Por Benjamín Urdemales -- La calma chicha y los vientos favorables en la atmósfera y aguas de la política por la que transitaba el rumbo del gobierno nacional, sobre todo luego del espaldarazo popular que significaron las elecciones de octubre, llegaron a un abrupto final con una tormenta de magnitudes que debió anticiparse debidamente.

Antes del jueves, todo indicaba que la tormenta se cernía sobre los ex funcionarios kirchneristas, especialmente tras las ordenes de detención que había librado la semana anterior el juez federal Claudio Bonadío en contra de emblemáticos K, incluyendo a la Señora -por supuesto- que acababa de juramentar en el Senado en medio de una serie de amenazas de pedidos de desafuero, justamente por la orden de detención con prisión preventiva librada en su contra.
El pronóstico del vendaval que caía sobre el kirchnerismo se tornó casi indiscutible en cuanto el gobierno iraní admitió que el Memorandum de Entendimiento fue firmado por ese gobierno con la condición sine qua non de que el gobierno de Cristina Kirchner retirase las alertas rojas que pesaban sobre los diplomáticos imputados en el atentado a la AMIA. Una confesión que sepultó cualquier atisbo de defensa en el sentido de poner en duda el pedido de retiro de las alertas rojas a Interpol.
La semana prometía ser otro trámite más para el Gobierno que volvía a lucirse, una vez más, en el ámbito político internacional con la cumbre de la OMC, por un lado, y con la reunión preliminar del G-20 en Bariloche, por el otro lado, tras lograr importantes acuerdos del bloque regional del MERCOSUR con la Unión Europea.
Los intentos de desestabilización que hubo en este contexto parecían controlados, y hasta un tiro que sale por la culata para quienes los organizaron.
Al gobierno solo le quedaba -y le queda aun- terminar con el triste episodio de la desaparición del submarino ARA San Juan, que era quizás el único escollo significativo que sortear en la recta final del año.
El acuerdo fiscal alcanzado con los gobiernos provinciales daba una muestra má de esa cintura política excepcional de un gobierno tan caracterizado por el diálogo y la diplomacia. El tan postergado ajuste para lograr el equilibrio fiscal parecía algo que todos entendían y por eso se contaba ya con los votos necesarios para dar la media sanción final a las partes más controvertidas y antipopulares del paquete de reformas que Presidencia de la Nación envió al Congreso.
El bochorno de la reunión de la Comisión de Finanzas donde el proyecto de Reforma Jubilatoria cumplía un trámite más este miércoles que pasó, con diputados kirchneristas comportándose como barrabravas, con Agustín Rossi subido arriba de una mesa vociferando a los gritos, debió ser un indicador para el Gobierno Nacional sobre lo innecesario e inoportuno que resultaría cualquier apresuraamiento en los tiempos.
Pero el apuro pudo más y, en vez de esperar apenas unos días para que el proyecto se tratase en el recinto, el Gobierno pisó el acelerador convocando a una sesión especial para dejar el tema zanjado la semana pasada, pues al parecer el quorum y los votos para la aprobación ya estaban asegurados, pero estos votos venían con alguna fecha de vencimiento... de ahí la prisa, seguramente.
Algo falló. Inteligencia debió advertir al gobierno sobre la maniobra desestabilizadora que se estaba gestando con una movilización masiva de militantes, para repetir una escena que parecía ser algo de un pasado olvidable. El Gobierno también debió anticipar que tanto el kirchnerismo como la izquierda iban a patear el tablero en la Cámara de Diputados pues no iban a masticar una nueva derrota. La marcha u movilización del miércoles, con motivo de la reunión de la Comisión de Finanzas, debió ser un claro indicador de que el Congreso volvería a ser sitiado, quizás con mayor contundencia como de hecho lo fue, al día siguiente.
Y asi fue que se vivió un jueves de furia que promete para hoy un lunes de rabia en lo que fue una jornada de paros y movilizaciones,en contra de la Reforma; con Gendarmería, Policía Federal, y Prefectura casi militarizando las calles, enfrentándose a los movilizados que fueron convocados por la oposición, por un lado. Y por el otro un lamentable espectáculo antidemocrático en el recinto luego de que los opositores hicieran fracasar la sesión con un escándalo muy ensayado.
La oposición recalcitrante salió airosa de esos bochornosos hechos que tuvieron lugar en el templo de la democracia. Para peor, la represión que ordenó el Gobierno para impedir que las columnas de militantes lleguen al Congreso, hasta les sirvió como para recordar y machacar en las redes sociales con escenas del 2001 y del estrepitoso final del gobierno de Fernando De La Rúa, quien ya había intentado corregir el déficit transitando por el mismo camino impopular de ajustar el gasto en jubilaciones.
Lo cierto es que, a pesar de las improlijidades y otras conductas y actitudes deleznables y reprochables, la oposición y sus “siniestros” aliados lograron meter un gol de media cancha cuando tenían el partido prácticamente perdido… y el gobierno se los permitió, al no hacer nada por evitarlo.
Corregir el déficit fiscal es una necesidad para lograr salir del círculo vicioso que se ha generado con los últimos años del kirchnerismo. Es la columna vertebral del plan de gobierno sustentable del macrismo, y es en definitiva lo que votó la gente, tanto en el 2015 como este año. Es otro el modelo de país. Es algo que todos, incluidos los peronistas, entienden. Todos parecen entenderlo menos el kirchnerismo y la izquierda que parecen estar forjando una alianza opositora. Cambiemos es coherente con su plan de Gobierno.
Sin embargo no se puede dejar de resaltar la incoherencia de quienes ayer agachaban la cabeza servilmente cuando Cristina Kirchner vetó el 82% móvil para los jubilados, esos que hasta justificaban la estrategia de dejar morir a los abuelos antes de que cobren las indemnizaciones ordenadas por la Justicia, esos mismos que hoy denuncian un saqueo a los jubilados... sobre todo luego de que los llamaron "buitres y caranchos" por intentar dirimir estas cuestiones en los tribunales.
Tampoco se puede dejar de mencionar que Elisa Carrió una vez más dio muestra de una bipolaridad que podría resultar peligrosísima para el Gobierno de Mauricio Macri ya que dio sobradas muestras, ese fatídico jueves al ser ella quien prácticamente le ordenó a Emilio Monzó levantar la sesión. Más tarde criticó via twitter a la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, por el operativo montado fuera del Congreso. Y finalmente lanzó una dura advertencia a su jefe político, Mauricio Macri, sobre poner en marcha un DNU para pasar la Reforma.
Esta semana comienza así, con una dura prueba para la democracia. ¿Podrá el gobierno avanzar con la aprobación de esta medida de ajuste tan impopular, pero tan necesaria, por las vías institucionales sin que la oposición vuelva a incurrir en conductas sediciosas y obstaculizadoras de las instituciones de la república? ¿Tendrá la oposición la madurez democrática de aceptar el voto de los legisladores que llegaron a un acuerdo político sin patear el tablero?
Todo se verá hoy. Seguramente a muchos le ha quedado claro que al Gobierno no le temblará el pulso si tiene que utilizar a la fuerza pública para garantizar el funcionamiento de las instituciones republicanas. Y seguramente será algo que volverá a ser utilizado en su contra en los próximos movimientos de este juego de ajedrez político, aunque del otro lado parecen no entender que a este gobierno no le entran las balas por este lado.
Quizás la única buena noticia de la semana, fue la prohibición que pronunció la Corte Suprema sobre la educación religiosa en las escuelas públicas de Salta. Una noticia digna de festejar, porque implica un nuevo triunfo para el Estado republicano y laico, quedó tapada con todo este movimiento de desprolijidades y sediciones que suscitó la Reforma Jubilatoria.
LAS REPLICAS DEL TERREMOTO POLÍTICO EN JUJUY
Jujuy no fue ajena a estos graves acontencimientos de la semana que pasó. Tanto el Gobernador como distintos referentes políticos condenaron la jornada de violencia y bochorno vivida en la Cámara de Diputados.
Los votos jujeños en la Cámara de Diputados eran previsibles, sobre todo después de la media sanción en Senadores, en la que solo sorprendió el voto de Walter Barrionuevo.
Gabriela Burgos, Alejandra Martínez y Osmar Monaldi explicaron, con antelación, por qué votarían positivamente por el proyecto de reforma en cuestión.
José Luis Martiarena había adelantado también su voto negativo. Carolina Moisés no podía participar de esa votación hasta tanto no jure como diputada, sin embargo también expresó su rechazo hacia el proyecto oficialista.
Quizás el voto sorpresa haya sido el de Alejandro Snopek quien, junto a un massismo cada día más a la deriva tras la pérdida de su máximo exponente en la Cámara luego la finalización del mandato de Sergio Massa, seguramente lo hizo con mucha convicción pues de otro modo significaría traicionar sus convicciones peronistas. Se tratró de una sorpresa si bien el voto del Frente Renovador no se daba por sentado en el macrismo, hubo sendas tratativas con el sector para que por lo menos ayuden a prestar el quorum.
La controversia sobre si hubo o no hubo quorum también tuvo réplicas en Jujuy y tanto José Luis Martiarena como Gabriela Burgos hicieron públicas sus apreciaciones. Para la diputada radical si hubo quorum, mientras que para el diputado justicialista no lo hubo. Ambos sosteniéndose en los relatos anecdóticos de lo que ocurrió, relatos que son sostenidos con vehemencia por las partes en pugna. Pero lo cierto es que la pantalla de la cámara de Diputados parece apoyar más la versión de Burgos.
Fuera de este tema, la semana en Jujuy fue conflictiva laboralmente una vez más, sobre todo con los docentes que siguen en pie de guerra sobre todo al plegarse a las medidas que dictamina CTERA a nivel nacional. El SEOM volvió a las calles con radios propaladoras para protestar el ajuste y para pedir la re-apertura de paritarias.
En otro episodio sobre la detención preventiva de Milagro Sala, la ex lider piquetera volvió a la mansión de El Carmen que había sido condicionada en agosto pasado para que sirva como prisión domiciliaria.
En cumplimiento de lo dispuesto por la CIDH y la CSJN, Milagro Sala volvió a su humilde casita de fin de semana, aunque –no podría ser de otra manera- se queja ahora de que su prisión domiciliaria debería ser en la mansión de Cuyaya y no en la de El Cármen.
Como es su costumbre, la ex lider tupaquera estalló en un nuevo arranque verborrágico frente a la prensa que fue a presenciar y registrar su regreso al régimen domiciliario de detención, y adelantó que pidió al juez una audiencia en la que, habrá importantes revelaciones en torno a la Megacausa.















