Tras más de medio siglo de tensiones, peleas, complots, un duro embargo y recelos mutuos, por primera vez un presidente estadounidense se sentó a conversar cara a cara con su par cubano. Barack Obama y Raúl Castro dieron un paso histórico hoy con una reunión clave para acelerar la reanudación de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos. Sentados frente a frente, con una mesita ratona en el medio, rompieron el hielo y se dieron la mano formalmente para sellar ese momento ante los fotógrafos, aunque admitieron que todavía hay diferencias significativas entre ellos.
Obama dijo estar "dispuesto a dejar atrás el pasado para enfocarse en el futuro". "Esta es obviamente una reunión histórica", señaló. Recordó que la historia de ambos países había sido complicada y "era hora de probar algo nuevo". "Es posible que con el tiempo podamos dar vuelta la página y desarrollar una nueva relación", afirmó.
A su vez, Castro admitió estar dispuesto a "discutir sobre todo", incluso sobre democracia, libertad de prensa y derechos humanos y también su visión sobre estos mismos temas, pero en Estados Unidos. "Todo podemos discutir si se da el respeto por las ideas del otro".
Ambos igualmente fueron optimistas, pero cautelosos. Castro dijo: "No hay que hacerse ilusiones, tenemos muchas diferencias". Obama dijo algo similar, sobre todo en cuestiones sobre derechos humanos, pero afirmó que escucharían a los cubanos con respeto.
El encuentro fue celebrado en una pequeña sala en el Centro de Convenciones de Atlapa de la capital panameña, donde se celebra la Cumbre de las Américas, donde un presidente cubano asiste por primera vez.
NO SE QUEDÓ A ESCUCHAR A CRISTINA Y A MADURO
Barack Obama pronunció su discurso ante el recinto de los presidentes americanos y se quedó para escuchar el largo mensaje de Raúl Castro, que le dijo que era un "hombre honesto" y que había que apoyarlo. Pero se retiró inmediatamente después, cuando vinieron los discursos más virulentos: no se quedó para escuchar a Cristina Kirchner ni tampoco a Nicolás Maduro.
Obama escuchó a Rafael Correa, que habló antes que él, e incluso le respondió algunas de las críticas al ecuatoriano. La presidenta argentina dedicó casi todo su mensaje a hablar de la "sinceridad" de los países y le pegó a Estados Unidos, y al propio presidente, sobre varios temas, sobre todo porque Obama dijo que no miraba al pasado sino al futuro.
En un momento, ella preguntó si Obama se había ido, y dijo que no quería ponerse sus anteojos para corroborarlo. "No importa", dijo ella. El estadounidense ya no estaba.
Maduro le exigió a Obama varias cuestiones, como la derogación de un decreto que considera a Venezuela como una amenaza y le pidió que desactive la "maquinaria de guerra" que hay en la embajada de EE.UU. en Caracas, entre otras cosas. Le solicitó que atienda los mensajes que le dice haber mandado en los últimos años en público y en privado. Pero Obama ya no estaba para escucharlos.















