No es la primera vez que Raniero Mancinelli, de 87 años y con una vitalidad envidiable, tiene que ocuparse de estos menesteres. Ya lo hizo para la elección de 1978, cuando fue elegido Juan Pablo II, y las siguientes de 2005 y 2013, de las que surgieron Benedicto XVI y Jorge Bergoglio.

Con el bullicio de fondo de peregrinos y turistas que van y vienen por una de las calles lindantes con el Vaticano, el sastre Raniero Mancinelli trabaja contrarreloj. En menos de una semana tiene que tener listas tres sotanas blancas de distintos talles.
Solo Dios sabe quién será el próximo Papa y, por lo tanto, nadie conoce el tamaño de su cuerpo. Pero en pocos días, un nuevo pontífice aparecerá en la ventana de la basílica de San Pedro y tendrá que lucir el correspondiente atuendo papal.
No es la primera vez que Mancinelli -de 87 años y con una vitalidad envidiable- tuvo que ocuparse de estos menesteres. Ya lo hizo para la elección de 1978, cuando fue elegido Juan Pablo II, y las siguientes de 2005 y 2013, de las que surgieron Benedicto XVI y Francisco. Pero no por ello deja de tener cierta ansiedad, aunque no pierde la disposición para contar cómo es su experiencia de vestir a los papas para el día de su aparición (y los siguientes).
Raniero es de Camerino, un pueblo al este de Italia. Su padre era agricultor y quería que siguiera sus pasos. Pero ya a los 15 años empezó en el oficio como aprendiz de un artesano. Casi 10 años después, en 1962, durante el Concilio Vaticano II, abrió su negocio. "Empecé hace muchos años siendo muy joven haciendo la sotana de los sacerdotes y con el tiempo también atendí a obispos, cardenales, hasta llegar a Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco", explicó.
Entre sus empleados están su hija, su nieto y un sobrino, y forma parte de su equipamiento una antigua máquina de coser Necchi, que tiene más de 100 años y que Raniero compró de segunda mano cuando abrió la sastrería y sigue usando porque todo se hace artesanal.

Además, se ufana de tener registrada la medida de casi todos los cardenales, lo que le permite responder a la distancia los eventuales requerimientos de los purpurados.
Trasluce su entusiasmo porque nuevamente el Vaticano le encargó confeccionar las tres sotanas que debe entregar directamente en la víspera del inicio del cónclave a más tardar. También está confeccionando las respectivas fajas y solideos (el gorrito blanco). Detalla que las sotanas están siendo hechas con una “tela de lana liviana bastante económica, más o menos la misma que usaba Francisco”.
Supone que muchas veces atendió al entonces cardenal Jorge Bergoglio. Pero recuerda la última vez que ocurrió: fue días antes del cónclave anterior en que concurrió a comprar una faja que necesitaba y que cuando le comunicó el precio le pareció alto y, riéndose, le dijo que era un ladrón. Pero señala que fue una adquisición de algo que usaría poco porque pocos días después sería elegido papa.
“Ahora al confeccionar las nuevas sotanas seguimos la misma línea que marcaba Francisco”, dice. Señala que generalmente el estilo de vestir del papa anterior influye en el siguiente. Y que, posiblemente, el estilo austero de Francisco continúe. “De todas maneras -afirma-, después se verá que querrá el próximo papa y si me llama a mí, como siempre estaré listo para ocuparme de su vestimenta”.















