Una vez más llegamos a este egregio día del mes en que los argentinos comemos ñoqui... bueno, los que pueden y los que llegan.
No trataremos en éste comentario ni la historia, ni recomendaciones para la preparación de este plato tan caro a la tradición culinaria argentina.
Nos referiremos a la pesada mochila de empleados que no trabajan con la que debemos cargar los contribuyentes.
Mientras que algunos sugieren que los "ñoquis" representan solo una minoría de los empleados públicos, hay otros que aseguran que son los más. Lo grave es que nadie lo niega.
Por nuestra parte descubrimos, en una investigación realizada el año pasado, que solo en el Consejo Deliberante "trabajan" nada menos que 1000 beneficiarios del sistema prebendario político, mientras que solo unos 100 empleados, o 200 en el mejor de los casos, realmente cumplen funciones.
Si en un reducido espacio como es el Consejo Deliberante se pueden acomodar a 1000 empleados que no trabajan en la nómina y a nadie le despierta ni siquiera curiosidad, ¿cuántos más se podrán acomodar en la enorme lista de empleados que tiene la Administración Pública teniendo en cuenta que ya llegamos a casi unos 70.000 empleados, haciendo el Estado el mayor empleador de la provincia.
Si lo analizamos proporcionalmente aplicando la lógica matemática solo un 20% de los empleados que dice tener el consejo Deliberante trabajan, el resto hace la plancha en la casa o tiene otros empleos. Si esto lo trasladamos a la administración general, tendríamos que de los 70.000 empleados que que debemos sostener con nuestros impuestos, solo 14.000 serían los que realmente trabajan.
Gracias a la falta de políticas encaminadas a generar un clima para la proliferación del empleo privado, la administración pública tanto provincial como municipal se ha convertido en el seguro de desempleo de los miles de ciudadanos que cada dos años atestan las sedes partidarias buscando favores y conchabos.
Cada vez que un legislador, provincial o municipal, asume su banca lleva consigo una reglamentaria cantidad de asesores y empleados de bloque que a su partida quedarán en la planta permanente de la administración. Ningo quiere emplear a los empleados ya existentes, que quedaron del anterior ocupante de la banca, y a estos los mandan a la casa para que no molesten.
Ni hablar del ejército de empleados que llevan los ejecutivos, pues con cada lugarteniente (funcionarios, directores, secretarios, coordinadores, y subdirectores, subsecretarios, subcoordinares, etc) también desembarca en el despacho con un séquito de "gente de confianza", entre los que muchas veces hay caras visibles, permaneciendo en el anonimato una gran cantidad de familiares y amigos.
Este círculo vicioso debe terminar de una vez si no queremos vivir en el eterno dilema de estar pidiendo préstamos para pagar sueldos.
Una gran cantidad de esos empleados públicos debe pasar indefectiblemente al sector privado para alivianar la carga del Estado y para que la administración pública sea eficiente y la carrera administrativa se revalorice.
El 2015 será la oportunidad, no de echar a todos los inservibles el primer día, sino de ir adecuando las cosas paulatinamente para que las administraciones futuras puedan prestar los servicios básicos del Estado: Salud, Seguridad y Educación, pagando sueldos dignos a los empleados.















