En una reñida convención, la dirigencia del radicalismo resolvió secundar la candidatura presidencial de Ernesto Sanz, referente que apoya el acuerdo con Mauricio Macri y Elisa Carrió, terminando de romper con la fragilidad del espacio UNEN.
No solo quedó UNEN prácticamente desclasificado de las presidenciales, sino que la decisión adoptada por la Convención Nacional, después de horas de intensos debates y una reñida votación, aleja al radicalismo de las tradicionales banderas populares que supieron levantar Alem, Yrigoyen y Alfonsín cuando el movimiento nacional se identificó con la centenaria Unión Cívica Radical.
Sanz se lleva una victoria que podría resultar pírrica pues son millones los militantes radicales que quedaron con un sabor amargo por esta convalidación de la alineación de un radicalismo que supo llevar el estandarte de la justicia social y de la inclusión, con la derecha neoliberal que representan el PRO y su exponente máximo Mauricio Macri.
Y aquí surge el interrogante: ¿qué harán todos los genuinos militantes radicales que llevan los ideales en el corazón?; ¿Se van a poner la camiseta amarilla o votarán con la sensatez que intentó transmitir Gerardo Morales en la convención?
De lo que no quedan dudas es que la victoria de Ernesto Sanz es una victoria de Mauricio Macri, pero, en realidad, remotamente es una victoria de Cristina Kirchner para quien no hay candidato más funcional que el líder del PRO para mantener con vida el sueño K más allá de diciembre del 2015.
Con este acuerdo de "entrega", según lo calificaron varios referentes radicales entre ellos el propio Gerardo Morales en un mensaje de Twitter, se confirma la estrategia de tierra arrasada que viene pergeñando el Frente para la Victoria de cara a las elecciones primarias y generales que están cada vez más cerca, operando detrás de las bambalinas para que no exista una oposición unificada, sino todo lo contrario, una oposición que concurra a las PASO fragmentada.
Con este escenario, el kirchnerismo se aseguraría ser la primera minoría opositora después de las generales, y Cristina Kirchner ganaría un nuevo protagonismo como nueva dueña de la oposición.
Las palabras de Gerardo Morales durante la convención fueron más que elocuentes para ilustrar la necesidad de una mayor amplitud que no entendieron los convencionales que adhirieron al egoísmo y mezquindad de un Macri que parece estar jugando para la desaparición de la UCR y el salvataje del FPV, y al conformismo de un Sanz que cambió la primogenitura por un plato de lentejas al vender a la centenaria UCR por un par de ministerios, direcciones y secretarías.
“En Jujuy necesitamos un acuerdo amplio. Quien no vive en nuestra provincia no puede entender lo que significan las agresiones constantes a nuestro Comité, a nuestros militantes y a nuestros dirigentes. Y todo con la impunidad del pacto Fellner-Sala. En Jujuy le estamos dando una batalla a las mafias. Voy a ser gobernador y la UCR va a gobernar la provincia. Un acuerdo restrictivo solo con el PRO y la Coalición Cívica nos va a perjudicar a quienes tenemos proyectos en las provincias, y estamos dejando de lado fuerzas políticas con las que compartimos ideología. El PRO cabalga sobre nuestro electorado porque no tenemos aún un candidato. No hagamos un acuerdo cerrado. Somos un partido que podemos resolver orgánicamente diferencias y dar debate. No estoy de acuerdo a aceptar las estrategias de Durán Barba. Tenemos que tener un plan y dignidad, y para mí es indigno no plantear un acuerdo amplio con toda la oposición porque Macri no quiera. Tengan cuidado con los acuerdos restrictivos. En este debate vengo a plantear un acuerdo amplio con todas las fuerzas políticas de la oposición que quieran garantizar la gobernabilidad. No entreguemos la soberanía política”.
De esta manera, el acuerdo Macri-Sanz-Carrió jugó de manera funcional a un Frente para la Victoria que también presenta síntomas de una eventual ruptura, y por lo tanto las principales figuras, sabedoras del inminente naufragio, buscan desesperadamente un madero al que aferrarse para sobrevivir a la tormenta que se avecina en las elecciones.
Los chisporroteos entre La Cámpora y los resabios del PJ tradicional que no abandonaron la nave se producen con mayor frecuencia e intensidad. La propia presidente cascotea cada vez que tiene la oportunidad al precandidato mejor posicionado que tiene, Daniel Scioli, para deleite de la muchachada camporista que no ve con buenos ojos al gobernador de Buenos Aires y que aspira a que el candidato del FPV sea un genuino representante del modelo que se juega la continuidad o el paso a la historia con más penas que glorias.
Decíamos la semana pasada que la abrupta y sorpresiva salida del "Chueco" Mazzon provocó estupor en la vieja guardia, esa hermandad de gobernadores, intendentes y caciquees territoriales peronistas de paladar negro que hasta ahora siguen tiñendo al Frente para la Victoria con una pátina de peronismo.
Con este escenario difuso, el peronismo tradicional se debate ahora si aceptará las imposiciones que se están tejiendo en Olivos o si se rebelarán ante lo que consideran un avance inaceptable de "los imbrerbes".
Cristina, Zannini y Máximo trabajan a contrareloj y con aceite en mano para lubricar cualquier engranaje oxidado, para doblegar la resistencia de la vieja guardia; y utilizarán todo el poder a su alcance para imponer una lista única de incondicionales K que deberán llevar todos como candidatos a ocupar los cargos legislativos.
Lógicamente, cada gobernador, cada intendente, y cada cacique territorial tiene en mente otra cosa y al parecer se está tejiendo una sublevación que podría estallar el 20 de junio, en el cierre de listas. Es que temen sacar tempranamente los pies del plato pues Cristina Kirchner aun tiene las llaves maestras que pueden abrir o cerrar los grifos. Lo sucedido en Mendoza, que resultó en el desplazamiento del "Chueco" Mazzon, encendió las luces de alarma en Olivos.
La vieja guardia no está dispuesta a aceptar imposiciones y desafía a La Cámpora a participar de las PASO, pero se teme que Cristina Kirchner decida participar de las elecciones encabezando una lista que la lleve a ella, y sus incondicionales a la cabeza.
El mapa político que hoy miran en Olivos es el que muestra las grietas que amenazan la continuidad del kirchnerismo.
Hay seis provincias (Santiago del Estero, Chaco, Corientes, Entre Rios, Neuquén y Tierra del fuego) claramente identificadas con el kirchnerismo, hay seis provincias gobernadas por la vieja guardia que ve en Scioli el nuevo liderazgo que requiere el justicialismo para no terminar mimetizándose definitivamente con el FPV, porque en el fondo aborrecen al kirchnerismo; dos provincias en las que el kirchnerismo es inexistente (San Luis y Córdoba), y en el resto de las provincias hay una puja entre gobernadores e intendentes del la vieja guardia, y jefes de organizaciones sociales alineados al kirchnerismo, tal como sucede en Jujuy.
El futuro preocupa mucho a Cristina Kirchner. Ella teme pasar el resto de sus desfilando por los estrados judiciales, o pasar a la historia en un busto que ya le están preparando sus propios presidenciables.
Cristina Kirchner es la única garantía para kirchnerismo duro de sobrevivir más allá del 2015, pues saben bien que aunque el ganador de las elecciones generales resulte ser Scioli, o aun Randazzo o Urribarri, cualquiera sea el sucesor "del palo", éste le hará un mausoleo de oro -pero mausoleo al fin-, y tras ganar irán pasando a retiro no solo a los generales sino también a los coroneles, tenientes, y hasta a los sargentos del kirchnerismo, y los reemplazarán por tropa propia. Es una arraigada tradición peronista, y si no me creen pregúntenle a Duhalde cómo le fue después de que ganó Néstor Kirchner las elecciones del 2003 bajo su padrinazgo.
Claro que a Cristina Kirchner, lo que en realidad le preocupa es la invulnerabilidad ante la marea de investigaciones judiciales amenazante que se cierne sobre su cabeza y la de su familia en el caso más que probable que su sucesor en el sillón de Rivadavia sea Sergio Massa o Mauricio Macri. Y es por eso que busca blindarse con fueros, sean estos nacionales o internacionales. Con las recientes evoluciones en los casos de corrupción que investiga la Justicia, tanto argentina como norteamericana, ahora también le preocupa la invulnerabilidad de Máximo Kirchner.
Con este escenario queda confirmado, una vez más, que la única garantía de cambio real en el país es Sergio Massa, según el acuerdo que tenía el propio Gerardo Morales.
Mauricio Macri al frente del país significaría un retroceso al pasado neoliberal que desembocó en la crisis del 2001. La centro izquierda que se había aglutinado en UNEN perdió toda posibilidad de aspirar a competir por el ejecutivo con la ratificación del acuerdo Macri-Sanz-Carrió, y tendrán que conformarse con seguir siendo partidos de legisladores y preocuparse por no perder bancas hasta el día de su definitiva desaparición. El kirchnerismo seguirá siendo más de lo mismo, aun con Scioli encabezando, especialmente si Cristina Kirchner y sus alquimistas logran imponer sus listas.
Los millones de militantes del radicalismo que quedaron con el sabor amargo de la alineación de la UCR con la derecha, deberían escuchar la voz de sensatez que llevó Gerardo Morales a la convención para lograr un acuerdo opositor amplio para enfrentar al modelo kirchnerista en las elecciones que vienen.
Lo mismo va para todos aquellos que se quedarán una vez más sin tener un candidato que esté a la altura de pelear en las presidenciales gracias a la mezquindad y al egoísmo de quienes no quisieron ser amplios y se declararon más papistas que el papa. Esos puristas juegan por el bien personal, no por el bien común, y por ello se sientan en sus bancas legislativas, presumiendo pomposamente de un purismo que olvidan con cada sobre que llega a sus manos para levantar la mano, o no, o no bajar a dar quórum. Estos dinosaurios sobreviven porque su juego es siempre funcional, algo que los que ingenuamente los bendicen con el voto nunca perciben.
Sergio Massa concurrirá solo a las PASO para cumplir con la formalidad, pero aun queda la posibilidad de un acuerdo amplio que lo secunde para llegar a octubre como la única alternativa real del cambio que esperan los argentinos.















