Manuel Belgrano: Un granito de arena hacia la gestación de la nacionalidad
Por el Lic. Alejandro Domínguez Paredes || Hemos conmemorado un aniversario más del paso a la inmortalidad en el Oriente Eterno de Don Manuel Belgrano, quien fuera un abogado de formación, especializado en Economía, lo que le sirvió al regresar de España para comenzar su carrera profesional en el Virreinato del Río de la Plata, precisamente en la ciudad de Buenos Aires, en el Consulado de Comercio desde el año 1794, donde su incesante labor se caracterizó por una constante entrega a una causa revolucionaria.

Durante el ocaso de la dominación española en el territorio rioplatense, Belgrano impulsó medidas “revolucionarias” para la época. Para ello se sirvió de sus vastos conocimientos sobre la fisiocracia y de las ideas del siglo XVIII.
Esta impronta es evidente en la creación de la Escuela Náutica y la Academia de Geometría y Dibujo. Belgrano también abogó por la creación de la Escuela de Comercio y la de Arquitectura.
Con el establecimiento de aquellos institutos de formación, se lograba que la educación estuviera al alcance de todos, gestando así el legado belgraniano como bisagra fundamental hacia la construcción de la nacionalidad en nuestro territorio.
Cabe destacar, además, que la rama militar fue otra de las profesiones de Belgrano, particularmente desde el momento que recibió una capitanía para las milicias urbanas de la ciudad, en el año 1797, cuando comenzó a formarse en tácticas militares.
Este aspecto de la formación del futuro general se puso en práctica cuando Belgrano tuvo una activa participación durante la segunda invasión inglesa, en 1807. Luego, Belgrano abandonó los estudios militares para retomar su cargo en el Consulado de Buenos Aires. Posteriormente, encontraremos a Belgrano como uno de los principales protagonistas en la formación de una Junta de Gobierno, luego de destituir como virrey a Don Baltasar Hidalgo de Cisneros.
El futuro jefe del Ejército del Norte tuvo su primera expedición militar a las “provincias de arriba”, empezando por la gobernación de Paraguay (territorio que había formado parte del virreinato del Río de la Plata), con el motivo de lograr la obediencia de aquella jurisdicción al nuevo orden político instaurado en Buenos Aires desde mayo de 1810.
Durante esa tarea encomendada por la Primera Junta, Belgrano redactó el Reglamento para el Régimen Político y Administrativo y Reforma de los 30 Pueblos de las Misiones, fundamental para la restitución de libertad, propiedad y seguridad a los pueblos originarios de la región.
Con el mismo espíritu de legar Educación como factor fundamental de la nueva identidad que se estaba formando, durante su expedición a las “provincias altoperuanas”, a la par de haber logrado las primeras victorias militares frente al ejército realista peruano, Belgrano creó escuelas de primeras letras en Santiago del Estero, Tucumán, Jujuy y Tarija.
A Belgrano se deben todos estos avances en materia de Educación, Derechos Sociales y Políticos para todos aquellos habitantes que, durante largo tiempo de régimen virreinal, habían sido relegados en un segundo plano, porque la población del virreinato rioplatense era diversa, compleja y estratificada en diversos grupos sociales que surgían de un jerárquico Sistema de Castas, según el cual no todos esos sectores que lo conformaban estaban en igualdad con respecto a los grupos privilegiados, como los criollos (descendientes de españoles nacidos en América) y los españoles que se ubicaban en la cúspide.
Por lo tanto, los avances que impulsaba Belgrano, constituyen un granito de arena en la construcción de una nueva nacionalidad que nacía en el territorio, caracterizada por la integración de todos los habitantes, con los mismos derechos y libertades, con igual y total acceso a la educación, sin distinción de clases o sectores sociales propia del Sistema de Castas.
El prócer sabía que el paso hacia una sociedad igualitaria conduciría al siguiente escalón: el de gestar una nacionalidad para el joven territorio en proceso de emancipación, donde ninguna población estuviese excluida, en la que los avances de las nuevas ideas económicas, políticas y sociales estuviesen al alcance de todos.
Manuel Belgrano no solo fue consciente de dotar de un símbolo patrio -la bandera celeste y blanca- para el territorio pronto a independizarse, sino que profundizó la gestación de una nacionalidad en común para todos los habitantes del territorio, con los principios de Libertad, Igualdad y Fraternidad como pilares fundamentales al momento de la configuración de un nuevo orden social y político perdurable en el tiempo.
El autor es jujeño, Licenciado en Historia y Docente Titular de dicha cátedra en el Colegio Secundario N° 43















