Martín Guzmán se reunió con Alberto Fernández en Olivos; el Gobierno flexibilizó su postura y ahora busca negociar con los acreedores.

Una postura fallida pero la voluntad de acercar posiciones para lograr un acuerdo. Con su decisión de extender, inicialmente, hasta el lunes, el plazo para dialogar con los acreedores y mantener su oferta, el Gobierno suma tiempo y, según los analistas consultados, explicita su voluntad de negociar. Sin embargo, el bajo porcentaje de adhesión inicial erosiona su posición inicial y lo forzará a ceder en alguna de sus posturas para brindar incentivos a que los bonistas acepten su propuesta.
"La estrategia ahora se parece a lo que fue la negociación fallida de Axel Kicillof por el bono BP21", dice Matías Rajnerman, economista jefe de la consultora Ecolatina, en referencia a la gestión de la provincia de Buenos Aires, que inicialmente planteó una postura agresiva para postergar el pago, luego extendió los plazos de su oferta y finalmente capituló y pagó el vencimiento para evitar el default. "Acá la posibilidad de pagar el vencimiento de US$503 millones de los bonos globales antes del 22 de mayo y seguir negociando es más lejana", agrega el analista.
Por su parte, Federico Furiase, director ejecutivo del estudio EcoGo, dice que concretar el pago, con la propuesta de canje en curso, representaría "una pérdida de credibilidad", luego de que el planteo inicial de Guzmán ratificaba que la oferta presentada sería la única. "Los tiempos están muy justos hasta el 22 de mayo, donde vence el período de gracia de los globales, porque una nueva oferta tiene que estar 10 días corriendo. El Gobierno podría pagar los US$503 millones y extender los tiempos a julio, pero eso implicaría una pérdida de credibilidad en el marco de la negociación", dijo el economista. "Además, implicaría mayor pérdida de reservas en un contexto de fuerte emisión monetaria y reservas netas escasas", agregó.
De todas maneras, los analistas coinciden en que el cambio de postura del Gobierno, que incluso reconoció esperar contraofertas por parte de los acreedores, muestra una mayor voluntad de negociar con los acreedores. Según Furiase, eso está motivado por "el bajo nivel de aceptación de la propuesta original".
Según Rajnerman, existen incentivos a ambos lados de la negociación para llegar a un acuerdo, y eso se refleja en la dinámica de los mercados, con suba en la cotización de los bonos hasta el viernes. "Obviamente con esta propuesta no se puede acordar. El Gobierno va a tener que ceder y flexibilizar su posición, y también los acreedores deberán atenuar las pretensiones. Pero un 20% de adhesión, según los trascendidos, es un mal número y marca que el Gobierno va a tener que mejorar su posición. No es garantía de nada pero es el puntapié inicial", dice Rajnerman.
"Por otra parte, creo que el Gobierno es consciente de que para firmar un acuerdo muy desfavorable se puede hacer rápido. Concretar un acuerdo que no favorezca al país o que en algún punto va a tener que volver a reestructurarse en el mediano plazo porque es muy exigente para la Argentina se hace rápido. En ese sentido, se está jugando con el margen que todavía queda para intentar algo más cercano a esta propuesta. También es bastante claro que los acreedores no van a ceder tanto y que con la propuesta actual prefieren ir a juicio, pero se puede lograr un punto intermedio", concluyó.















