En general el cuadro tarifario de las empresas provinciales de energía no tuvo modificaciones en los últimos siete años, una factura mensual podría llegar a los $1.200 pesos.
El 2014 está llegando a su fin y el balance para el sector eléctrico es ampliamente negativo, dado que no se ha logrado resolver los principales cuellos de botella que lo afectan. Si se eliminaran por completo los subsidios y el precio de la energía eléctrica se actualizara con el costo real de generación (sumando las partidas a Cammesa para cubrir las importaciones de energía), la factura de un hogar superaría $900 pesos en la provincia de Buenos Aires, según un informe de la consultora abeceb.com. En Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe esa boleta llegaría a $1.200; en el NOA también habría fuertes actualizaciones.
Esto quiere decir que en Corrientes un usuario subsidiado pagaría tres veces más de lo que abona en la actualidad (hoy paga, en promedio, $40 por bimestre según un informe que dio a conocer el Ministerio de Hacienda de la provincia). En Córdoba y Santa Fe, en tanto, la factura sería más elevada. Vale aclarar que estos números no contemplan los atrasos en la actualización del valor agregado de distribución (VAD) de cada empresa en el sistema eléctrico. De hacerlo, los valores irían aún más arriba.
Los subsidios fueron creados por el Gobierno para evitar que los consumidores tuvieran que afrontar fuertes aumentos de tarifas tras la salida de la crisis de 2001/02. Una década atrás, en las fojas 571 a 585 de la nota 153 del 13 de febrero de 2004 (expediente Nº S01:0189417/2003), el entonces secretario de Energía, Daniel Cameron, advertía al ministro de Planificación, Julio de Vido, que era fundamental subir los precios de la energía para evitar problemas.
El Programa de Convergencia de Tarifas Eléctricas, que fue anunciado en abril de 2014 y que finalizará este año, expresaba la intención de congelar tarifas eléctricas por un año a cambio del desembolso de fondos para llevar a cabo grandes obras de infraestructura en las provincias. Esta medida buscaba morigerar el impacto de la esperada quita de subsidios, la cual nunca llegó. En cambio, el verdadero efecto fue un empeoramiento de la situación patrimonial de las distribuidoras, al tiempo que la canalización de las obras enfrentó mayores dificultades.















