La caída del PT en Brasil dejó más aislado a Maduro en la región
"El hecho de que uno sea paranoico no quiere decir que no haya enemigos ahí afuera", afirma un dicho en inglés. Y esta semana, en una especie de profecía autocumplida del venezolano Nicolás Maduro, que suele ver nuevos enemigos por todas partes, la revolución bolivariana tuvo que borrar definitivamente de la lista de amigos al que fue su aliado regional más poderoso.
Con la caída del Partido de los Trabajadores (PT), en Brasil, el sueño que había resucitado Hugo Chávez de hacer de América latina una patria grande quedó reducido a un pequeño búnker que Caracas comparte con gobiernos que también están en dificultades, como los de Ecuador, Bolivia, Cuba y Nicaragua.
"En los últimos meses, la pérdida del apoyo de la Argentina y ahora de Brasil refuerza cada vez más la mentalidad de búnker en el régimen venezolano", señaló a LA NACION Juan Carlos Hidalgo, del Instituto Cato, un think tank con sede en Washington.
"No sólo eso -agregó Hidalgo-. El aislamiento se siente también en los organismos regionales. En la OEA, por ejemplo, el secretario general, Luis Almagro, es abiertamente crítico de la gestión de Maduro."
Frente a la pérdida de apoyo en la Argentina y la caída del PT en Brasil, la implosión del llamado eje bolivariano plantea el interrogante de qué caminos se abren ahora para la región.
El ex canciller argentino Dante Caputo explicó a LA NACION que "América latina ha quedado boyando sin rumbo porque se debilitaron los dos principales impulsores de ese eje: Brasil como motor económico y Venezuela como motor ideológico". Y las propias patas ideológicas del bolivarianismo flaquean cada vez más.
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El jueves pasado, mientras la oposición venezolana marchaba masivamente por las calles de Caracas, un debilitado Maduro intentó por enésima vez aglutinar a su tropa al agitar el fantasma de una intentona golpista impulsada por el "imperialismo" y una "derecha pitiyanqui y majunche" (servil de los norteamericanos y tonta). Pero ya muy pocos le creen.
Incluso al chavista más convencido le resulta difícil tapar con esos demonios los gruesos errores de gestión del gobierno cuando la inflación, según el Fondo Monetario Internacional (FMI), se proyecta al 720% para este año, los alimentos y medicinas escasean en los comercios, y hasta la vida misma está siempre en juego en el país con mayor tasa de homicidios del continente (90 cada 100.000 habitantes).
"Los amigos que tengo en Venezuela, incluso aquellos que tienen posiciones más mesuradas, me dicen que sienten una inmensa tristeza por la situación y una gran desesperanza con miras el futuro. Y la desesperanza es el peor pronóstico que puede tener un país", señaló Caputo.
El ex canciller argentino tiene además una visión muy crítica de la posición del gobierno de Mauricio Macri sobre Venezuela.
"Yo creo que la Argentina podría tomar un rol muy importante a partir de la crisis venezolana, porque quedó vacío el papel de inspirador de procesos regionales desde el ámbito de la sensatez y la prudencia. Pero pasaron ya ocho meses de gobierno y nadie dijo hasta ahora cuáles van a ser las líneas directrices de nuestra política exterior", afirmó Caputo.















