Integrantes de la Organización Barrial Túpac Amaru encabezaron, junto a diversas organizaciones sociales, la denominada "Marcha por la Paz" que hizo que la capital jujeña se viera paralizada durante horas. Interminables filas de personas recorrieron desde el Parque de la Memoria, en el Acceso Sur, hasta la Plaza Belgrano. En el lugar los esperaba un gran escenario, con pantalla gigante, donde los simpatizantes claramente identificados con remeras, coreaban en apoyo a la Presidente Cristina Fernandez de Kirchner.
Mientras se desarrollaba la misma las calles se vieron colapsadas, generando la confusión de los automovilistas quienes se agolpaban en las esquinas en espera de la desconcentración, con el latente peligro a choques entre los mismos.
En la plaza Belgrano solo un grupo minoritario estaba al frente del escenario central, mientras en diferente sectores se ubicaban el resto de los seguidores, con niños pequeños y bebes en carritos. "Parecía una improvisada guardaría", dijo un testigo al señalar que los menores jugaban en medio de las calles que se encontraban temporalmente cortadas, ante la atenta mirada de los padres que estaban más concentrados en ver a sus niños jugando que en prestar atención al desarrollo del acto organizado.
Una muestra clara de las diferencias y contrastes entre las marchas de homenaje al fiscal Nisman del 18F, que ocurrieron a nivel nacional y mundial, y la del y 19F que solo ocurrió en Jujuy, convocada y organizada casi a despecho por la Organización Tupac Amaru, a la que solo asistieron sus partidarios -mayoritariamente personas beneficiarias de planes sociales- quienes se vieron obligados a asistir so pena de perder el plan social de no cumplir con la asistencia.
La marcha del miércoles fue otra cosa: ciudadanos con sus familias que colmaron las calles, autoconvocados, sin ningún tipo de obligación, u organización logística, que fueron llevados solo bajo el impulso de reclamar justicia por la muerte del fiscal Nisman ocurrida hace un mes.
También quedó en evidencia la falta de interés de muchos de los seguidores de la Diputada Sala, ya que se pudo ver a muchos de los asistentes paseando y recorriendo las calles, o sentados en los bancos de la plaza, lejos y ajenos al escenario montado frente a Casa de Gobierno donde desarrollaban los discursos. Otros aprovecharon la ocasión para un pic nic familiar comiendo y degustando las ofertas de los vendedores ambulantes, mientras algunos simplemente aprovecharon para descansar o dormir, esperando a que pasen las horas y se termine de una vez el acto al que fueron obligados a asistir.
En la marcha del 18F la actitud de los ciudadanos fue más activa, pues las familias marcharon rodeando la Plaza Belgrano entonando las estrofas del Himno Nacional Argentino, con carteles realizados por sus propias manos mientras que los carteles que llevaron los asistentes a la contramarcha de Milagro Sala parecían haber sido fabricados en serie.
Una vez más se muestra las diferentes realidades de Jujuy: unos marchando por Paz, Justicia y Verdad, llegando por sus propios medios, movilizados por un legítimo sentimiento cívico profundamente herido por la misteriosa muerte del fiscal que denunció a la presidente de la nación por encubrir el terrorismo, y que tardaron horas en desconcentrar, mientras que otros fueron obligados a concurrir, fueron llevados como ganado gracias a la dotación de colectivos que los transporta siempre, se les notaba en los rostros la impaciencia por irse de la plaza de una buena vez en cuanto terminen las arengas partidarias que lanzaron los dirigentes de Unidos y Organizados desde un costoso escenario -con ilumniación y sonido- montado para la ocasión.
Dos Jujuy, dos realidades que conviven en una sola provincia: unos que se autoconvocan, y otros que intentan vender una demostración de fuerza con una militancia rentada.