Como decíamos la semana pasada, el gobierno nacional, sabedor de que difícilmente se produzca el milagro que le asegure la continuidad más allá de diciembre de 2015, está dejando un campo minado al sucesor.
Analizábamos que en el repliegue estratégico del kirchnerismo, se está por un lado asegurando la impunidad con la colonización del poder judicial, y por el otro dejando una quintacolumna de militantes K que quedarán enquistados en el Estado.
Si bien la lealtad de los colonizadores del Poder Judicial y la quintacolumna es algo que tendrá que verse después de diciembre de 2015, está claro que ésa es la intencionalidad con la que está obrando el Gobierno nacional.
Sin embargo, el aspecto económico del campo minado de bombas que en Olivos esperan que le estalle al próximo gobierno, es otro tema que merece otro análisis. El gobierno espera que las minas compliquen o le estallen en las manos al sucesor, pero también está latente el peligro de que las bombas estallen antes de tiempo, como le ocurrió a Alfonsín en 1989.
La principal bomba que Cristina quiere legar a su sucesor, aun si este fuera Daniel Scioli, es un compuesto explosivo integrado por inflación, déficit fiscal, caída de las reservas, y el tipo de cambio atrasado. Es por ello que hasta ahora no se han tomado medidas tendientes a resolver estos problemas. En realidad pareciera que se hace todo lo posible por exacerbarlos. En un interesante artículo que publicamos, Nicolás Cachanosky analiza los ingredientes de esta bomba de tiempo.
Se cerró el 2014 con una inflación que superó el 40%, de acuerdo con algunas consultoras, o cercana a esa cifra, de acuerdo con otras. Una inflación del 40% es la peor tasa desde diciembre del 2002. La pregunta es ¿Se mantendrá en estos niveles en el 2015 o seguirá aumentando? Hace tan solo 2 años, Cristina Kirchner decía en Harvard que si el país tuviera 25% de inflación "estallaríamos". El INDEC registró 24%, de manera que, de acuerdo con las propias cifras del gobierno estaríamos cerca del estallido. Si tomamos en cuenta el ejemplo de Venezuela, el otro país latinoamericano que padece una de las mayores inflaciones del mundo, junto con Argentina, de mantenerse la tendencia todo indicaría que la inflación aumentará exponencialmente.
El segundo ingrediente de la bomba económica es el déficit fiscal. El aumento en la inflación no es casual. Coincide con un salto en el déficit fiscal del Tesoro, que pasó de 123.700 millones en el 2013 a 191.000 millones a noviembre del 2014. Sin contar diciembre, históricamente el mes con mayor déficit, el 2014 muestra un incremento de alrededor del 55% (en el 2013 el aumento del déficit fue del 47%). Una tasa mayor a los más pesimistas indicadores de inflación.
De acuerdo con estimaciones privadas del PBI nominal, el déficit fiscal se ubicaría para el 2014 en un 6.5% del PBI. Cabe recordar que el déficit fiscal en el 2012 y en el 2013 fue de 3.9% y 4.7% del PBI, respectivamente.
La situación fiscal es seria. Desde el 2013 la recaudación total crece a un ritmo menor al de la inflación (cae en términos reales.) Los dos únicos componentes que aumentan son los ingresos por impuestos a las ganancias y de comercio exterior como exportaciones. La presión fiscal consolidada (Nación + Provincias + Municipios + Impuesto Inflacionario) para el 2013 fue del 45% de acuerdo al PBI nominal oficial y puede llegar al 51% utilizando estimaciones privadas de PBI nominal. Es claro que el déficit fiscal deberá ser corregido por el lado del gasto.
Hay cuatros puntos importantes a resaltar respecto al BCRA. En primer lugar, la expansión de la base monetaria, que al 23 del pasado mes acumulaba un 18.8% con una aceleración estacional en diciembre. El Gobierno ha intentado disminuir la tasa de expansión de la base monetaria con limitados resultados sobre la inflación dada la caída en la demanda de pesos. En segundo lugar, para disminuir la cantidad de pesos en circulación el BCRA ha aumentado la emisión de Lebacs. En resumen, el BCRA emite pesos y se los da al Tesoro, que gasta los pesos. Luego el BCRA compra los pesos vendiendo bonos a los bancos. Le venta de bonos hace caer su precio. La caída del precio de los bonos hace subir la tasa de interés. El aumento en la tasa de interés hace caer la actividad económica. En tercer lugar, también por el déficit fiscal, el BCRA ha incrementado los préstamos al Tesoro Nacional al punto de incumplir con los límites impuestos por la Carta Orgánica modificada por el propio kirchnerismo. En el 2014 el monto de préstamos al gobierno nacional aumentó un 50% totalizando un monto de 710.400 millones de pesos. Este monto es la suma de las Letras Intransferibles y de Adelantos Transitorios al BCRA. Dado que las Letras Intransferibles no pueden ser vendidas en el mercado y que el Tesoro está en default, si se asigna un valor de mercado nulo a esta deuda entonces el BCRA se encuentra contablemente quebrado con un patrimonio neto negativo de 600.000 millones de pesos. En cuarto lugar está el tema reservas. La situación no es tan buena como los números oficiales sugieren. Las reservas terminaron el 2014 con un valor levemente superior al del 2013. Sin embargo, esto se logró en base al acuerdo swap con China, no autorizando pagos a importadores, pidiendo adelantos de exportadores, y dilatando el giro de dólares para el pago de deudas del Tesoro. Más allá de diferentes estimaciones que cada uno puede hacer, la diferencia entre las reservas totales y las netas es significativa. Las reservas netas, luego de descontar los dólares que el BCRA debe a terceros, pueden bajar de 31.000 millones a 11.700 millones.
Por último, analizó Cachonosky, la evolución del tipo de cambio tampoco ha mostrado mejorías. En el 2014 el peso se depreció un 31% gracias a la devaluación de enero. El tipo de cambio blue se devaluó un 38%. La alta inflación del 2014 hizo que rápidamente se vuelva a un atraso cambiario.
Dicen que la situación que enfrentará el sucesor de Cristina, después de octubre de 2015, será similar a la que enfrentó Fernando De La Rúa cuando sucedió a Carlos Ménem. Un Congreso fragmentado que no responderá, como lo hace hoy debido a su composición, a los designios de un Ejecutivo que quedará tan menguado como el recorte de poder que sufrirán los jueces con el nuevo Código Procesal Penal, y una herencia que el poder saliente se está encargando muy bien de exacerbar.
Entre los principales desafíos comunes a ambas transiciones a que se enfrentará quien se siente en el Sillón de Rivadavia estarán la pronunciada inflación, el déficit fiscal, la cuestión del BCRA y las reservas, y el atraso cambiario, a lo que habrá que sumarle el galopante desempleo y la recesión. Algunos economistas hablan de la posibilidad de entrar en la recta final hacia la hiperinflación.














