La sólida concepción camarística del Chango Spasiuk y la vigorosa versión eléctrica de Bruno Arias, una de las grandes voces de la actualidad del folclore argentino, marcaron la temperatura de la octava noche del Festival de Cosquín.
Bruno Arias, que se presentó cerca de las dos de la mañana y ofreció un set con luces y sombras, desparejo cuando se dejó ganar por la veta rockera eléctrica que aparece en su música y que expresa a toda una camada -aunque la suya es la propuesta más sólida-, y luminoso cuando sobresalió la guitarra de Jorge Giuliano en “Zamba de los mineros”; el momento en que hizo subir a una coplera con su caja venida de San Antonio de los Cobres o la interpretación del Mono Villafañe de “Agosto en Tucumán”.
















