Escribe en Google “cuándo las mujeres empezaron a….” y una de las primeras sugerencias de búsqueda que aparece es “¿cuándo las mujeres empezaron a depilarse?”.

Una joven se somete a un proceso de depilación en el Instituto Batiderm de Electrólisis en Nueva York el 4 de noviembre de 1938.
La respuesta se remonta siglos atrás. La depilación, o el hecho de eliminar los pelos del cuerpo, ha modelado durante mucho tiempo las dinámicas de género, ha funcionado como un significante de clase y también ha definido las nociones de feminidad y “el cuerpo ideal”.
Sin embargo, en su evolución más reciente, el vello corporal ha sido acogido por un creciente número de mujeres jóvenes que están convirtiendo esta fuente de vergüenza social en un signo de fortaleza personal.
El aumento de la fluidez del género, el movimiento de una imagen corporal positiva y la creciente inclusión del sector de belleza han contribuido a la nueva ola del vello.
“Esto ha sido profundamente estigmatizado –todavía lo es– y se le ha añadido un componente de vergüenza”, señaló en una entrevista telefónica Heather Widdows, profesora de ética global en la Universidad de Birmingham de Gran Bretaña y autora de “Perfect Me: La belleza como un ideal ético”. “La eliminación (del vello corporal) es una de las pocas tradiciones estéticas que han pasado de ser una rutina de belleza a una higiénica”, añadió .
Y destacó: “Hoy, la mayoría de las mujeres sienten que deben depilarse. Como si no tuvieran otra opción. Hay algo profundamente cargado en eso, aunque las percepciones están cambiando lentamente”.

La eliminación del pelo en el cuerpo no se estableció como un mandato para las mujeres sino hasta principios del siglo XX.
Antes de eso, eliminar el vello corporal era algo que tanto hombres como mujeres hacían –incluso desde la Edad de Piedra, luego en el antiguo Egipto, Grecia y el Imperio Romano– utilizando conchas marinas, cera de abejas y otros métodos de depilación. En estas épocas antiguas, como escribe Victoria Sherrow en Encyclopedia of Hair: A Cultural History, la falta de pelo se consideraba principalmente como una forma de mantener el cuerpo limpio. En la Roma antigua también lo asociaron con la clase: cuanto más suave era tu piel, más puro y superior eras.
En el Medio Oriente, así como en el este y el sur de Asia, la depilación con hilo se utilizaba en toda la cara. Aunque, los cejijuntos (también conocidos como uniceja) en realidad resultaban atractivos en ambos sexos, y a menudo se acentuaban con lápiz de kohl.

A medida que las ideas de Darwin se iban popularizando, otros expertos médicos y científicos del siglo XIX comenzaron a relacionar la presencia de vellos con “inversión sexual, patología de la enfermedad, locura y violencia criminal”, según Herzig. Curiosamente, esas connotaciones se aplicaron en su mayoría al vello corporal de las mujeres, no al de los hombres: no solo debido a argumentos evolutivos, sino también, destacó la autora, para aplicar un “control social de género” sobre el papel creciente de las mujeres en la sociedad.
A principios de la década de 1900, las mujeres estadounidenses blancas de clase media y alta consideraban cada vez más que la piel sin vellos era un indicador de feminidad, mientras que los pelos del cuerpo femenino se asociaban a algo asqueroso. De manera que eliminarlos ofrecía “una forma de separarse de las personas más vulgares, de clase baja e inmigrantes”, escribió Herzig.
Una “necesidad” femenina
Durante las primeras décadas del siglo XX, la moda cambiante –con vestidos sin mangas que exponían la piel– popularizó aún más la depilación corporal en Estados Unidos.
En 1915, Harper’s Bazaar fue la primera revista para mujeres en publicar una campaña dedicada a la eliminación del pelo en las axilas (“una necesidad”, como fue descrita). Ese mismo año, la compañía de cuchillas de afeitar para hombres Gillette lanzó la primera afeitadora comercializada específicamente para mujeres, la Milady Décolletée. Su publicidad decía: “Una hermosa adición a la mesa de baño de Milady– y una que resuelve un problema personal vergonzoso”.
Los dobladillos cortos de las décadas de los 30 y 40, así como una escasez de medias de nylon durante la Segunda Guerra Mundial, implicó que más y más mujeres estadounidenses comenzaran a afeitarse las piernas también. Y la llegada del bikini a EE.UU. en 1946 también llevó a las empresas de afeitado y a las consumidoras a centrarse en recortar y moldear sus regiones inferiores.
“Eliminar el vello corporal pasó de ser lo ‘esperado’ a imponerse como norma”, explicó Widdows. “Estar depiladas llegó a ser visto como la única forma ‘natural’ y limpia de presentar el cuerpo. Excepto que realmente no es así”.
Acogiendo el vello corporal
En 2008, Breanne Fahs, profesora de estudios sobre mujeres y género en la Universidad Estatal de Arizona, asignó a sus alumnas la tarea de dejarse crecer el vello corporal y luego escribir un artículo reflexionando sobre la experiencia. Fahs luego amplió el ejercicio para incluir a los hombres del curso, a quienes se les pidió que se depilaran las piernas. El proyecto sigue hasta hoy.















