"El gran debate de hoy es si vamos a dejar que el mercado lo resuelva todo o si tiene que haber intervención del Estado para resolver las injusticias del mercado", resumió el economista. "Puro Mercado como en la época de Menem o puro Estado como en Venezuela".
Para Llobeta el capitalismo tiene consecuencias que son padecidas por aquellos que no resultan premiados en un sistema meritocrático como lo es el de libre mercado. "El capitalismo premia al competitivo, al talentoso, al productivo, al que tiene herencia familiar, pero deja fuera del sistema a los que no reúnen ninguna de esas características".
Entonces el debate es "un Estado chico que gaste poco y destine los fondos para que los empresarios prosperen, o un Estado que emita dinero, que tome a la gene dejada de lado por el capitalismo que el mercado no toma.
"El capitalismo meritúa pero no da trabajo, porque para que la empresa sea competitiva debe incorporar tecnología, y la implementación de tecnología va dejando a gente sin trabajo, y esta gente que se queda sin trabajo no vuelve a insertarse en el mercado laboral", aseguró y subrayó "una persona que deja afuera el capitalismo no vuelve a entrar".
El economista sostiene que esas personas dejadas de lado deben o ser subsidiadas o absorbidas por el Estado para garantizar la paz social, "El mercado puro deja gente afuera, el rico es más rico, la empresa extranjera gigantesca se lleva todo, y cuando no les cierra los números se van. La gente se enoja; en los 70 ese enojo se convirtió en un conflicto armado, ahora es un conflicto en las calles. La solución del Estado está buena, pero te quita cultura de trabajo, no es meritocrática, es decir no están en los cargos de poder los más capaces y productivos sino los que comparten la ideología de turno".
"En la segunda revolución industrial a principios del Siglo XX, el 80% del empleo lo generaban la industria, el agro, la pesca y la minería, y el 20% del empleo lo generaban el Estado, los servicios y el comercio; hoy es al revés", aseguró el economista para graficar la incidencia que tuvo la tecnología en el elevamiento de la tasa de desempleo.
"Esta situación puede verse en Jujuy. Ledesma significa 3000 empleos para la provincia, la minería constituyen menos de 3000 empleos; estas empresas que concentran gran parte de la economía, entre un 80 y un 90%, solo generan entre 6000 y 10.000 puestos de trabajo, y se llevan los recursos naturales", explicó el economista, y contrastó "Pero por otro lado una feria como la de Alto Comedero tiene 5000 puestos de trabajo".
"Ledesma y las mineras concentran el 80 % de la economía, y el resto de los jujeños tenemos que vivir con el 20%", sostuvo.
Llobeta advirtió que no está demonizando a estas empresas sino que es la naturaleza del capitalismo. En este sentido adelantó que en la industria tabacalera ya se está aplicando tecnología, "hay 3 cosechadoras automáticas y ahora van a venir más, y eso va a significar gente desempleada".
"El tabaco era de lo último que generaba empleo en la provincia", subrayó el economista.
Ante este panorama, Llobeta se pregunta "viene el progreso tecnológico, las empresas van a producir más, pero van quedando gente en el camino ¿qué vamos a hacer con ellos, qué vamos a hacer con los 10 mil jóvenes que salen de la escuela y necesitan trabajo?"
"Necesitaríamos 3 ingenios Ledesma por año para contenerlos", ejemplificó.
Llobeta encuentra la razón de ser de los subsidios en ésta realidad. Sin embargo advierte que se debe avanzar en la creación de subsidios que no signifiquen una condena a la pobreza, sino que traigan aparejado el incentivo al progreso y a la independencia. Sin embargo advierte que esto no le es útil a la política: "aquí hay una contradicción. si el sistema político da subsidios para llegar a la prosperidad, el que prospera no es manejable. El que es manejable políticamente es el que depende del Estado. Entonces, los sistemas de subsidio que estimulan la prosperidad, que estimulan el empleo, que estimulan la independencia, son interesantes en términos económicos pero poco interesantes en términos políticos. Porque quienes vivimos sin depender del beneplácito del político no somos independientes para votar. He ahí la contradicción en la forma de hacer política de subsidios en la Argentina, "yo quiero un subsidiado que no sea vago, pero que sea vago", porque el vago siempre va a apostar a aquello que le mantenga la prebenda. A esas cosas hay que empezar a discutirlas porque sino en Jujuy en pocos años vamos a tener problemas sociales de nuevo".
Para el economista, la solución a este dilema debe encontrarse en una postura de término medio en cuanto a la magnitud del mercado y la magnitud del Estado. Y el sistema de subsidios debe ser repensado de manera que incentive el progreso económico y la independencia. Por otro lado se deben impulsar las pequeñas y medianas empresas como actores de la economía y generadores de empleo. "El Estado debe promover a los pequeños y medianos empresarios para que generen empleo y participen de la economía, debe protegerlos porque son los que van a generar empleo, y por tanto constituyen factores importantes para la paz social y el bienestar."















