Si hay alguna certeza a la que podríamos aferrarnos como si se tratase de una verdad absoluta, es que en este país cualquier punto del pasado es mejor que el presente y definitivamente mejor que el futuro.

Luego de la turbulencia económica que se acentuaba conforme pasaban los días sin las definiciones necesarias tras la llegada de Silvina Batakis al Ministerio de Economía, luego de los esperados anuncios, la situación pareció mejorar por momentos, pero la semana concluyó con indicadores que confirman la pronunciada pendiente de un abismo de insondable profundidad.
La salida de Martín Guzmán del Palacio de Hacienda forzó un acercamiento, y, al parecer, una mayor asiduidad, en el dialogo de la sociedad tripartita de la cúpula del Frente del Todos. Si bien no se cuenta con los pormenores de las reuniones de este forzado e improvisado cónclave de emergencia, los trascendidos y las filtraciones permiten la construcción del rompecabezas del análisis de lo que viene aconteciendo tras bambalinas.
Según apuntaron periodistas acreditados en Casa Rosada y otros cercanos a fuentes de los tres socios, Alberto Fernández estuvo a punto de renunciar. La gota que habría rebalsado el vaso fue aquella amenaza que pronunció Cristina Kirchner en Ensenada sobre el contenido de los chats que constan en su celular, mientras aleccionaba sobre "el uso de la lapicera", entre otras chicanas.
Los dichos de la Vicepresidente confirmaron no solo que existe una operación de inteligencia sobre el Presidente que ella misma nombró, sino que el aparato de inteligencia le responde a ella. Esa misma advertencia habría frenado, quizás una vez más, la salida anticipada del Presidente, que terminaría por confirmar las sospechas de autogolpe que expresan algunos analistas.
Sin embargo, queda cada vez más confirmado el rol testimonial de un acorralado y erosionado primer mandatario, que va a tratar de sostener el Gobierno hasta las últimas consecuencias. Pero, si bien está claro quién está a cargo, tiene el control remoto y la lapicera, Alberto Fernández continuará como testaferro, con el sueño de la reelección hecho trizas, y Cristina Kirchner no se hará cargo oficialmente del timón del Titanic; no en estas circunstancias... Si algo debe alegrar a Fernández, es que Cristina tampoco logra la soñada impunidad judicial conforme pasan los días y entramos en tiempo de descuento de las Presidenciales del año que viene.

Silvina Batakis hizo algunos anuncios más o menos en línea con lo que se esperaba. Las reacciones de los mercados estuvieron a la vista. Primero una disparada fenomenal del dólar, desplomes bursátiles y un nuevo pico en las cumbres del Riesgo País. Una devaluación en toda regla para readecuar valores que venían atrasadísimos y planchados a la fuerza.
Como poroto para Batakis, podría decirse que la devaluación fue involuntaria, un shock de realidad que inexorable e inminentemente iba a ocurrir en algún momento. Es decir, un acontecimiento no planificado, tal como viene ocurriendo con mayor frecuencia, o en una secuencia de intervalos devaluatorios cada vez más cortos y cada vez más abruptos.
Como ocurre después del terremoto, siguen las réplicas. Los precios del mercado cambiario se continúan acomodando. Primero saltaron y luego bajaron un poco, pero se empezaron a consolidar en nuevos niveles que evidencian una clara devaluación del orden del 25%. Bonos y acciones siguen desplomándose, y ello acarrea, naturalmente, el aumento del Riesgo País.
Para disimular la devaluación, la flamante ministra lanzó un bono atado al dólar. Si bien la inflación de junio marcó un 5,3%, el número fue menor que las proyecciones privadas, pero peor que las expectativas del gobierno. No es nada para festejar, porque seguimos acercándonos peligrosamente a una inflación interanual que en algún momento superará los tres dígitos.
Como ocurrió con sus antecesores, Batakis tiene un acotadísimo campo de acción que no le permite tocar uno de los principales nudos gordianos que se cuentan entre las principales causas de nuestra crisis: la política energética y los subsidios. Si bien, con Guzmán se había logrado introducir la segmentación de tarifas, desde 2003 hasta 2021 hubo subsidios por 130.000 millones de dólares, mientras que las importaciones energéticas significaron 79.000 millones.

En ese angosto margen de acción, Batakis anunció un impuestazo en materia inmobiliaria. La agencia federal encargada de las avaluaciones fiscales que dependía del Ministerio del Interior ahora pasó a la órbita de Economía. Esto encendió las alarmas en el agobiado sector agropecuario que viene bastante ahogado en impuestos, retenciones y restricciones, atados a un dólar oficial para la liquidación de exportaciones. Otros bastante preocupados son los propietarios de inmuebles en la Ciudad de Buenos Aires, donde está vigente la Unidad de Sustentabilidad Contributiva, por la que la valuación fiscal se multiplica por 4. Lógicamente, ésta avanzada podría tener su correlato en las provincias cada vez más ávidas de recursos.
Por lo demás, Batakis anunció mermas en el gasto público, el congelamiento de los ingresos de la administración pública nacional, y un mayor control de la forma en que se ejecuta el presupuesto en las reparticiones. Por su parte, Cristina y Massa anunciaron un aumento del 69% en los sueldos de los empleados legislativos, que no se trasladará a las dietas de los legisladores, salvo que éstos decidan lo contrario en el recinto. Mientras la flamante ministra rasca la olla, hay quienes tiran manteca al techo. Una de las tantas contradicciones que caracteriza a este país, y al clima de hartazgo y fastidio del electorado con los principales políticos.
Toda la atención se centra ahora en el viaje a Washington donde se reunirá con el FMI y el Tesoro de EEUU para tratar de reencausar o retomar las negociaciones recientemente interrumpidas con la salida de Guzmán, mientras en nuestro país el clima se sigue enrareciendo y tensando ante la escalada en un nuevo capítulo en el enfrentamiento del Gobierno y el Campo por la falta de dólares en las reservas, situación por la que se responsabiliza al principal motor productivo del país por una supuesta falta de liquidación, a pesar de que según CIARA-CEC, la liquidación de divisas del agro creció 33% interanual y alcanzó los USD 4.231 millones, un máximo histórico para un solo mes. En lo que va de 2022, superan los USD 15.000 millones.















