Más allá del resultado electoral, no se esperan grandes cambios en la política económica del país vecino, salvo en el rol del Estado, con Petrobras como caso paradigmático. ¿Es posible una convertibilidad con el real?.

¿Qué pasará con la más grande economía latinoamericana a partir de 2023? Cualquiera sea el resultado electoral, Gustavo Perego, de la consultora Abeceb, dijo: “No creo que cambie la relación económica con la Argentina. El comercio intra-Mercosur es muy industrial, basado en movimiento entre multinacionales y con los contratiempos normales en las relaciones comerciales”.
Eso sí, en una economía mundial complicada y en la que China desacelera (en 2022, por primera vez en décadas, crecerá menos que el resto de Asia), el dinamismo de la economía brasileña es clave para la Argentina. Por caso, precisa un estudio de la Bolsa de Comercio de Rosario, Brasil es el destino principal de las exportaciones de Buenos Aires, Córdoba y Mendoza y el segundo de Santa Fe, provincias de las que proviene el 76% de las exportaciones argentinas.
A juzgar por la virulencia de la campaña electoral y ya no la grieta, sino el cañadón que divide a la política y la sociedad brasileñas entre los partidarios de Jair Bolsonaro y Luiz Inácio “Lula” da Silva, la probable derrota del actual a manos del ex (dos veces) presidente debería traducirse en un profundo cambio de política económica, pero esa sería una conclusión apresurada.
En la actual campaña, más de la mitad de los usualmente extrovertidos brasileños confesaron temor a expresar sus preferencias políticas. Tienen motivos. Solo en el primer semestre se registraron 214 muertes de tinte político/electoral: fanáticos de un candidato asesinando a los del otro, grescas, golpizas, irrupciones violentas. Y existe el riesgo de más violencia si, en caso de un triunfo de Lula, Bolsonaro lo desconociera, de lo cual ya deslizó la posibilidad con sus cuestionamientos al sistema de voto electrónico centralizado, el mismo que en 2018 le asignó una amplia victoria en la segunda vuelta de las elecciones de ese año.
Los últimos relevamientos de Ipec y DataFolha, dos reputadas encuestadoras, asignan a Lula una amplia ventaja y lo ubican cerca del 50% que necesita para ganar, este domingo, en primera vuelta. El último debate de candidatos, el jueves, fue dominado por los cruces entre Bolsonaro y Lula, casi invisibilizando al resto de los candidatos que bordean, entre todos, un magro 10% de preferencias. Sin embargo, observadores de la economía brasileña contaron a Infobae que es probable que, gane quien gane la elección, las líneas directrices de la política económica brasileña se mantengan.
Polarización presidencial, dispersión legislativa
En un reciente debate organizado por la Fundación de Estudios Políticos, Económicos y Sociales para una Nueva Argentina (Fepesna), el politólogo Carlos Malamud, del Real Instituto Elcano, de España, destacó que la polarización presidencial convive con la dispersión del voto legislativo y que el probable triunfo de Lula, más que confirmar una supuesta ola de izquierda en América Latina (en línea con los triunfos de Gabriel Boric en Chile y Gustavo Petro en Colombia), sería más bien una expresión de malestar social y rechazo a los gobiernos de la región. De las últimas 14 elecciones, precisó, en 13 ganó la oposición. El único triunfo oficialista fue en Nicaragua, donde el dictador Daniel Ortega básicamente encarceló a los candidatos opositores.
Carlos Fara destacó el peso de las cuestiones “valóricas” en el rechazo a Bolsonaro: su actitud ante la pandemia, sus comentarios sobre los temas de ambiente, género y aborto le valieron el apoyo de militares y evangélicos, pero un amplio rechazo de los sectores urbanos. A su vez, notó el economista y diplomático Felipe Frydman, exembajador argentino en Tailandia, Bolsonaro deja una situación económica envidiable.

“La economía no está en discusión: Lula, al igual que hace 20 años, ratificó el rumbo económico en todas sus reuniones con empresarios. Y tiene razón. Las exportaciones en los primeros siete meses de 2022 fueron de USD 194.000 millones. Este año tendrá un superávit comercial de USD 80.000 millones, crecimiento del PBI del 3%, tasa de desocupación de 9% e inflación del 8%”, dijo Frydman.
“La economía está en un proceso de recuperación significativo, 2022 va a cerrar con un crecimiento del PBI de 2,5% o más, cuando en el primer semestre se proyectaba un 1%, y la inflación bajando (desde los niveles actuales) a entre 7 y 8%”, coincidió Gustavo Perego. El Banco Central atacó el envión de inflación que había llevado la tasa por encima del 10% anual, el gobierno quitó impuestos a los combustibles para combatir el aumento del precio de la energía y el tipo de cambio, que había llegado a 5,80, se estabilizó en una banda de 5 a 5,20 reales por dólar, agregó Perego, quien también apuntó la baja de la tasa de desempleo: había llegado a superar el 11% pero cerraría el año por debajo del 9 por ciento.
En los últimos meses Brasil no solo redujo la tasa de inflación, sino que “deflacionó” precios y el gobierno extendió el “Auxilio Brasil”, una ayuda de 600 reales por mes, a cerca de 30 millones de brasileños. Hay creación neta de empleo y la tasa de ocupación ya superó el nivel de prepandemia de covid-19. “Más del 50% de la población tiene expectativas positivas sobre la economía”, dijo Perego. La dinámica se mantiene sobre una base firme de exportación de commodities agrícolas, mineral de hierro y energía, hay superávit fiscal primario y la deuda en relación al PBI se está reduciendo.
Desde el plan Real, hace ya 30 años, explicó el economista de Abeceb, la política económica brasileña tuvo 4 pilares: 1) superávit fiscal primario; 2) tasas de interés positivas; 3) tipo de cambio controlado, pero no fijo; y 4) metas de inflación, aunque implique que el PBI crezca a tasas menos exuberantes que las conocidas hasta inicios de los ochenta. Brasil cerraría el año exportando bienes por 320.000 millones de dolares y las reservas internacionales del Banco Central bordean los 350.000 millones de dolares.

Las perspectivas económicas son buenas y es improbable que cambien en una eventual presidencia de Lula, que eligió como compañero de fórmula a Geraldo Alckmin, exgobernador de San Pablo y miembro del Partido Social Demócrata Brasileño, del expresidente Fernando Henrique Cardoso, el artífice del Real. Además, la composición del Congreso seguirá dispersa y con gran peso de partidos de centro y filo-liberales (Centrao). “En Brasil manda el Congreso, no el presidente; gane quien gane, tendrá que negociar mucho cada medida de política pública”, dijo Perego.
La principal diferencia económica es que Bolsonaro y su ministro de Economía, Paulo Guedes, impulsaron la desregulación de la economía (lo hicieron en el sector eléctrico y con el sistema de pagos virtuales, lo quieren hacer con el Correo y otros sectores), impulso que se frenaría con Lula. “Aunque siempre en el marco del Real, Lula es mucho más estatista, tiene una base de votantes en el empleo público y cree en el liderazgo de las empresas públicas para traccionar el crecimiento”, dijo Perego.
Petrobras
La diferencia más clara sería Petrobras, que bajo Bolsonaro se focalizó en explorar y extraer (upstream) petróleo y gas y accedió a precios internacionales. El sitio Companies Market Cap rankeó a la petrolera como la undécima empresa más rentable del mundo en 2021 (detrás de Saudi Aramco, Apple, Google, Microsoft, ICBC, China Construction Bank, Equinor, ExxonMobil, Shell y Samsung; 4 petroleras en el Top 10) y es probable que en 2022 pique más alto: en el segundo trimestre batió prediciones con un aumento de 27% en sus utilidades; 54.300 millones de reales, unos USD 10.100 millones.
Lula, en cambio, cree que Petrobras debe proveer energía barata a los brasileños y, más que exportar petróleo y gas, impulsar una industria exportadora con más valor agregado, como le dijo al diario británico Financial Times.

Petrobras y el Banco Nacional de Desarrollo (Bndes) fueron nodos de escándalos como el Petrolao y el Lava Jato que ligaron a los gobiernos del PT (de Lula y Dilma Rousseff) con empresas como Odebrecht, cuyo titular fue condenado a 19 años de prisión por el pago de coimas. El propio Lula pasó 580 días preso. Finalmente, el Tribunal Supremo de Brasil anuló por una cuestión de jurisdicción los juicios en que había sido condenado por corrupción por el Juez de Primera Instancia de Curitiba, Sergio Moro, luego ministro de Justicia de Bolsonaro. Lula no fue absuelto ni declarado inocente: el juicio se anuló y ya no tiene cuentas pendientes ante la justicia brasileña.
Jorge Vasconcelos, economista jefe del Ieral de la Fundación Mediterránea, destacó que las bases del Real se fortalecieron con las reformas del gobierno de Michel Temer, quien completó la segunda presidencia de Dilma Rousseff, destituida por violar la Ley de Responsabilidad Fiscal. “Temer se asumió como un presidente de transición y designó en Economía a Henrique Meirelles, que introdujo reformas pro-mercado (como las laborales, que facilitan la creación de empleo), puso techo al gasto y cambió las expectativas de medio y largo plazo. Lula es el favorito para ganar las elecciones y está en el medio de esas dos experiencias, la de Dilma y la de Temer”, señaló.
Meirelles fue presidente del Banco Central durante las dos gestiones de Lula (2003-2010) y fue uno de los firmantes de la reciente “Carta a las brasileñas y los brasileños en defensa del Estado democrático de Derecho” firmada por artistas (Chico Buarque, Caetano Veloso, Marisa Monte, entre otros ídolos populares) e intelectuales y suscripta incluso por la Federación de Industrias del Estado de San Pablo (Fiesp), el más poderoso representante de la burguesía industrial brasileña.
Sin nombrarlo, esa carta es un claro rechazo a Bolsonaro y un implícito apoyo a Lula que, junto a Cardoso, también firmó el texto, que en un mes cosechó más de un millón de adhesiones. “Esa cartita”, la llamó Bolsonaro. Según Vasconcelos, si Lula elige a Meirelles como ministro de Economía y da lugar a economistas ligados a Alckmin, como Edmar Bacha y Percio Arida, enviará una señal de manejo responsable de la economía. “El Centrao tendrá dos tercios del Congreso. Eso justifica el statu-quo: no es que de estas elecciones salgan reformas que relancen la economía. No van a involucionar, pero tampoco a acelerar”, completó.















