos y delirios ideológicos de una desquiciada con un ilegítimo poder, con lo que se ha vivido ayer con motivo del "Especial de Navidad" celebrado en el interior de Casa de Gobierno, Plaza España y el Patio de Las Magnolias.
Un magnífico evento que incluyó las presentaciones estelares de la Orquesta Sinfónica de Jujuy, la Banda Tacita de Plata de Policía de la Provincia, Copleros, Micaela Chauque, Cantoras, Jasy Memby y villancicos que pudieron disfrutar una multitud de jujeños que concurrió. Hubo una escenografía gigante simulando un mundo de fantasía con más 50 artistas y los asistentes recibieron tarjetas navideñas que fueron depositadas en el Árbol de los Deseos. Seguramente, en más de una de estas tarjetas habrá quedado plasmado el deseo de que sigamos viviendo en orden, paz y unión, y que nunca volvamos a vivir aquella pesadilla. Una Casa de Gobierno tomada por niños felices, como aquella memorable película de Willy Wonka y la Fábrica de Chocolate.




















