El chavismo ideó una farsa judicial para imponer un régimen recargado al que aún le esperan tiempos todavía más difíciles
Nicolás Maduro ideó un golpe a la democracia con la complicidad de sus jueces (AP)
Nicolás Maduro se convirtió hoy formalmente en un dictador más de la larga y nefasta historia de déspotas de América Latina. Antes, estos caciques reinaban con botas y uniforme militar en los lejanos siglos XIX y XX. Ahora, el heredero y mejor alumno de Hugo Chávez lo concretó en el moderno XXI. Lo hizo mediante una farsa institucional: utilizó a su Tribunal Supremo para decir con prosa leguleya lo que él y su círculo idearon.
Es la reacción lógica y esperada de un dictador desnudo. De un déspota que encontró de esta forma la única salida a su fracaso como administrador de una de las crisis más terminales y autogestionadas de la historia de Venezuela.
El petróleo a precios astronómicos durante años, una porción de ideología calcada de Cuba y una región que acompañaba cómplice una fiesta para pocos "enchufados" —locales y extranjeros— fueron suficientes para que Chávez, caudillo y caricatura de Simón Bolívar, promulgara el devenir milagroso del socialismo del siglo XXI, tal como lo bautizó.
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