Las autoridades monitorean un lago de represamiento natural ante el riesgo de una nueva inundación. Los rescatistas advirtieron que recuperar los cuerpos será una tarea extremadamente difícil.

El desastre que golpeó a la frontera entre Nepal y Tíbet, China, dejó hasta el momento 389 muertos y más de 1.300 desaparecidos, luego de las inundaciones repentinas y los enormes desplazamientos de agua y lodo registrados el miércoles en la región del Himalaya.
Entre las personas cuyo paradero todavía se desconoce hay cientos de turistas y extranjeros. Las autoridades de Nepal informaron que entre los desaparecidos figuran 178 turistas de India, 127 de Nepal, 65 estadounidenses y 33 ciudadanos del Reino Unido. También hay efectivos del ejército y de la policía entre las personas que no pudieron ser localizadas.
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La tragedia se habría desencadenado por el desprendimiento de un glaciar y el posterior colapso de una masa de agua, que generó un torrente de varios metros de altura y arrasó comunidades, caminos y puentes a ambos lados de la frontera.
Las imágenes registradas durante el desastre muestran la violencia con la que el agua y el lodo avanzaron por los valles. En algunos videos se observó a personas corriendo para ponerse a salvo mientras la corriente destruía construcciones y estructuras.
La magnitud del fenómeno también dejó aisladas a distintas comunidades y complicó el ingreso de los equipos de emergencia.
Una nueva inundación en la zona
Mientras continúa la búsqueda de sobrevivientes, las autoridades chinas mantienen la alerta por la posible formación de un segundo episodio de inundaciones.
El foco está puesto en un lago de represamiento natural formado aguas arriba del puerto de Gyirong. Los organismos de emergencia reforzaron el monitoreo de la masa de agua ante la posibilidad de que la barrera natural ceda o que el agua la sobrepase.
De producirse un colapso, el agua podría desplazarse hacia las zonas ubicadas aguas abajo y generar nuevas inundaciones en una región que todavía intenta recuperarse del primer desastre.
Además, los especialistas advierten que las lluvias continúan y podrían provocar nuevos derrumbes y deslizamientos de tierra en las laderas inestables.
La fuerza de la corriente fue tal que los equipos de rescate encontraron cuerpos a cientos de kilómetros de las áreas más afectadas, particularmente en el distrito nepalí de Chitwan.
En el lado tibetano, el deslave dejó sectores cubiertos por una capa de lodo que supera, en promedio, 1,5 metros de profundidad.
Esta situación vuelve todavía más compleja la búsqueda de las personas desaparecidas. Los especialistas explican que las masas de barro se vuelven muy difíciles de remover una vez que se depositan y consolidan.
La recuperación de cuerpos
El geólogo y alpinista español Jerónimo López, especialista en la región del Himalaya, advirtió que una de las principales dificultades en las próximas horas será localizar y recuperar a las víctimas.
“Lo que prevalece ahora es salvar a la mayor cantidad de personas posible y recuperar cuerpos”, explicó López, quien remarcó que las grandes masas de lodo, una vez consolidadas, son extremadamente difíciles de remover.
El especialista también señaló que las laderas y los fondos de los valles ubicados aguas arriba permanecen desestabilizados, por lo que los efectos del desastre podrían continuar desplazándose hacia otras zonas.
El operativo
La destrucción de la infraestructura dejó prácticamente inutilizados varios accesos. Las autoridades nepalíes informaron que decenas de puentes fueron destruidos y cerca de 40 kilómetros de rutas resultaron dañados.
Ante este escenario, el ejército desplegó helicópteros para llegar a las zonas aisladas y rescatar a las personas atrapadas.
Según el portavoz militar Raja Ram Basnet, las operaciones permitieron evacuar a más de 100 personas, entre ellas habitantes de zonas afectadas y personas que se encontraban en instalaciones vinculadas al proyecto hidroeléctrico de Trishuli.
Además, decenas de heridos fueron trasladados hasta Katmandú para recibir atención médica especializada.
El cambio climático
El desastre volvió a poner en discusión la creciente vulnerabilidad de las regiones montañosas del Himalaya frente al calentamiento global.
López explicó que el retroceso de los glaciares y la degradación del permafrost, es decir, del terreno que permanece congelado durante largos períodos, están debilitando las laderas.
Según el especialista, los enormes desniveles de los valles de Nepal, combinados con terrenos congelados cada vez más sensibles al aumento de las temperaturas, hacen que las montañas sean cada vez más inestables y peligrosas.














