NOTINOR.COM|| Este lunes, todos los que nos fuimos a dormir temprano el domingo a la noche, nos desayunamos con la dudosa muerte del fiscal Alberto Nisman, a pocas horas de una esperada comparencia ante una comisión del Congreso de la Nación que lo había interpelado para que explique los fundamentos de la imputación penal por encubrimiento del terrorismo que hizo a la presidente de la nación, Cristina Fernandez de Kirchner, el canciller, Héctor Timerman, y algunos allegados y amigos del kirchnerismo, entre ellos el piquetero Luis D'Elía y el titular de Quebracho Fernando Esteche.
Insospechado final para el jurista que el propio Néstor Kirchner eligió para avanzar en la investigación de la causa AMIA, y quien paradójicamente pasó sus últimas horas anatemizado por el oficialismo. Ya desde el viernes se viralizaron por las redes mensajes cargados de promesas violencia de parte de simpatizantes del kirchnerismo en los que aseguraban, por ejemplo, que asistirían a la exposición del fiscal ante el Congreso para "cagarlo a trompadas" para que entienda que "a Cristina no se la toca".
Nisman estuvo entre los nombres que se barajaban para reemplazar al ex Procurador Esteban Righi, quien ocupara el mismo cargo que hoy ocupa la procuradora Alejandra Gils Carbó. Es decir que, tras la denuncia, paso de ser casi un fiscal estrella, con buenas conexiones y relaciones en el Gobierno -tanto de Néstor como de Cristina-, a ser la persona que "atentaba" contra la presidente en una inverosimil confabulación mediática judicial para desestabilizar el gobierno de Cristina, el nuevo empleado del mes de Héctor Magnetto.
Supo tener, en la primera etapa del kirchnerismo, buen vínculo con Alberto Fernández y construyó una relación cordial con Aníbal Fernández. El momento de mayor cercanía entre el fiscal y el oficialismo se registró en 2008, cuando pidió las detenciones del ex presidente Carlos Menem y del ex juez Juan José Galeano, en el marco de la investigación por el atentado a la mutual judía.
Sin embargo el distanciamiento del Gobierno comenzó durante la presidencia de Cristina Kirchner, cuando comenzó a barajarse la posibilidad de realizar un acuerdo con Irán. La firma del Memorándum de Entendimiento pareció marcar un quiebre definitivo en su relación con el Gobierno. Prueba de ello es que en 2013, cuando el oficialismo se acercaba a Teherán, Nisman acusó a Irán de infiltrarse en países de América latina para fomentar actos terroristas. El vínculo entre el fiscal y la fuerza política gobernante estaba roto.
Desde que el fiscal hizo pública la imputación, hizo varias apariciones televisivas, adelantando detalles de lo que prometía ser la denuncia más grave de la historia Argentina comprometiendo seriamente a la presidente de la nación y uno de sus principales ministros por participar en una supuesta negociación diplomática paralela tendiente a encubrir a altos funcionarios iraníes acusados de haber participado en la perpetración del peor atentado terrorista que sufrieron ciudadanos argentinos en nuestro territorio, negociación que desembocó en un acuerdo "de entendimiento" de impunidad a cambio de comercio de granos por energía hidrocarburífera.
En estas apariciones, el fiscal espacial para la causa AMIA, reveló que "el plan criminal se activó en enero de 2011, cuando Héctor Timerman viajó a la ciudad siria de Alepo y secretamente se reunió con su par iraní, Ali Akbar Salehi, a quien le hizo saber que las autoridades políticas argentinas estaban dispuestas a renunciar a la investigación del caso AMIA y a cualquier reclamo de cooperación y justicia, con tal de provocar un acercamiento de orden geopolítico y restablecer plenas relaciones comerciales entre ambos Estados". En este sentido dijo tener contundentísimas pruebas al respecto, como asimismo dijo poseer pruebas irrefutables de que fue la propia presidente de la nación, Cristina Fernández de Kirchner, fue quien dirigió toda la operación, autorizando e instruyendo a los interlocutores diplomáticos que llevaron adelante la negociación de impunidad con las autoridades iraníes.
En las entrevistas que concedió Nisman a los principales medios nacionales, el fiscal se mostró muy seguro de lo que iba a revelar el lunes, y nadie vio en él el perfil de alguien que planeaba suicidarse. Sin embargo, premonitoriamente Nisman dijo que se "jugaba la vida", y que podría "salir muerto de esto". Sus allegados confirmaron que en los meses previos al fatal desenlace el fiscal decía "van a venir por mí". "Van a decir cualquier cosa". También comentaba al pasar que estaba amenazado, y presionado, "me están presionando. Me avisan que está escrito el dictamen de (Alejandra) Gils Carbó para apartarme", le comentó a un colaborador.
Los periodistas que lo trataron en los últimos días aseguran haber notado entusiasmo en el fiscal por el gran día que prometía ser este lunes, cuando iba a exponer ante el Congreso los fundamentos de su denuncia. "Estoy tapado de trabajo, ordenando papeles. No sabés lo que es esto. Todavía no sé si son preguntas o tengo que exponer primero", repetía cada vez que lo interrumpían el sábado. "No quiero que se arme un show de esto. No quiero que el martes la tapa de los diarios sea que la exposición fue un escándalo, sino que sea lo que tengo para contar, que es muchísimo". El fiscal temía que su exposición se viera "embarrada".
En las últimas horas del domingo, el fiscal fue hallado muerto en el baño de su departamento sito en el exclusivo barrio Puerto Madero. Nisman fue hallado sin vida por su madre, quien ingresó al inmueble gracias a la intervención de un cerrajero. Tras la alerta generada por los custodios quienes reportaron que Nisman no respondía los llamados. Un comunicado de prensa del Ministerio de Seguridad informó que "en la escena del crimen" hallaron un arma calibre 22 y un casquillo.
En los últimos mensajes registrados hacia su custodia el fiscal dijo el viernes "Mañana me llamás y te digo qué hacemos". El sábado, sin salir de su casa, fue más concreto: "Mañana bajo a las 11:30". Nunca sucedió.
Tras esta inesperada muerte del fiscal, surgieron muchos interrogantes sobre el futuro de la causa AMIA y sobre la gravedad institucional que implica la muerte de un fiscal federal que investigaba el peor atentado terrorista que sufrió la Argentina. Resulta imprescindible para la salud de la República que Alberto Nisman sea reemplazado al frente de la Unidad Especial de la AMIA por uno o más fiscales absolutamente independientes, de reconocida probidad, autonomía y experiencia, sin identificación alguna, como ocurrió con las recientes designaciones de la procuradora Gils Carbó que se encuentran cuestionadas judicialmente.
La sociedad no resistiría una sospecha más de parcialidad o partidismo en la investigación de hechos de una gravedad extrema como estos. Este será el mejor homenaje que podemos rendirle a Nisman, que su investigación no muera con él.
Apenas se conoció la luctuosa noticia, las repercusiones no se hicieron esperar. Desde el gobierno se notó un sospechoso apresuramiento a cerrar el caso por la apariencia de un suicidio. Así lo dictaminó el secretario de Seguridad Sergio Berni apenas tomó contacto con el escenario de muerte. "En Criminalística, cuando usted tiene un cuerpo, un arma y un casquillo, todos los caminos conducen a un suicidio. Por eso deben hacerse otros estudios cómo por ejemplo para saber si hay pólvora en la mano", explicó Berni. Victor Hugo Morales fue un poco más allá en el análisis de las causas del aparente suicidio, "al verse acorralado por sus propias mentiras, el fiscal Nisman decidió terminar con su vida".
Sin embargo, hay un descreimiento generalizado sobre la posibilidad del suicidio, un descreimiento que el periodismo en general se está mostrando "demasiado prudente", al decir de Jorge Asís. Asis coincidió con Jorge Lanata, Alfredo Leuco y Nelson Castro, al calificar la muerte del fiscal Nisman como "una muerte política".
Para Jorge Lanata, "es muy difícil de creer que Nisman se suicidó". "Me resulta muy difícil de creer que Nisman se mató, ¿el tipo antes de declarar se mata? Vamos chicos...", analizó Lanata, quien aclaró que no responsabiliza al gobierno por la muerte del fiscal, pero consideró que el Gobierno es "el primero que tiene que salir a aclarar, primero porque es el Gobierno, y segundo porque es el principal acusado (de la denuncia que Nisman iba a explcar ante el Congreso)".
Para Alfredo Leuco no cabe duda que Nisman murió a raíz de la denuncia que hizo.
Asís opinó que "esto es algo que o tiene que ver con alguna línea del Gobierno, o es una operación de inteligencia clara contra el Gobierno. Con este hecho, el Gobierno internacionalmente queda vacío de toda legitimidad moral" "algo mucho más que un crimen". Descartó que se trate de "un suicidio, nadie puede pensar en eso porque nadie lo veía con deseos de suicidarse, se lo veía (a Nisman) bien, sólido y muy cargado. Acá de lo que tenemos que hablar es de un asesinato". "Él habló del lugar del crimen, entonces hay que hablar de un crimen absolutamente político (...) "Yo no tengo que ser prudente", dijo Asís . "Esto es algo operado por algún sector del Gobierno que podía salir perjudicado", insistió.
Nelson Castro dijo "Nisman estaba con este temor en su vida y en las últimas horas supo que los datos sobre su hija fueron transmitidas a los servicio de inteligencia y esto lo inquietó, después hay que saber qué pasó en la última semana a tener esta actitud, estaba afuera y volvió para hacer pública la denuncia". Señaló además "no había en él indicios de querer suicidarse, se lo veía muy seguro y muy dispuesto a dar batalla".
Para los más malpensados las palabras que la diputada Diana Conti dirigió a la hija del fiscal fallecido pueden retumbar enigmáticamente "Que no tenga miedo que no le vamos a hacer nada a su papá", como adelantando el final. El que tenga oídos, que oiga.
La muerte del fiscal Alberto Nisman, en vísperas de una presentación que iba a hacer ante el Congreso de la Nación, quedará en la historia argentina como un magnicidio cuyo único precedente lo podríamos encontrar en el atentado que sufrió en plena sesión en la Cámara de Senadores el senador Lisandro de la Torre, atentado que terminó con la vida del senador Enzo Bodabehere en 1935.
















