
Una prueba destacada será la de los docentes de Buenos Aires. La gobernadora María Eugenia Vidal convocó para hoy a la primera reunión formal sobre salarios. Y frente a ella, en el conglomerado de la media docena de gremios, volverá a recortarse la presencia de Roberto Baradel. Nada augura un trámite sencillo, aunque esta vez los números indiquen otra cosa.
El año pasado, el reclamo docente fue de un aumento del 35% y la oferta provincial, de 17%. Se registraron muchos días de paro –sumados, tres semanas de clases- y más de una docena de encuentros entre funcionarios y el frente gremial. El resultado terminó siendo una suba de entre el 21,5 y el 24%, según como se consideren todos los puntos en discusión, con cláusula gatillo como reaseguro.
Esta vez, la oferta inicial del gobierno bonaerense está en el 15% y el reclamo, al menos el difundido hasta ahora, se anota con el 20%, más, claro, la famosa cláusula de recomposición. Este último punto es un problema para los funcionarios de Vidal. Antes, ese fue un punto central de su oferta. Pero en estos días, Macri dispuso tacharlo del temario. Tal vez el ingenio político encuentre algún mecanismo que en su formulación tenga un sentido parecido de garantía frente a la inflación.
La de Buenos Aires es una pulseada con todos los ingredientes políticos: Macri y Vidal –las dos figuras centrales del oficialismo-, los salarios, los gremios, el kirchnerismo. Fascinante, salvo que las clases vuelvan a quedar en suspenso. En ese caso, habrá que hablar en términos de costos o de niveles de desgaste de un lado y del otro.















