PRESUPUESTO 2015
Por Juan LJungberg || El proyecto de Ley de Presupuesto 2015 que ha presentado el Poder Ejecutivo al Congreso tiene quizás algunas cuestiones similares a los de años anteriores en el sentido de que nunca han sido las previsiones similares o al menos ajustadas a lo esperado.
En realidad, generalmente, el Ejecutivo ha enviado un proyecto con menores ingresos estimados, después la recaudación superó ampliamente esos ingresos, y eso le permitía, mediante una resolución del jefe de Gabinete, asignar el excedente a distintos usos.
Ahora lo que está planteándose es que en realidad hay un crecimiento previsto, muy importante, de la recaudación. Hay un ajuste en el gasto, un ajuste importante en el gasto.
Si uno analiza por rubros y conceptos, se espera una baja importante en lo que son los subsidios, algo que se le viene reclamando al Gobierno hace bastante tiempo. Eso se anunció tímidamente hace dos años y no se hizo como se tuvo que hacer; este año empezaron con algunas cosas en los peores momentos, porque son momentos de recesión, de alta inflación, y hay que sumar ahora los aumentos a las tarifas del gas, a la energía eléctrica. En definitiva estos sinceramientos son necesarios, lo que pasa es que si se hubiera hecho hace 4 o 5 años atrás, cuando no existían los problemas de hoy, el impacto negativo hubiese sido mucho menor.
Por otra parte también se espera una disminución en el gasto social, en términos reales. En términos nominales aumenta, pero aumenta en porcentajes bajos; y esto implica un ajuste. Lo único que aumenta en forma importante, más o menos alineado con la inflación esperada real, -que como piso va a tener un 40%- es la Asignación Universal por Hijo, que tiene una actualización nominal de esta magnitud. Las jubilaciones tienen una actualización del 32 %, con lo cual ya se estaría por debajo de la inflación piso para el año que viene, si es que no sigue aumentando -hoy estamos en esos niveles del 40%-.
Luego hay una cantidad de otros gastos en salud, ciencia y tecnología; la asignación para la salud apenas aumenta el 8%, nada más, con lo cual frente a una inflación del 40% es una reducción importante, menos de un tercio en términos reales. Lo mismo pasa con otros programas sociales, y con investigación, ciencia y técnica; está previsto un aumento nominal del 26%, reitero pareciera un aumento significativo en términos nominales pero por debajo de la inflación, con lo cual estamos claramente ante un ajuste.
En los ingresos tienen previsto un aumento del 28%; el gasto conjunto tiene previsto un 14%, o sea es para cerrar el déficit con el que este año -el ministro Kicillof lo reconoció en el congreso- va a cerrar con un déficit, contrariamente a lo que se había previsto en el Presupuesto 2014. Si se cumplirían estas pautas del aumento de los ingresos y esas disminuciones de los gastos se podría recuperar el superávit fiscal; o sea no seguir en la misma línea de hace 6 o 7 años que venimos con déficit, pero va a ser difícil porque incluso este aumento muy importante de los ingresos presupuestarios implica un aumento de casi 2 puntos de la presión tributaria sobre el PBI. O sea que, si ya tenemos una presión tributaria grande, esto significaría un avance aun mayor. Si fuese todo captura de evasión no estaría mal, porque significaría que todos aquellos que hoy no pagan empiecen a pagar, pero es casi imposible pensar que en un año se pueda incorporar recursos que hoy no están tributando por el 2% del PBI; no es real. Esto quiere decir que va a haber un aumento de la presión impositiva en los que seguimos pagando. Probablemente eso venga de la mano de la no modificación del mínimo no imponible del Impuesto a las Ganancias, que es algo que están reclamando los gremios, con lo cual se ahondaría la presión tributaria, pues al aumentar el salario nominal más salarios quedarán alcanzados por el impuesto.
Las estimaciones de la inflación y del tipo de cambio no parecen realistas. Si bien es cierto que en comparación a proyectos anteriores significa un avance importante, ya que se insistía con una inflación del 6 o 7 % y hoy se habla de una inflación del 15, casi 16%, duplicando las pautas anteriores, seguimos estando muy por debajo -por lo menos dos tercios- de lo que va a ser la inflación real.
El tipo de cambio promedio a $9,45 del dólar oficial, tampoco luce muy realista a la luz de lo que hoy ya tenemos -el tipo de cambio oficial a $8,50-. La proyección no pareciera ser muy realista para el año que viene. Es promedio, con lo cual se está suponiendo que este año va a terminar por debajo de $9, es decir cerca de $9, y el año que viene se espera terminar en $10, lo que daría un promedio de $9,45, $9,50 al año. No es realista porque aun no sabemos si éste año va a terminar en ése monto. Esto implicaría un ajuste del tipo de cambio oficial del 11,5% entre ahora y el promedio del año que viene, lo cual está lejos del ajuste por inflación, y si no acompañamos con medidas la inflación, tendríamos mayor retracción del tipo de cambio. Evidentemente, si esto que dice el Presupuesto va a ser cierto, en cuanto a la política económica, significaría anclar aun más la divisa, es decir usar como única arma inflacionaria anclar el tipo de cambio, con los problemas que trae. Esto significa una diferencia cada vez más creciente con el tema de los costos; esto significa que los exportadores verán reducido su margen, y esto significará ser menos competitivos para exportar. Ya este año la Argentina perdió 10% de las exportaciones -que cayeron 10% respecto del año anterior-, con lo cual se agrava el problema de la oferta de divisas, pues la escases de divisas va a ser aún mayor. El problema central que hoy tiene la economía es la escases de divisas, por esto aparece como un elemento para aumentar la oferta de divisas; probablemente porque se está confiando en este swap que se hizo con China, de disponer de u$ 11.000 millones que soportaría caída en las reservas que se espera el año que viene porque hay que pagar u$ 12.500 millones de deuda pública nacional, y unos u$ 2.500 millones de deuda pública provincial. Esto representa más de la mitad de las reservas que hoy hay, y mucho más que las reservas de libre disponibilidad, con lo cual este swap serviría para fortalecer esto y entonces el superávit comercial se va a ir achicando, reconstituiría un poco las reservas, pero ¿a riesgo de qué?
Ese superávit fiscal de 9700 millones de pesos para el 2015 crecería con respecto del de este año, que va a ser de menos de 8.000 millones de pesos. Si se prevé que las exportaciones van a caer, quiere decir que las importaciones van a caer mucho más. Esto significa, en general, dificultades para el abastecimiento de insumos para la producción, industrias, agro, etc. Este año hemos tenido esta dificultad, y es uno de los problemas que afecta a la industria automotriz -a la que le van a autorizar u$ 100 millones mensuales a cada terminal justamente para no parar el proceso de fabricación porque justamente hay un 40% del costo de cada auto final que es importado-.
Yo creo que va a ser un año complicado, y se camina por un borde bastante difícil. Hay que ver si la inflación sigue en los niveles actuales, que son los esperados como mínimo para el año que viene, y si los gastos sociales van a tener un ajuste importante en términos reales es de esperar una mayor conflictividad social, lamentablemente. Porque los salarios, por ejemplo del Estado, está previsto que aumenten un 18,9%, es decir la mitad de la inflación real. Esto augura entonces una conflictividad creciente, además de la que ya hay.
Respecto de las provincias, el presupuesto prevé un crecimiento no solo por vía de coparticipación, sino por mecanismos no automáticos, discrecionales, de un 37,7% de los recursos, lo cual está más o menos alineado con la inflación real. Si la inflación se mantiene en esos guarismos podríamos decir que las provincias no perderían, en términos generales. Sin embargo, el problema es que parte de esos recursos son automáticos, como la coparticipación, y la otra parte son discrecionales; esto quiere decir que va a depender del alineamiento político de cada provincia para que algunas probablemente reciban más que eso, y otras menos. Las primeras estarían en una situación razonable para sobrellevar el año, y las segundas estarían más complicadas. Lamentablemente este es una práctica habitual en el país -no es de hoy- usar esos mecanismos que debieran no estar sujetos a la política electoral, sino ser respetuosos de las autonomías provinciales.
Ahora bien, ¿por qué se confecciona un presupuesto con una estimación de la inflación que está por debajo de la estimación real? Es una práctica que no es nueva, viene de varios años atrás. El actual gobierno lo ha hecho ostensible y sistemáticamente. Esto ha llevado siempre a una subestimación de los ingresos -la realidad es que los ingresos están ligados a los precios de la economía sobre los cuales repercute en mucho más- y se hace que la recaudación crezca por encima de lo esperado o presupuestado. Esto tiene dos efectos "positivos". El primero es mostrar un gran éxito en la recaudación. Por ejemplo, si yo pensaba recaudar 10 y se recaudó 12, soy muy bueno recaudando; nominalmente muestro una eficiencia recaudatoria. Por otra parte, a esa recaudación que sobrepasa lo presupuestado no hay que pasarla por el Congreso ni decir en qué se va a gastar, sino que el Ejecutivo está facultado, desde la jefatura de Gabinete por la propia ley de Presupuesto, a que los excedentes de recaudación sobre lo presupuestado se asignen discrecionalmente a las partidas que se consideren convenientes; se evita la discusión parlamentaria sobre el destino de la mayor recaudación. Esto es una técnica presupuestaria, no es nueva. Sin embargo nunca se ha dado el caso de que esos excedentes de recaudación fuesen tan enormes. Como el presupuesto es una estimación, puede haber excedentes; si yo tengo previsto recaudar 10 y recaudo 10,1, ese excedente puede ser reasignado por el Ejecutivo, pero cuando yo preveo recaudar 10 y recaudo 15, estamos hablando de un 50% de excedente, y en el presupuesto nacional hablamos de centenares de miles de millones de pesos. Es un instrumento muy poderoso para el gobierno de turno para manejar esto sin dar cuenta al Congreso y sin someterlo a la discusión parlamentaria. Esta es la razón del por qué se "dibuja" el presupuesto, como dicen, pues mucho de lo que hay en él no se ajusta a la realidad. Todo presupuesto es una estimación, y se debería tratar de errarle lo menos posible. Cuando se cometen estos errores tan groseros, evidentemente no estamos ante simples errores de cálculo, sino frente a decisiones tomadas a propósito, deliberadamente, con estos fines.















