Es realmente tristísimo llegar a la conclusión de que la causa eficiente de todos los males que sufre nuestro bendito y sufrido país se encuentra en la decadencia de las primeras líneas dirigenciales.

A menos de seis meses de las pasadas elecciones legislativas, la dirigencia política parece más preocupada por las próximas presidenciales del año que viene y por intereses particulares y sectarios, que por sacar a la Argentina de la catástrofe en la que se encuentra inmersa.
Extemporáneos lanzamientos de candidaturas con las consecuentes internas innecesarias -que generan pujas de poder dentro de los principales frentes, empecinamientos ideológicos y maniobras arteras para apropiarse ilegítimamente de una banca en un cuerpo colegiado judicial- marcan el ritmo de una realidad que duele. Ninguno de los dos lados de la grieta parece haber entendido el mensaje de las urnas.
La siniestra artimaña perpetrada por el Frente de Todos en la Cámara de Senadores de la Nación para quedarse con la banca que le correspondía a la segunda minoría en el Consejo de la Magistratura es un síntoma de esa decadencia. Que haya quienes festejen la "estrategia" como una "jugada magistral" es un claro indicador de que la enfermedad ya hizo metástasis.
Cuánta distancia con los gestos, valores y grandeza de los estadistas. Entre los primeros gestos que tuvo Raúl Alfonsín cuando ganó la presidencia en 1983 fue ofrecer la presidencia de la Corte Suprema a su adversario político y cabeza del Partido Justicialista, Ítalo Argentino Lúder.
Más allá de visiones políticas enfrentadas y de que Luder y el peronismo estaban a favor de convalidar la Ley de Auto-amnistía, por la que la Junta Militar se exoneraba o absolvía de las responsabilidades de sus crímenes, Alfonsín le ofreció nada menos que la presidencia del máximo tribunal a su principal contrincante… porque es lo que correspondía en una República donde debe haber pesos y contrapesos en la distribución del poder.
A nadie escapa que el enfrentamiento del cristinismo con la Justicia no obedece a otra motivación que la desesperación por lograr la impunidad. El planteo de "democratizar la Justicia" no es otra cosa que una declamación para la tribuna. De otro modo, ¿cómo se podría justificar que el control del Consejo de la Magistratura sirva para sostener a jueces como el juez federal de Mendoza, Walter Bento, procesado por enriquecimiento ilícito, recibir coimas -acreditadas judicialmente- en 10 ocasiones, asociación ilícita y lavado de dinero, y con pedido de prisión preventiva -que no se cumple porque tiene fueros-?
No solo sigue siendo juez federal electoral y firmando sentencias, sino que ahora quiere rendir examen para ascender a la Cámara Federal de Casación Penal, el máximo tribunal penal del país por debajo de la Corte.
Estos son los jueces que terminan sobreseyendo sin juicio, como hicieron recientemente Daniel Obligado y Adrián Grünberg, miembros de Justicia Legítima, con la Causa Hotesur.
Redoblando los embates "contra la familia judicial" por el fallo supremo que puso en jaque el control que tenía el kirchnerismo sobre el Consejo de la Magistratura, ahora Cristina Kirchner desempolvó proyectos de ampliación del máximo tribunal, borrando con el codo lo que alguna vez había escrito allá por el 2006.
Cabe recordar que, durante el gobierno de Carlos Menem, se había ampliado a 9 el número de miembros de la Corte para la famosa "mayoría automática". Años más tarde, la entonces senadora y primera dama lograba la aprobación de la reducción de 9 a 5 miembros.
Ahora -quizás por despecho o maldad-, vuelve contra sus pasos y quiere reducir a 5 el número del máximo tribunal que hoy funciona con 4 miembros debido a que no hay acuerdo sobre quién reemplazará a la retirada Elena Highton de Nolasco. De manera que pronto comenzará el debate en la Comisión de Asuntos Constitucionales, donde el oficialismo no solo cuenta con mayoría, sino ahora con dos minorías.
Como era de esperarse, este nuevo capítulo de la viveza criolla dio lugar a los acostumbrados sainetes y contrapuntos que sirven más para para el rating de los programas de actualidad política y titulares de cargadas tintas en los medios.
Mientras tanto, siguen las internas tanto en el oficialismo como en la oposición, a veces por cuestiones que parecen gallináceas en un escenario en el que el Instituto de Estadística y Censos (INDEC) difundió el índice de inflación de marzo, que llegó a 6,7%, y estamos temerosos y expectantes por los números de abril, que marcarán una nueva suba en la canasta básica-inalcanzable para muchos argentinos-, con nuevos pobres e indigentes.
Existe una oposición tan distraída por las eventuales candidaturas presidenciales que no pudo, no supo o no quiso, prever la astuta jugada con la que el kirchnerismo los volvió a dormir, arrebatándoles un lugar en el Consejo de la Magistratura. El oficialismo sigue inmerso en su propia grieta, en una insólita pugna palaciega en la que el propio partido le hace oposición y le pone palos en la rueda -y todo parece indicar que no van a parar hasta poner la cabeza del ministro de economía, Martín Guzmán, sobre una pica, cortándole otra pierna a su propio presidente, Alberto Fernández-.
Y por si fuera poco, se continúan aplicando las mismas recetas fracasadas, como si se pretendiera apagar el fuego echándole nafta, para llenar las arcas. Se insiste en los controles de precios con militantes supervisando góndolas como principal remedio anti-inflacionario -lo que denota que en realidad la intención no es frenarla ni morigerarla, porque les es funcional-, se pretende implementar el inaudito "impuesto a la ganancia inesperada", y se vuelve otorgar un nuevo Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) de 18.000 pesos para 13 millones de beneficiarios sociales, que suponen otros 200.000 millones de pesos puestos en la calle que, inexorablemente, tendrán su efecto, quizás más temprano que tarde, sobre la inflación que sigue escalando de manera exponencial.
El año pasado, en plena bacanal de gasto y emisión con motivo de la campaña electoral, el índice inflacionario promedio fue del 3,5%… hoy estamos comenzando a pagar las pesadas cuotas del "Plan Platita".
Hay mucho hartazgo y fastidio con toda esta decadencia, que ayudan, de sobremanera, al ascenso en el firmamento político de figuras mesiánicas que vienen con propuestas incendiarias que alarmantemente parecen seducir a multitudes. Propuestas que podrían significar dar por el piso con la construcción de un Estado de Bienestar que, con aciertos y errores, tanto ha costado construir.















