El Papa Francisco aceptó este jueves que se cree una comisión que estudie la posibilidad de que las mujeres puedan volver a ser diaconisas en la Iglesia, tal y como lo fueron en el pasado. Esto podría significar un giro extraordinario en la postura de la Iglesia católica y una histórica apertura al clero femenino, el papa Francisco anunció hoy que creará una comisión para estudiar el diaconado femenino en la Iglesia primitiva, "Las mujeres diaconisas son una posibilidad para hoy", respondió Jorge Mario Bergoglio, cuando las superioras de las órdenes de monjas le preguntaron por qué la Iglesia excluye ahora a las mujeres de la posibilidad de servir como diáconos, cuando en la Iglesia primitiva lo podían ser.
Un diácono es una figura eclesiástica a la que se le confiere el sacerdocio de tercer grado, que es el que ordinariamente se otorga de forma provisional a los seminaristas que van camino del presbiterado (sacerdocio de segundo orden). También se confiere actualmente a varones -solteros y casados- que ejercerán este ministerio durante toda su vida: los diáconos permanentes. Entre sus tareas, se encuentran la de impartir los sacramentos del Bautismo y el Matrimonio, aunque tienen vedada la presidencia de la eucaristía, la confesión y del resto de sacramentos, que son de exclusiva responsabilidad de los presbíteros, a los que ordinariamente se conoce con el nombre de sacerdotes o curas. El diaconado es el primer grado de ordenación en la Iglesia católica, seguido por el sacerdocio y el episcopado. Los diáconos -que pueden ser hombres casados, mayores de 35 años-, no pueden celebrar misa, pero sí pueden administrar algunos sacramentos como el bautismo y el matrimonio. Al parecer, en las primeras comunidades cristianas el diaconado también estaba abierto a las mujeres.
La apertura del Papa a estudiar la posibilidad de que las mujeres puedan servir como diáconas podría representar un giro histórico para la Iglesia católica, que no acepta el sacerdocio femenino y que le pondría fin, de esta forma, a una praxis de un clero exclusivamente formado por hombres.
En su carta apostólica “Ordinatio Sacerdotalis” de 1994, Juan Pablo II le cerró las puertas de la Iglesia católica a las mujeres sacerdotes, al recordar que Jesús eligió a 12 apóstoles hombres como servidores. Muchos historiadores de la Iglesia, sin embargo, sostienen que hay numerosas pruebas que algunas mujeres sirvieron como diáconas en los primeros siglos de la iglesia. El apóstol Pablo menciona a una mujer, Febe, en su carta a los Romanos.
Fiel a la tradición a pesar de la contundencia de sus declaraciones, Francisco ha actuado siempre con la prudencia que caracteriza a los grandes cambios en el seno de la Iglesia. No pocos prelados y movimientos considerados conservadores han interpretado las palabras del Papa como una falta de fidelidad a la Tradición de la Iglesia que es, junto a la Biblia, la base sobre la que se construye la doctrina católica y se organiza la práctica eclesial. A pesar de ello, y como ha ocurrido en temas como la acogida a los divorciados vueltos a casar, Francisco se ha mostrado siempre abierto a dialogar sobre cualquier tema que surja de la conversación con los obispos, tanto en los encuentros formales como en las charlas de pasillo, intentando que se tengan en cuenta todas las sensibilidades. Prueba de ello fueron sus instrucciones a los prelados en el reciente Sínodo sobre la Familia: "Una condición general de base es esta: hablar claro. Que ninguno diga: esto no puede decirse, si lo digo pensarán mal de mí. Decid todo lo que pensáis, libremente", dijo entonces. En ese mismo marco, el arzobispo canadiense Paul-André Durocher propuso ante obispos de todo el mundo que comenzara ya la reflexión sobre este tema: "Creo que deberíamos empezar a mirar seriamente la posibilidad de ordenar a mujeres diáconos". La ordenación de diaconisas es una de las cuestiones más controvertidas de cuantas el Pontífice ha puesto sobre la mesa, porque se relaciona directamente con la ordenación sacerdotal de mujeres, un tema que muchos consideran cerrado a raíz de las declaraciones de los papas que preceden al Pontífice argentino.















