Por Benjamín Urdemales || Los juramentos de asunción "tuneados" parecen estar a la orden del día.
Una moda por la que se comenzó a caracterizar principalmente la Izquierda, quizás con fines más marketineros que de real compromiso, ya tiene adeptos en otras fuerzas. Entre ellos podemos contar al propio presidente de la Nación, Mauricio Macri, quien cuando asumió la presidencia cambió la fórmula y no juró "por la Patria" -¿será que no tiene?-; y hasta al mismísimo ex intendente de San Pedro, Julio Moisés, quien se atrevió a jurar “por Cristina Fernández de Kirchner”.
El juramento de presidente y vicepresidentes constituyen actos solemnes, que están incluidos en la Constitución Nacional. Los juramentos de legisladores, sean nacionales, provinciales, o comunales, también constituyen actos solemnes que, si bien no están incluidos en la CN, si figuran en los reglamentos de las respectivas cámaras como un requisito formal para ser recibidos en ellas.
Estos reglamentos tienen una serie de fórmulas por las que se puede optar. Y a pesar de que el reglamento nada dice de la posibilidad de hacer aditamentos, muchos son los que se han animado a "tunear" la fórmula, y hacer agregados para personalizarlos, convirtiendo a un acto solemne en una muestra histriónica. Y es que para algunos, parece que no es suficiente decir simplemente "Si Juro", y se hace necesario llamar la atención con alguna extravagancia rimbombante.
Las fórmulas previstas tienen un propósito, y es establecer un Principio Superior por el cual quien presta el juramento de ley se obliga a “desempeñar con lealtad y honradez” el cargo para el que fue elegido., y ante el cual somete el honor personal ante un eventual incumplimiento, como lamentablemente muchas veces ocurre.
Los Principios Superiores que recogen las fórmulas entre las que se puede optar son la divinidad particular de la creencia religiosa personal que pueda tener quien presta el juramento, o la Patria, o la Constitución Nacional. Pueden estar presentes los tres, puede faltar uno de los dos primeros, pero nunca puede faltar la constitución Nacional, ley suprema de la Nación.
Fuera de estos Principios Superiores, no hay otros que puedan considerarse comunes a todos los argentinos. Mucho se ha discutido cuando en la Reforma del 94 se quitaron las cláusulas de Patronato, que obligaban a que el juramento sea “Por Dios Nuestro Señor”. Y lo bien que estuvo que se haya hecho ya que no todos somos creyentes.
Ante esta carencia, que bien podría tener cualquier persona, quedan la Patria y la Constitución Nacional. Quizás el concepto de Patria pueda ser molesto, ajeno, o carente de valor para algunas personas, y también se permite entonces prescindir de él en el juramento. Entonces queda como denominador común, que une al que presta el juramento de ley al resto de los argentinos, la Constitución Nacional, que es en definitiva aquella por la que se obliga a “cumplir y hacer cumplir fielmente”. Si alguien tiene pensado no cumplirla, nada tiene que hacer en una institución de la República.
Sin embargo, ni Santiago Maldonado, ni Cristina Kirchner, ni la lucha de la clase obrera, ni el Socialismo, constituyen una causa sagrada o superior para quienes no lo consideran así. Puede serlo, sin dudas, para quien así lo siente, pero no lo es necesariamente para el resto de quienes no comparten estos particulares fueros íntimos.
Como ejemplo de que no todos pensamos igual y que no todos tenemos las mismas causas sagradas o principios superiores -y está bien que así sea-, cabe recordar un reciente episodio que tuvo lugar en la sesión preparatoria del Concejo Deliberante capitalino. Los nuevos concejales de la Izquierda se negaron a votar por el minuto de silencio por los 44 tripulantes del Submarino ARA San Juan.
Para ellos, estos mártires no representan una causa digna por la cual dar un voto positivo para llamarse al silencio en señal de luto y respeto. Podemos compartir esto con ellos, o no; pero sin duda, tienen todo el derecho de pensarlo así, y expresarse por la negativa. De la misma manera que el resto podemos pensar que son unos miserables por ello.
Es normal que en una cámara legislativa el legislador vote de acuerdo a su conciencia, convicciones, o ideología. No podría ser de otra manera. Para eso están estos cuerpos colegiados.
Sin embargo, cuando estamos en un acto solemne para integrar una institución de la República, donde se investirá de fueros y se le dará un curul de autoridad al que presta un juramento, el Principio Superior debe ser común ya que, de otra manera, un juramento de este tipo no tendría la misma validez ni ante la parte de asamblea allí reunida, ni ante el resto del Pueblo, que no comparte los mismos principios, y por tanto pierde el significado de garantía que debe tener en caso de incumplimiento.
Que alguien jure por el Socialismo en una asamblea de socialistas, quizás tenga valor en dicha asamblea. Sin embargo, en una asamblea republicana donde no todos son socialistas resulta un palabrerío vacío de contenido y significado para quienes presencian el juramento.
Por ello, estas licencias protocolares no deberían estar permitidas. Son payasescas, innecesarias, y hasta chocantes. Y quizás por ello, quienes se tomaron estas licencias se hicieron merecedores de los silbidos, del escarnio y del ridículo luego de desvirtuar un acto solemne al que le quitaron toda seriedad y validez.
A continuación algunos ejemplos de las payasadas que tuvimos que presenciar durante las úlimas asunciones de legisladores.
Guillermo Aleman, concejal por Capital: "juro por Santiago Maldonado y Rafael Nahuel y por la lucha de los trabajadores".
Andrea Gutiérrez, concejal por Capital: "juro por los derechos de la juventud, las mujeres y el colectivo LGBTIQP".
Iñaki Aldasoro, diputado provincial: “juro por derrotar el ajuste, por derrotar la reforma antiobrera, por los 30 mil, por los caídos en democracia, por Mariano Ferreyra, por la clase obrera y el socialismo”.
Eduardo Hernández, diputado provincial: “juro por los caídos en la lucha contra el capitalismo, por los 30 mil compañeros desaparecidos, por los caídos por la triple A. Por la clase obrera en su conjunto”.
Natalia Morales, diputada provincial: “juro por los 30.000 detenidos desaparecidos y caídos por la triple A. Por Mariano Ferreira y Julio López. Por mis hermanos de los pueblos originarios y la defensa de sus derechos. Por Santiago Maldonado y Rafael Nahuel. Por la lucha de las mujeres contra toda opresión. Por la clase obrera internacional y para acabar con la barbarie capitalista”.
Alejandro Vilca, diputado provincial: “juro por la defensa de los pueblos originarios que sufren el saqueo y la explotación colonial y capitalista. Por la memoria de Santiago Maldonado y Rafael Nahuel. Por la clase obrera jujeña que lucha como la del Ingenio La Esperanza y en todo el país. Por la clase trabajadora y los oprimidos del mundo para terminar con este sistema de opresión y explotación”.
Miriam Bregman, legisladora porteña: “juro por la lucha de los trabajadores, de las mujeres y los pueblos oprimidos del mundo, por continuar con la lucha contra la impunidad de los empresarios que organizaron y se beneficiaron con el golpe cívico militar, por Rafael Nahuel y Santiago Maldonado, por terminar la barbarie capitalista, sí, me comprometo”.
Julio Moisés, concejal por San Pedro: "juro por los miles de argentinos desaparecidos, para que en Jujuy exista nuevamente un estado de derecho democrático, y por Cristina Fernández de Kirchner".

















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