Las pasadas PASO en la provincia de Salta no han hecho más que poner de manifiesto que ni con el voto electrónico se puede garantizar la transparencia de un proceso electoral. Por otro lado, los resultados representan un golpe de realidad para una oposición que debe dejar de ir dividida a enfrentar al kirchnerismo
Siempre he dicho que la mejor encuesta es la elección en si misma, porque es la que expresa, o debería expresar la voz de la voluntad popular. Sin embargo, de la misma manera que algunos dibujan encuestas para el autoengaño o la desinformación, la voluntad popular puede ser desvirtuada cuando se recurre al fraude, sea para generar una avalancha de votos útiles en las generales, o sea adulterar resultados para mantener cargos a como de lugar.
En Jujuy, no hemos sido ajenos a esa realidad, pues fueron varias las elecciones sospechadas de haber sido tocadas por la mano negra de la trampa electoral. Algunos recordarán la elección de 1999, elección que hasta el día de hoy Gerardo Morales insiste con haber ganado. De hecho las había ganado, se fue a dormir y se amaneció con un resultado cocinado entre gallos y media noche en el centro de cómputos y la Justicia Electoral. Otros recordarán la elección del 2007, la que José Luis Martiarena, hasta el día de hoy, también insiste con que "se la robaron".
Son cosas de la política y lo grave es que estas adulteraciones, a veces no solo trastocan un resultado sino que a veces también maquillan realidades para generar el desaliento en fuerzas que experimentan un incipiente crecimiento peligroso para el status quo con que los partidos mayoritarios se sienten más cómodos en la representación. Si bien, en el 2013, la Izquierda casi logra la representación en la Legislatura, no es menos cierto que hubieron otras fuerzas a quienes les quedó el sabor amargo de la duda y la incertidumbre sobre si no les habrán dibujado los números del resultado.
Lo cierto es que una vez hecha la trampa, ya está consumado el daño del que dificilmente se puede volver. El que grita fraude queda como el mal perdedor, aunque lleve razón en su reclamo, y las pocas ganas que ponen los sospechados ganadores en transparentar el proceso y someterse a recuentos de escrutinios no conducen más que a generar mayor incertidumbre y pérdida de fe en lo que deberíamos confiar ciegamente. A tal punto llega la incertidumbre sobre la poca transparencia que existe en los centros de cómputos que hoy nos preguntamos qué es lo que garantiza que los resultados emanados de ese engranaje de la maquinaria de ganar elecciones, y que llevan la firma de un juez federal, sean fidedignas expresiones de la voluntad popular.
Durante mucho tiempo se ha pregonado desde varios partidos y asociaciones y organizaciones que debemos avanzar hacia la implementación de la tecnología en los procesos electorales, abandonando el sistema de la boleta sábana, e implementar el voto electrónico. Sin embargo las pasadas PASO en la provincia de Salta no han hecho más que poner de manifiesto que ni con el voto electrónico se puede garantizar la transparencia de un proceso electoral.
Fueron muchas las irregularidades denunciadas en las PASO salteñas. Desde máquinas que solo emitían votos con el voto oficialista, la detección de cientos DNI gemelos, máquinas tildadas que demoraron los sufragios en varias escuelas -y que eran atendidas por empleados de la empresa sin la supervisión de la Justicia Electoral-, y un montón de otras tropelías que nos vuelven a confirmar que, no importan los recaudos ni el uso de la tecnología para transparentar una elección, hecha la ley hecha la trampa.
A todo esto esto hay sumarle las dificultades propias de varias generaciones que no son nativas de la teconología digital ni de internet. Muchos de los electores señalaron no haber comprendido acabadamente el funcionamiento de la urna electrónica.
Los sondeos de opionión realizados en las ciudades salteñas no reflajaron ni de lejos el resultado de las mismas, al menos en la categoría de gobernador. El silencio del oficialismo en los meses y semanas previas al comicio son otro indicio que lleva a la suspicacia, pues sabido es que, el aparato con el que cuentan todos los gobiernos, les permiten realizar mediciones constantes... aun en el día previo a la elección. La lógica indica que si se sabe que al contrincante se le sacará más de 5 puntos de ventaja, lo más probable es que el aparato de propaganda oficial exagere esa brecha para instalar la derrota anticipada del oponente. Sin embargo nada de esto ocurrió en Salta. El clima electoral era el de un empate técnico entre el actual gobernador Juan Manuel Urtubey y el ex gobernador Juan Carlos Romero. En otras palabras, creo que los resultados sorprendieron hasta al propio oficialismo ¿o tal vez no, quién sabe?
Muchas lecturas pueden hacerse de los resultados. La gente no quiso darle un cuarto mandato a Romero. La gente cree que Urtubey merece un tercer mandato. Sea como sea, Urtubey se lleva el mérito de haber logrado semejante triunfo a pesar de no haber logrado revertir en ocho años la pobreza de la provincia de Salta, que tiene uno de los índices más altos de pobreza.
No es la primera vez que se pone en duda los resultados del voto electrónico. En EEUU, dicen que sirvió para que George Bush le gane a Al Gore, con unas cuantas mesas de Florida. En América Latina, al programador parece gustarle el número 54, pues es un número que se ha repetido en varias contiendas electorales del continente.
Sea como sea, y aun si se demostrara el fraude electrónico denunciado por Romero, lo cierto es que el daño ya está hecho, y las PASO no sirven para otra cosa que para generar el voto util que termina consolidando al ganador, y esquilmando a los que vienen detrás. Los ejempolos sobran y hasta ahora no se ha encontrado un antecedente de reversión del resultado de las PASO.
Para la oposición que sueña con un cambio de rumbo en el país, lo sucedido el domingo debería ser un golpe de realidad. Seguir separados en contra del kirchnerismo es funcional al juego que quiere jugar el kirchnerismo. Las plataformas de la oposición no son tan diferentes ni antagónicas, pues en general todas quieren un cambio de rumbo en lo económico, en la política internacional, y ninguna habla de dar marcha atrás con las políticas sociales de inclusión que han caracterizado a este gobierno. Entonces si hay coincidencias en cuanto los puntos más sensibles ¿qué es lo que impide la fusión de voluntades para derrotar de una buena vez a una forma de hacer política que a pesar del desgaste parece alimentada por la mezquindad de los principales líderes opositores?
En Jujuy la proyección es la misma pero a escala provincial.
El oficialismo ha dado muestras de que tienen vocación de seguir gobernando, a pesar del desgaste, y se han sentado a negociar entre ellos para no perder el mango de la sartén. Y por ello es que, si bien mantendrán sus diferencias, decidieron dejarlas de lado, y ponerse a remar todos para el mismo lado. Han aceptado sentarse con gente con la que nunca se hubieran sentado, y hasta han aceptado darles lugar a los que se habían ido pegando un portazo. Prueba de ello fue el apoyo que le dio el FUyO al gobernador en su discurso de apertura de sesiones y, en caso de que ello no fuera suficiente, el asado que compartieron en Perico el pasado fin de semana a la espera de los resultados de Salta para ir a colgarse del saco de Urtubey. ¿Habrá venido la orden de arriba, y por ello se los ve a Milagro Sala y Germán Noro tan felíces compartiendo un champagne con Alfredo Gerry y Beto Tell? Puede ser, pero lo importante es que están ahí, unidos ¿se habrán acordado el "todos unidos triunfaremos"?





















