El joven británico James Eid viene de una familia de panaderos y todo lo que aprendió del oficio lo aplicó de una manera original para tener su emprendimiento y "amasar" una fortuna mensual envidiable.

Esta no es la primera historia de una persona que durante la pandemia emprendió un negocio con resultados inesperados, pero sí se trata del primer emprendimiento de este tipo en el Reino Unido. Durante el tiempo de encierro, las ideas creativas se multiplicaron y James Eid recordó lo que vivió cuando era niño, cuando experimentaba de cerca el proceso de producción de pan, a lo que se dedican sus padres. Por eso, encontró la forma de aprovechar los prejuicios de los compradores para vender con un nuevo enfoque y ayudar al planeta.
James Eid es hijo de panaderos y conoció el proceso de producción del pan desde pequeño. Desde niño supo cómo se horneaban las tortillas, las galletas y los distintos tipos de pan, y no podía dejar de pensar en el enorme desperdicio, que representaban las porciones que no quedaban con el aspecto que los clientes conocen.
Hoy, con 21 años, el estudiante de administración de empresas en la Universidad de Lancaster, se animó a lanzar su propio emprendimiento convirtiendo aquellos desechos en un negocio que factura 1 millón de dólares por mes. Comenzó interviniendo en la producción del negocio familiar en el cual rescató todos esos productos que estaban destinados a la basura por no cumplir con el tamaño estipulado, y preparó una caja que se vende a menor precio y es entregada a domicilio del cliente, y lo más interesante es que rápidamente ganó clientes y sus ingresos se multiplicaron.

En su infancia, James pasó el tiempo suficiente cerca de la fabricación de pan en Signature Flatbreads, en Bedfordshire, como para darse cuenta de que había una gran área de oportunidad en la comida que se desecha. “1/3 de los alimentos producidos en el mundo se desperdicia”, aportan en el sitio oficial de su emprendimiento para crear conciencia alrededor de una problemática ambiental porque la producción requiere grandes cantidades de agua.Al inicio solo trabajaba asociado al negocio de sus padres, pero poco a poco ha ido sumando aliados.
Así que no solo factura un millón de dólares al mes, sino que contribuye a reducir lo que se desecha: “Te acostumbras, te aclimatas a ver tanto desperdicio, pero si das un paso atrás y lo miras, es devastador. Y es algo que podemos detener”, declaró a medios británicos James Eid, quien ha aprovechado los conocimientos obtenidos durante su formación profesional como administrador de empresas en la Universidad de Lancaster. “Quería cambiar las percepciones de las personas sobre cómo vemos los alimentos como un todo por el bien de nuestro planeta, informando a las personas que la comida rara no es algo que debamos descartar o tirar”,agregó.















