La fundaron tres inmigrantes italianos en 1958 y producen 288 pistolas por día en su fábrica en Ramos Mejía. Los Estados Unidos es el principal cliente.

BERSA es la única fábrica de armas del país, que produce unas 90 mil pistolas que son exportadas a 36 países, entre ellos, Estados Unidos, el mayor comprador. Emplazada en Ramos Mejía, la firma espera la mayor facturación de los últimos diez años.
“Son un mal necesario”. Benso Bonamidami, uno de los tres socios fundadores de BERSA, que explica con su visión particular la cuestión moral que subyace en torno a su negocio: las armas de fuego. “Si alguien toma un auto y provoca un accidente, las marcas no pueden hacerse responsables”, compara y prefiere destacar las características positivas de la única fábrica argentina de armas portátiles en el país que, este año, cumplió 60 años de producción nacional ininterrumpida, motivo de orgullo para la firma y razón por la que abrió sus puertas a la prensa, por primera vez en su historia.
Ubicada en Ramos Mejía, en el oeste del Conurbano bonaerense, la empresa cuenta con las máximas medidas de seguridad y un mandamiento inobjetable entre sus trabajadores: “Calidad significa hacer lo correcto cuando nadie está mirando”. La frase de Henry Ford, el padre de las cadenas de producción, aparece pegado en uno de los vidrios blindados de la fábrica y ya es tan cotidiano para todos los operarios como lo son las visitas de “La Chechu”, una gata que pasea, hace más de una década, entre las correderas, cañones y empuñaduras que produce la fábrica, ajena a los números que enorgullecen a sus responsables: Cada cinco minutos, los 365, días del año, en algún lugar del mundo, se vende una pistola BERSA.

Ercole Montini llegó al país en 1948 con 30 años. En su Italia natal había trabajado como operador metalúrgico en la fábrica de armas Beretta y en Argentina consiguió un puesto en la compañía de máquinas de escribir Olivetti. Al mismo tiempo había armado un pequeño taller en un galpón alquilado donde elaboraba resortes, tornillos y todo tipo de piezas que le encargaban los talleres de barrio.
Poco después, su jefe, Savino Caselli, le propuso acompañarlo en su emprendimiento porque su sueño era ser inventor. Luego se sumó un joven Benso Bonadimani, de 19 años, que había pisado suelo argentino en 1955. Tres años más tarde fundaron Tecnofres que seguía funcionando como taller hasta que un cliente llegó con un pedido muy específico. "A uno de mis socios le encargaron la fabricación de un repuesto para la Ballester Molina (desarrollada por la compañía Hispano-Argentina Fábrica de Automotores SA)", contó Bonadimani, en diálogo con El Cronista en 2018.
Tiempo después, recordó, viajaron a Italia y de ahí trajeron una pistola la cual copiaron para empezar a fabricar en serie. Bonadimani se subió a una moto y recorrió avenida Rivadavia en busca de una armería para venderle su nuevo producto. En 1962 rebautizaron al emprendimiento como Bersa, una unión de los nombres del trío fundador.

En la actualidad, exporta el 60 por ciento de su producción a 36 países. Su mayor mercado es Estados Unidos, donde se dirigen un aproximado de 70 mil armas desde la fábrica emplazada en Ramos Mejía; unas seis mil son adquiridas por usuarios civiles en Argentina y unas 24 mil son destinadas a las distintas fuerzas de seguridad del país. Además de la extrema calidad con la que son manufacturadas, la marca destaca la “garantía de por vida” que ofrece a sus usuarios y la búsqueda estética de sus líneas.
Las inversiones y ganancias millonarias -desde 2017, BERSA lleva invertidos más de 18 millones de pesos en maquinaria, tecnología y capacitación; y espera en 2018, una facturación de 345 millones de pesos, la mayor de la última década- superaron ampliamente la ambición de Bonamidami, Savino Caselli y Ercoli Montini, los jóvenes italianos que fundaron Tecnofres, en 1958, en un galpón alquilado que, por las noches, funcionaba como gallinero.















