El expresidente busca regresar a la Casa Blanca mientras la vicepresidenta intentará mantener a los demócratas en el poder, en unas elecciones históricas que se consideran las más reñidas de la historia reciente.

En una jornada crucial para el futuro de los Estados Unidos, millones de estadounidenses en Washington y todo el territorio se aglutinan en escuelas, bibliotecas y centros comunitarios para definir si Donald Trump o Kamala Harris ocuparán la Casa Blanca.
Hay un clima de nerviosismo general, inusual, no solo entre los ciudadanos, sino entre las campañas de los demócratas y los republicanos. Sin embargo, los candidatos están confiados en que ganarán.
Después de votar en un centro de recreación en Palm Beach, cerca de su casa de Mar-a-Lago en Florida, Trump se mostró optimista. “Veo que los conservadores están votando de manera muy poderosa”, dijo. Junto a su esposa Melania, sin corbata, con gorrita MAGA y con voz ronca de tanto trajín, Trump dijo a la prensa: “Me siento muy confiado, vamos a ganar por amplio margen hoy”. “Si esto es una elección justa, será el primero en reconocerla”, agregó.

Los votantes se arremolinaron temprano, antes de ir a sus trabajos, porque Estados Unidos es uno de los pocos países del mundo donde se vota un día laborable, una vieja norma de 1845 que fijó el martes para que no complicara el domingo de misa y la población tuviera el lunes para desplazarse en carruaje a donde estaban las urnas. Las filas crecieron a la hora del almuerzo.
Los centros de votación están repletos de carteles de los candidatos y afuera hay mesas de voluntarios “trumpistas” y “kamalistas” ofreciendo ayuda a quien lo necesite.
Al salir, los votantes se llevan pegado en el pecho un sticker que dice “I voted” (yo voté) y quizás algún souvenir de su candidato. Por ahora la jornada está tranquila y no se han registrado incidentes.















