*Por Noemí Isasmendi, diputada provincial del PJ
Cerrar octubre —a días del Día de la Lealtad— nos obliga a revisar los cimientos políticos y de la democracia en Jujuy. Las estructuras tradicionales crujen, los egos fragmentan al peronismo, el radicalismo gobernante muestra los desgastes de su verticalidad y los libertarios nos aturden con toda su impunidad y crueldad.

Frente a esto, la política exige rediscutir y hacernos preguntas incómodas: ¿a quién se le es leal en el siglo XXI? ¿A un partido centenario, a una idea abstracta, al propio ego, a la tropa o al territorio? Y también, reflexionar sobre qué implica ser el Gobierno del Pueblo: ¿para quién se administra, para quién se labura, al servicio de quién?
El espejo brasileño y el nuevo ejército digital
Para dar vuelta un escenario adverso, no basta con marketing vacío. Como demostró Lula en Brasil y se organiza la militancia federal en Argentina, la clave también está en construir ejércitos digitales de voluntarias/os —impulsados hoy fuertemente por mujeres en el territorio y las redes— que articulen la urgencia social con la agilidad digital para ir por una vida digna y equitativa.
El laberinto libertario: odio, crueldad e impunidad
En la vereda más oscura de enfrente, la estrategia de Javier Milei expone el lado más cruel de la política del odio y la furia. Su plan de vaciamiento institucional y de la democracia busca naturalizar el sufrimiento social y blindar la impunidad. Enfrentarlo exige desterrar la mentira como método y ponerle un dique de contención basado en la justicia social.
El espejo del radicalismo y el laberinto de las estructuras
Mirar al oficialismo de la UCR jujeña es saber que, si bien ha sabido consolidar un esquema de poder prolongado en la provincia, está desgastado y no está exento de las tensiones entre la gestión institucional y la verticalidad partidaria. Esto nos muestra que el desgaste de las formas tradicionales no es patrimonio exclusivo de una sola fuerza, sino un síntoma de época que atraviesa a todo el arco político provincial.
De la unidad básica a las nuevas formas de interpelación
Históricamente, el justicialismo en Jujuy —y en gran parte del país— encontró su motor en la territorialidad clásica: el bullicio de la unidad básica, el bombo, la chapa, los favores cotidianos y las promesas de campaña estructuradas bajo lógicas corporativas. Sin embargo, esas formas han entrado en una profunda crisis de legitimidad. Ya no basta con invocar la lealtad partidaria como un dogma inalterable. La ciudadanía, atravesada por nuevas demandas y un profundo desgaste, observa cómo las viejas recetas naufragan frente a la necesidad de construir esperanzas genuinas.
Hacia una nueva síntesis
La política en Jujuy está obligada a mutar. El peronismo y el resto de las fuerzas locales tienen frente a sí una encrucijada: o nos quedamos debatiendo sobre estructuras muertas y personalismos que ya no le interesan a nadie, o entendemos que la lealtad hoy va por otro lado.

La lealtad es con las nuevas generaciones y se demuestra transformando la realidad: achicando la brecha entre lo que se dice y lo que se hace, desterrando la impunidad y convirtiendo a la política en lo que realmente debería ser: una herramienta para cambiar las cosas de verdad, recuperando el sentido profundo de la democracia y del pueblo.
Como marcó Axel Kicillof en su paso por Palpalá al trazar el camino que viene: "Para construir un país más justo, la tenemos que hacer desde abajo para arriba y desde la periferia para el centro; eso es Jujuy participando, pensando, laburando y contribuyendo […] un gobierno federal, soberano y patriota: es decir, un gobierno del pueblo y para el pueblo".














