Los datos se desprenden de un informe del Observatorio para la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA). Analiza las diferencias entre la Ciudad de Buenos Aires y el conurbano, además de causas y posibles soluciones a la pobreza por ingresos.

Junto al dato de la pobreza registrado en el segundo semestre del 2022, que según el Instituto de Estadística y Censos (INDEC) ascendió a 39,2% del total de la población, aparece una tendencia preocupante en la última década en varias dimensiones, según un informe del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA) que analiza la evolución de la pobreza por ingresos, multidimensional, las carencias no monetarias y la situación social en los distintos estratos socioeconómicos de la Argentina.
Mientras algunos aspectos vinculados al contexto ambiental mejoraron desde 2010, el estudio da cuenta de que en los últimos 13 años empeoraron el acceso a la alimentación, la salud, el empleo y la seguridad social, pese a las medidas asistenciales adoptadas por el Estado.
Un período de escaso crecimiento económico -en particular del Producto Bruto Interno (PBI) por habitante-, creación del empleo privado registrado e inversión privada, así como también de inestabilidad (vía dólar e inflación) explican estos desalentadores resultados. Aun con una baja en el desempleo total, la degradación no se detuvo y así lo reflejan los centros urbanos que exhiben alarmantes tasas de desocupación y altos índices de pobreza.
El estudio de la UCA refleja que el déficit de empleo y seguridad social no varió entre 2010 y 2022, al mantenerse en torno del 31% de la población. A su vez, demuestra que creció el porcentaje de déficit en alimentos y salud del 20% al 27% en este período y la inseguridad alimentaria severa pasó del 7% al 9%.
Además, mientras que mejoró el acceso a las redes de cloacas y agua corriente, no variaron las condiciones para acceder a una vivienda digna, tanto por tamaño apropiado para la cantidad de miembros del hogar, como de la calidad de los materiales.
Principales conclusiones del estudio
Los datos son contundentes. Tanto que casi no requieren un análisis, pero aun así, estas son las principales conclusiones a las que arribó el equipo que dirige Agustín Salvia:
- En un contexto de mejoras variables, pero tendencialmente regresivas en materia de bienestar para el período 2010-2021, las evidencias dan cuenta de un aumento de la desigualdad estructural en el interior del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) para una serie de dimensiones cruciales asociadas a las condiciones materiales de vida y de integración social.
- En la Ciudad de Buenos Aires, algunas de las privaciones no monetarias manifiestan un carácter marginal como el caso del acceso a servicios básicos o muy reducidos, como el acceso a una vivienda digna.
Las evidencias dan cuenta de un aumento de la desigualdad estructural en el AMBA.
- En los partidos del conurbano bonaerense, estos aspectos asumen una incidencia muy superior, aunque registran una mejora a lo largo del período observado. Sin embargo, dada la desigual composición socioeconómica de ambas jurisdicciones, aumentó la brecha de desigualdad socio-urbana.
- Tanto en relación al acceso a la vivienda, los servicios básicos y a un medioambiente saludable, se observan mejoras asociadas a la inversión pública en materia de saneamiento y mejora ambiental.
- En cambio, si se tienen en cuenta estos mismos años, otros aspectos registraron una evolución desfavorable como el acceso a la alimentación, la salud, el empleo y la seguridad social. Estos factores están asociados a la crisis, situación que se agravó aún más como consecuencia de la pandemia.
- El impacto sobre el mercado de trabajo y sobre los ingresos reales de los hogares implicó un incremento de los niveles de pobreza por ingresos y de carencias en estas dimensiones.
- Como consecuencia de este proceso, el análisis de la evolución de la pobreza multidimensional muestra un incremento de la brecha entre los niveles de desigualdades estructurales entre la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y los partidos del conurbano bonaerense, como expresión de la suerte corrida por diferentes segmentos sociales.
- Más en general, las áreas metropolitanas de América Latina y el Caribe son territorios fragmentados en términos no sólo político-jurisdiccionales, sino también socioeconómicos: esta segmentación social es un factor crucial que explica sus progresos, retrocesos, heterogeneidades y desigualdades, incluso, la (in)capacidad de poner en marcha políticas de desarrollo urbano sustentables.
- La reproducción de desigualdades no solo tiene lugar entre jurisdicciones, sino también en el interior de cada una y de los propios segmentos sociales, haciendo cada vez más difícil la tarea de aplicar políticas de gobernanza metropolitana y de desarrollo humano integral.
- En los extremos de esta dinámica florecen los barrios cerrados, al mismo tiempo que la toma de tierras marginales por sectores expulsados de espacios con nuevos desarrollos inmobiliarios.
- Un desarrollo económico socio-productivo con efectos redistributivos en ingresos, bienes y servicios públicos, capaz de permitir el progreso socioeconómico a los sectores más pobres y vulnerables, es condición necesaria para la modernización urbana y para programas de desarrollo urbano sustentables. De lo contrario, el resultado puede llegar a ser -tal como muestra el caso del AMBA- un desarrollo ampliado de la pobreza y la desigualdad urbana.















