Tras casi un año de vacunación contra el coronavirus, el país mantiene una brecha del 15% entre las personas que tienen una y dos dosis.

A casi un año de vacunación contra el coronavirus, la reciente aparición de la variante Ómicron y el aumento de casos de las últimas semanas, la Argentina continúa sin disminuir la brecha entre vacunados con una y dos dosis.
En agosto de este año el Gobierno decidió darle impulso a las segundas dosis contra el COVID-19, fundamentales para enfrentar lo que se venía: la amenaza de la variante Delta. Sin embargo, a 100 días de fijado el objetivo y ya con Ómicron fronteras adentro, el país aún tiene una de las brechas más grandes del mundo entre las personas que se colocaron una dosis y quienes completaron el esquema.
Esta diferencia comenzó a forjarse en marzo, cuando ante la escasez de vacunas el Consejo Federal de Salud decidió garantizar la aplicación de al menos una dosis a una mayor cantidad de población. La campaña de vacunación está por cumplir un año. La primera dosis se aplicó el 29 de diciembre en el Hospital Posadas.
Esa decisión, necesaria en aquel contexto de carencia, tuvo su costo, tanto desde lo material, con la gran cantidad de muertes que dejó la segunda ola de coronavirus, como desde lo simbólico: la potencial subestimación del posible impacto social que podía significar el mensaje de dilatar las segundas dosis.
En los últimos tres meses, esa brecha, en gran medida, logró cerrarse. El 25 de julio sólo el 23% los vacunados tenía dos dosis: 6 millones de los 23,8 millones vacunados.
Ahora es el 81%: 37 millones de personas iniciaron su esquema pero lo completaron 30 millones.
Según el sitio Our World in Data, la diferencia entre el porcentaje de población vacunada con una dosis y con dos se aproxima al 15% en Argentina.
Quebrar esa brecha final ya no radica en la disponibilidad de vacunas. Casi 88 millones ya fueron distribuidas a las provincias (suficientes para vacunar con esquemas completos a toda la población mayor de tres años del país), pero sólo aplicaron 70 millones. Una diferencia de 18 millones. El saldo en realidad asciende a 24 millones de vacunas, porque hay otros seis millones que arribaron al país y aún no fueron distribuidos.
Si bien en Argentina no pesa la militancia antivacunas como en algunos países de Europa y en Estados Unidos, los problemas de acceso, algo de desidia y falta de información de parte de la población conforman un conglomerado “antivacunas” ya no ideológico, sino de hecho. A los fines inmunológicos no importa tanto lo que la gente crea o piense, sino lo que haga.
A esta altura, hay pocos países con más esquemas incompletos que Argentina, que ocupa el puesto 19 del mundo. En la región, sólo es superada por Colombia (26%) y Venezuela (23%). En Europa, los esquemas incompletos representan el 4,47%. En Estados Unidos, el 11,3%. Con una dosis en el país está el 67%.















