La agenda pública argentina, a más de una semana del fallido atentado -real o simulado- contra Cristina Fernández, continúa enfrascada en un episodio que, pese a las malintencionadas magnificación mediática y utilización política, no consiguió el cometido de victimización pretendido.

Si bien, con el deceso de Elizabeth II, el tema pasó este fin de semana a páginas interiores, las preocupaciones de la ciudadanía siguen concentradas en lo que es realmente central: la inflación, la pobreza, la inseguridad, y la impunidad de la corrupción.
Mientras la Justicia argentina se apresura a cerrar el episodio con la teoría de que los perpetradores actuaron con premeditación para asesinar a la vicepresidente, alimentando la absurda noción de una gran conspiración de odio, el Gobierno parece recalcular los pasos a seguir luego del fracaso de la convocatoria al diálogo que significó la Misa por la Paz y la Fraternidad, celebrada el sábado en la Basílica de Luján.
Lo único, aparentemente positivo, que dejó esta pintoresca eucaristía fue la foto de unidad del Frente de Todos, que parece reagruparse para trabajar con miras a las elecciones del año que viene. Una escena bizarra, con la militancia entonando cánticos partidarios en el fondo del templo y los rostros solmenes y adustos de la dirigencia en las primeras filas. Si hasta parecía una escena sacada de la película El Padrino.
Con muy buen tino, la oposición no concurrió a una convocatoria que desde el inicio tenía toda la apariencia de una emboscada. Más allá de la presencia de la militancia ataviada como para una movilización, con bombos, banderas y pancartas, lo cierto es que el informal llamado personal del ministro del Interior, Eduardo “Wado” de Pedro a solo algunos líderes opositores dejó al desnudo un intento de dividir a la oposición. De hecho, el PRO no fue invitado, según lo manifestado por Patricia Bullrich, Mauricio Macri y Horacio Rodríguez Larreta, quienes descartaron asistir, aun con invitación formal.
Gerardo Morales y Facundo Manes confirmaron que recibieron la cita, por teléfono, “a bajar un cambio” en pos del diálogo. De la sensata respuesta que dio el gobernador jujeño mediante una entrevista radial, caben destacar dos frases que resumen lo que piensa la mayoría de los argentinos: “Hablar de la paz, del encuentro y de bajar un cambio es para todos, y no mirando la paja en el ojo ajeno; acá los cultores de odio hablan del odio”, y “si vamos a hablar de los problemas estructurales del país, ahí estoy”.

Con toda lógica, el gobernador jujeño advirtió que lejos de significar un paso hacia el consenso y la concordia para abordar los principales problemas de los argentinos, la convocatoria tenía una motivación más egocéntrica, al tener como centro de gravedad a la vicepresidente de la Nación. “Hechos de una facción, de una fuerza política”, resumió Morales.
Claro que el diálogo sería importante, pero hacer un llamado de este tipo a solo una parte de la oposición, descartando al resto, no denota mucha vocación. Además, siendo Wado de Pedro el convocante, la iniciativa carecía de la envergadura necesaria para un hecho de esta magnitud. Cualquier acercamiento debería comenzar por las principales figuras; entre Mauricio Macri y Cristina Kirchner, por ejemplo.
Convocatorias regionales de gobernadores
Pero hay dos problemas: por un lado, ambos sectores, oficialismo y oposición, tienen sus propias grietas, sus propias divisiones; por otro lado, las principales figuras apuestan, no solo al fracaso de cualquier iniciativa de diálogo, sino que además están a la espera de un movimiento en falso de un adversario dentro de la propia fuerza, para capitalizarlo a su favor. Los diálogos son convocados u obstaculizados por las figuras más duras de ambos sectores, sencillamente porque no les interesa, porque no los beneficia. Esto mismo sucede puertas adentro de cada lado de la grieta.
¿Por dónde deberían pasar los ejes del diálogo? Los problemas estructurales de la Argentina vienen siendo expuestos en foros interprovinciales que reúnen a gobernadores por región, tal como aconteció la semana pasada en Chaco, con la Expo del Norte Grande, donde tuvo lugar la XIII asamblea de gobernadores del NOA y NEA; o la que tuvo lugar en Córdoba, donde se juntaron los mandatarios de la Región Centro.

En estos foros regionales, gobernadores de distinto color político dejan de lado banderías y tratan temas que son medulares para el desarrollo de las provincias y de las regiones. Allí tocaron el tema de la problemática de la crisis energética, la segmentación de tarifas y los subsidios al transporte, entre otras viejas reivindicaciones de larga data sobre las que vienen insistiendo, como infraestructura, gasoductos y obra pública.
En la reunión del Norte Grande, la provincia de Jujuy sirvió como ejemplo en cuanto al tratamiento que se le dará a la segmentación de tarifas. El gobernador Morales la dejó sin efecto hasta tanto se clarifiquen aspectos como el alcance y la vigencia, que no han quedado tan claros desde esa sucesión de ministros de Economía que comenzó con la renuncia de Martín Guzmán. También insistieron con la financiación del Corredor Bioceánico para una mayor descentralización del comercio internacional, que significaría integración y autosuficiencia para las provincias involucradas.
En la reunión de los gobernadores del Centro, coincidieron en la necesidad de elevar el corte de biodiesel al 20%, suba que le vendría muy bien también a las provincias de NOA, que tienen una matriz productiva muy ligada al cultivo y la explotación de la caña. Cabe recordar que el corte de biodiesel fue elevado del 5 al 12%, y lo que ahora están pidiendo es un 20%.
Se trata de un pedido de razonabilidad absoluta frente al faltante de gasoil que padecimos en los meses previos y que ya se proyecta que comenzará de nuevo a partir de noviembre, con el reinicio de los ciclos productivos. Elevando el corte de biodiesel se podría resolver, aunque sea mínimamente, el problema del faltante de gasoil que hoy se resuelve importando, comprometiendo los dólares del Banco Central. Un total contrasentido.

La Unión Industrial Argentina (UIA) presentó al Gobierno una lista de faltantes apremiantes. Hay 600 insumos críticos, que faltan en la industria para producir. Según una encuesta de IDEA, 7 de cada 10 empresarios suponen que la economía va a estar peor este año con respecto de 2021. Hay 28 empresas paradas por falta de stock y hay 250 autorizaciones para importar, para sacar de la aduana productos, vencidas o por vencer. En ese sentido, también hay 350 pymes en riesgo.
Los problemas de fondo que atraviesa la Argentina
En lugar de prestar atención a estos problemas, o desatendiendo urgencias como la construcción del gasoducto y planta de licuefacción que permitirían explotar todo el potencial de Vaca Muerta, el Gobierno Nacional está preocupado por cuestiones gallináceas, como el impacto que tendrían los 45.000 argentinos que viajarán a Qatar por el Mundial. La decadencia argentina ha llegado a tal punto que en 1920 nuestra economía representaba el 3% del comercio mundial, compitiendo con los Estados Unidos, superando por lejos a Brasil, Australia o China. Hoy apenas representa el 0,3% del comercio mundial.
Los problemas de la Argentina pasan por otros carriles que no son precisamente ni las internas partidarias ni los delirios fundacionales que tienen en algunas fuerzas políticas, que llegaron al punto de creer que una persona encarna la democracia y que no debe ser ni siquiera juzgada por hechos de corrupción.
Más de un 54% de los argentinos cree que el fallido atentado fue un hecho inventado, montado por Cristina Fernández y su entorno para victimizarla.
No es para extrañarse, entonces, que la opinión pública descrea de las versiones oficiales sobre el último hecho que conmocionó al país; cuando la dirigencia dice una cosa y hace otra, o cuando en insólitos sincericidios deslizan inaceptables extorsiones como la que pronunció el senador José Mayans, quien palabras más palabras menos, le puso precio a la paz social en la discontinuidad de la Causa Vialidad, o cuando se hacen convocatorias vacías al diálogo teniendo en cuenta la necesidad de una sola persona frente a las necesidades de toda una sociedad.
Un reciente sondeo de opinión de la encuestadora 3.0, arrojó que más de un 54% de los argentinos cree que el fallido atentado fue un hecho inventado, montado por Cristina Fernández y su entorno para victimizarla, algo a lo que está acostumbrada y que le ha dado buenos réditos en el pasado. Solo un 27% cree que efectivamente se trató de un intento de asesinato real.
Dentro de ese casi 30%, representativo del núcleo duro kirchnerista, hay un 25% que no descarta la teoría del montaje. Un 42% estima que el autor del atentado es un desequilibrado lobo solitario, mientras que se mantiene sólido ese 27% que cree que el autor fue motivado por algo o por alguien. Como vemos, la Teoría del Odio, no tiene muy buena acogida en la opinión pública, lo que confirma el viejo refrán que elegimos como título de este editorial.















