El ingreso de dólares por las ventas al exterior de granos y subproductos entre enero y marzo pasado bajó un 64,6%. La Argentina podría perder el podio mundial en harina de soja y se encamina a cerrar la peor campaña productiva en 23 años.

La liquidación de divisas de la agroexportación cerró marzo en 1.228,6 millones de dólares, lo que representó una mejora del 90% versus febrero último. Pero, en paralelo, significó el nivel más bajo para marzo desde 2020, cuando ingresaron 1.064,3 millones de dólares.
El dato fue informado por la Cámara de la Industria Aceitera y el Centro de Exportadores de Cereales (Ciara-CEC), de cuyo relevamiento además se desprende que el período enero-marzo, al finalizar con una liquidación de 2.802 millones de dólares, fue el peor primer trimestre en los últimos 16 años.
Un número similar no se veía desde 2007. Se trata de una mala noticia para el Gobierno, que está necesitado de divisas y se prepara para lanzar un nuevo dólar para el agro, que se daría a conocer el próximo lunes.
El sector previó esta performance, atribuida básicamente por una menor cosecha de trigo: la recolección de diciembre se recortó un casi 50% comparado al último mes de 2021.
Pero la soja y el maíz también registrarán fuertes mermas en la cosecha. Teniendo en cuenta el conjunto de los tres cultivos, se estima que faltarán unas 50 millones de toneladas.
Si se comparan los 7.926 millones de dólares del primer trimestre de 2022 con los 2.802 millones de ahora, se observa una pérdida de más de 5.124,07 millones de dólares, producto de una contracción del 64,6%.

En un comunicado, Ciara-CEC apuntó al efecto de la sequía por la baja liquidación: “El ingreso de divisas de marzo es el reflejo de un mercado fuertemente afectado por la extrema sequía que redujo drásticamente las producciones y que llevó a puertos y plantas de molienda a operar con niveles extremadamente altos de capacidad ociosa (los más elevados de la historia)”.
Desde la cámara explicaron que “la mayor parte del ingreso de divisas en este sector se produce con bastante antelación a la exportación, anticipación que ronda los 30 días en el caso de la exportación de granos y alcanza hasta los 90 en el caso de la exportación de aceites y harinas proteicas”.
Previsiones para la campaña actual
En este contexto, siguen difundiéndose informes que ilustran la magnitud del impacto de la sequía. En rigor, este viernes la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) precisó: “En términos de producción de soja, los 25 millones de toneladas que se esperan producir en la campaña representan una caída del 40% en relación a la campaña pasada, y la mitad de lo que se produjo en promedio en los últimos 10 años (50 millones de toneladas).
“Así, la Argentina cerrará su peor campaña productiva en 23 años, ya que hay que remontarse a la campaña 1999/20 para encontrar una más baja”, anticipó la BCR.
La entidad prevé una fuerte caída de las exportaciones del complejo soja, por encima de los 7.000 millones de dólares. Así lo señaló en su informe: “En 2023, producto de la fuerte caída en la producción que generará una merma en los volúmenes de molienda y en el saldo exportable en la campaña, se espera un severo ajuste en las exportaciones del complejo”.
Se prevé una fuerte caída de las exportaciones del complejo soja, por encima de los 7.000 millones de dólares.
“En total, según nuestras estimaciones, las exportaciones del complejo soja podrían ubicarse en torno a 17.568 millones de dólares, lo que significaría una caída del 30% en relación a 2022, rondando los 7300 millones de dólares”.
Por productos, según el informe, las exportaciones de poroto bajarían 50%; las de aceite de soja, hasta un 40%; y las de harina y subproductos, un 18%. Las ventas de biodiésel podrían contraerse un 28%.
El riesgo de perder un liderazgo histórico
Para destacar, hay un fuerte riesgo de que, por efecto de la sequía, la Argentina ceda el lugar de primer exportador de harina de soja a Brasil. Se trata del principal producto de venta al exterior que hoy comercializa el país.

“La Argentina alcanzó un éxito notable en el desarrollo de su complejo industrial oleaginoso a partir de la década de los '90, evolución que se fue solidificando con el correr de los años y registró notorios saltos en su capacidad de procesamiento en distintas oportunidades al compás de los crecientes requerimientos de la demanda internacional”, describe el informe de la BCR.
“Así, logró consolidar una posición dominante en los mercados de aceite y harina de soja durante más de 25 años”, explicó, y adelantó: “En el caso de la harina de soja, según estimaciones propias, la Argentina exportaría cerca de 20 millones de toneladas en la campaña 2022/23, un 29% del comercio global, ubicándose por debajo de Brasil, por primera vez desde la campaña 1997/98, según nuestras proyecciones”.















