El presidente Alberto Fernández decidió cancelar su agenda y pegarse una escapada a Jujuy para visitar a Milagro Sala, previo montaje cinematográfico para las redes sociales, con la misma épica de aquel tragicómico y ridículo viaje a Rusia para buscar las vacunas Sputnik.
Por Gabriel Gutiérrez

La escasez de gasoil, el desabastecimiento de insumos imprescindibles para la producción por las restricciones a las importaciones, el escandálo del avión venezolano-iraní y la incertidumbre económica que se desató con la disparada del dólar tras los cambios en el Ministerio de Economía de la Nación son algunos de los temas que estuvieron en agenda y demandaron al Gobierno definiciones urgentes.
Pero, incluso, en un contexto acuciante, Alberto Fernández viajó a Jujuy, lo que implicó una bofetada al pueblo jujeño e intentó congraciarse, una vez más, con socios políticos que constante e incansablemente lo someten a oprobiosos destratos y desgastes de su imagen presidencial.
La visita del primer mandatario a Milagro Sala, la ex líder de la asociación ilícita conocida como Organización Barrial Tupac Amaru, pone en evidencia, nuevamente, el desprecio por los principios republicanos y democráticos, como la división de poderes y los derechos humanos.
¿De qué otra manera podría interpretarse esta intempestiva e inconsulta visita a nuestra provincia, sin pasar, aunque sea por decoro y protocolo -como corresponde-, a saludar al gobernador o a los representantes del pueblo, para -en cambio- visitar a una rea sobre quien pesan varias condenas por graves delitos contra el Estado y personas, mientras aguarda el trámite de otras tantas causas que siguen su curso, algo demoradas por las estrategias dilatorias de su defensa?

No le hace ningún bien a su derruida imagen y devalúa aun más la autoridad de la investidura presidencial, al prestarse a ser cómplice y partícipe de una sospechosa maniobra teatral, para intentar burlar a la Justicia, que por estos días se prestaba para dictaminar si Milagro Sala debe volver a la cárcel común a cumplir con el tiempo de sus condenas y aguardar el trámite de las otras causas.
Al elevar a Milagro Sala a la categoría de "presa política" y de víctima de un supuesto lawfare, Alberto Fernández contribuye al desprestigio de las instituciones, que como primer mandatario debería defender, resguardar y enaltecer. Preocupan mucho esas adjetivaciones a la acción judicial, como "persecución" y "barrabasadas", en boca de un presidente.
Pero más preocupa la presión que el titular del Poder Ejecutivo ejerció sobre la Corte Suprema de Justicia de la Nación con los exabruptos antidemocráticos con que se despachó, sin tapujos y sin ponerse colorado a pesar de autopercibirse y promocionarse como "un hombre del Derecho".
¿Acaso espera que con su impresentable imprecación logre influir sobre el Máximo Tribunal, que por estos días debe expedirse sobre importantes causas que involucran a la cúpula kirchnerista? De hecho, Fernández parece que se suma a un operativo de presión y embestida contra el Poder Judicial, que tuvo como leit motiv a la situación de Sala, pero que se viene arrastrando desde tiempo atrás, sobre todo, desde el fallo sobre el Consejo de la Magistratura y el reciente revés judicial que sufrió Cristina Kirchner.

Con respecto a la súbita escapada a Jujuy a visitar a Sala, el titular de la AFI, Agustín Rossi, expresó que el viaje "debe generar una reacción en la Corte Suprema". Para la portavoz presidencial, Gabriela Cerruti, la expedición sirvió para “volver a poner visibilidad sobre un hecho de injusticia como es la detención ilegal que está sufriendo Sala y para seguir reclamando por su libertad". Relacionó la visita a la que en su momento, cuando era precandidato presidencial en julio de 2019, realizó el ex presidente de Brasil Luiz Inácio Lula Da Silva, quien estaba en prisión en la Superintendencia de la Policía Federal brasileña en la ciudad de Curitiba.
Otro tanto hizo la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, al reclamar a la Corte Suprema de Justicia de la Nación y a las autoridades judiciales de Jujuy que "se dispongan las acciones necesarias para frenar el hostigamiento contra Milagro Sala, privada de su libertad de manera arbitraria desde 2016, y se dé cumplimiento a las medidas de protección dispuestas por la Corte Interamericana de Derechos Humanos".
En tanto, el ministro de Justicia, Martín Soria, reafirmó el compromiso del Gobierno para que se cumpla la medida provisional dictada por la CIDH a favor de Milagro Sala, durante una reunión con representantes del Comité por la Libertad de la referente de la Tupac Amaru, quienes volvieron a exigir la libertad de la activista en una movilización hacia la sede ministerial.
En caso de que no sea suficiente, el referente de la CTEP, Juan Grabois, reclamó al Presidente indultar a Milagro Sala. "Es hora de pasar de las palabras a los hechos. La única alternativa que hay es el indulto. Cuando decimos que Milagro Sala es una presa política, hay que dar una respuesta política. Si el Presidente está convencido, que ponga las pelotas arriba de la mesa y se juegue por algo", señaló.
Seguramente estamos ante el inicio de un nuevo oscuro capítulo de la devaluación de las instituciones. Lo cierto es que el presidente de la Nación, con una visita que intenta vender como un "gesto humanista" y con el desplante al gobernador, ofende y falta al respeto a una gran parte de los jujeños, y reivindica la violencia y la corrupción que el pueblo desea que no queden impunes.















