La pieza histórica creada por dos compañías vinculadas al sector automotor, y que fue rescatada en los años 70, ahora será rematada por la empresa Bonhams.

La empresa alemana Dethleffs inventó en los treinta la caravana tal y como la conocemos hoy. Sin embargo, más de quince años antes, la unión de varias empresas hicieron posible que un Ford T, el automóvil furor en ese momento, se convirtiera en la primera casa rodante de la historia con su estilo.
En 1914, unos pocos meses después de que saliera al mercado el primer Ford T de producción industrial y a poco del estallido de la Primera Guerra Mundial, una empresa de almacenes inglesa, Bentall, creyó que sería muy útil hacer negocios en movimiento. Para eso encargó un vehículo único.

En consecuencia, inspiradas por Ford, la metalúrgica Baico y la empresa de carruajes Dunton of Reading construyeron en conjunto una pintoresca casa rodante de madera, la "1914 Ford Model T Motor Caravan". Baico alargó el chasis y Dunton la carrocería.

Más allá de los elementos básicos -ruedas con rayos de madera, paredes, ventanas, un ambiente único y espacioso y la cabina del conductor-, la casa rodante contaba con algunas particularidades. En su interior había, por ejemplo, un asiento único de Ford T que podía ser girado y convertido en un sofá, una estufa a leña con chimenea que hacía a su vez de cocina, una mesa rebatible, un gran armario, escaleras, iluminación con faroles a gas, dos camas marineras y un buzón.
Tras haber sido vendida en los veinte y luego abandonada, un hombre llamado Leo Smith y el ebanista Robin Tanner la hallaron en Shepperton, en los setenta, y con mucho esfuerzo la restauraron. Tardaron cuatro años en hacerlo. El próximo 10 de septiembre, Bonhams la rematará con la expectativa de que alguien desembolse entre 20 y 30 mil dólares por ella.
















