Vivimos en un mundo en el que lo verosímil muchas veces parece más verdadero que lo real ,y es debido a este fenómeno que la gente cree en teorías conspirativas, fake news, o en cualquier disparate. La Selección Campeona del Mundo, si fue real.
Finalmente, después de 36 años, una Selección Argentina de Fútbol volvió a levantar una Copa FIFA tras ganar un mundial. Es un hecho real que lo vivimos como si fuera un triunfo colectivo de todos los argentinos, pero lo cierto es que es un triunfo del equipo, de su cuerpo técnico y sobre todo de los jugadores.
En las tribunas de Qatar, en las confiterías, o en los livings de los hogares, millones de argentinos, al partido y al resultado, lo sufrimos y lo gozamos, hicimos fuerza, pero al final terminadas las ceremonias y las premiaciones, nuestros problemas siguen estando ahí, tan reales como siempre.

"VERDADES" AUTOPERCIBIDAS
En el mundo de las redes sociales y la comunicación que nos toca vivir, lo verosímil muchas veces parece más verdadero que lo real. De hecho, se ha puesto muy de moda eso de las verdades subjetivas; "mi verdad" parece tan válida como "tu verdad". Y es debido a este fenómeno que la gente cree en teorías conspirativas, fake news, o cualquier disparate que la imaginación y los sesgos nos pinten, de alguna manera, creíbles, aunque sean una mentira.
Pero, lamentablemente, no existe tal cosa como "tu verdad" o "mi verdad", sino que existe "la verdad". Y lo verosímil, jamás podría ser lo real, tan solo puede intentar acercarse.
En nuestra Argentina, este fenómeno tiene una absoluta vigencia, ya que los hechos son interpretados de manera dispar por las subjetividades y los sesgos, o dependiendo del extremo de la grieta donde se encuentra el espectador.
Por ejemplo, se ha desarrollado, de un lado, toda una construcción casi religiosa sobre el supuesto fallido atentado que sufrió Cristina Kirchner a principios de septiembre de este año. Desde el otro lado se argumenta una sospecha negadora que asegura que todo fue un montaje.
Recientemente, se ha pronunciado la Corte Suprema de Justicia dejando fime la sentencia a 13 años de prisión contra Milagro Sala en la Causa Pibes Villeros. Es un fallo que viene a confirmar, no una sino cuatro pronunciamientos previos en igual sentido; el del tribunal a quo, el de la Cámara de Apelaciones, el del Superior Tribunal de Justicia y el de la Cámara de Casación. Pero hay una parcialidad de la sociedad, bastante ínfima aunque no por ello menos locuaz o inofensiva, que cree que habría alguna especie de conspiración judicial para castigar a Milagro Sala "por haber hecho tanto en favor de los pobres" y por ser "coya, negra y mujer".

De la misma manera ocurrió algo parecido con el reciente episodio judicial que terminó con una condena a seis años de prisión para la ex presidente Cristina Kirchner por defraudación al Estado por una suma cercana a los $90 mil millones de pesos en la Causa Vialidad. A pesar de las toneladas de pruebas presentadas públicamente en un juicio que -como otros, se trató por todos los medios non sanctos de evitarse- cumplió con todas las formalidades y garantías, hay un sector que sigue dispuesto a creer que esa misma conspiración de funcionarios judiciales y factores del poder económico, a la que bautizaron como “lawfare”, se confabularon para castigar "a la presidente más exitosa, nacional y popular de la historia" y cometer una terrible injusticia que algún día "juzgará la historia".
Como vemos, sobre un mismo hecho hay, entonces, dispares interpretaciones y conclusiones que son defendidas a rajatabla y con fanatismo que llevan peligrosamente a desconocer o desestimar las resoluciones judiciales, que en nuestro sistema no quedan firmes sino después de un largo periplo de apelaciones procesales.
El problema se agrava de alguna manera cuando es el propio gobierno el presenta los hechos manipulando los datos o tergiversando elementos para elucubrar una idea más o menos verosímil para instalar como una realidad. Tal como ocurrió en estos días cuando conocimos los datos de la inflación de noviembre.
"VERDADES" DIBUJADAS
La inflación noviembre dio un dato más bajo de lo esperado: 4,9%, acumulando 92% en un año. De esta manera, todo se encamina a que la inflación 2022, finalmente no superará la barrera del 100%.
Para el gobierno es una especie de triunfo. Y tal como vivimos en el mundo de las teorías conspirativas, las fake news, y las interpretaciones dispares, a muchos nos dio la sensación de que fue un número, cuando menos, dibujado; justamente con la intención de no superar esa temida barrera.
Insólitamente es la inflación más baja registrada en 9 meses, en un año marcado por inflaciones por encima del 6%. No hubo una transición, hubo un desplome descarado que nadie cree, ni nadie siente en sus bolsillos.
Sea como sea, lo cierto es que 4.9% sigue siendo una barbaridad. La poca o nula credibilidad que padece el gobierno deja un gusto a como si Guillermo Moreno hubiera vuelto al INDEC. El gobierno lo sabe, pero igual lo celebra. Y la verdad es que no hay nada que festejar.

Como vivimos en ese mundo de datos manipulados y medias verdades, no podemos dejar de analizar estos datos aunque parezcan falsos.
En el mundo, la inflación venía atada a la suerte de las consecuencias de la guerra de Ucrania. Se dijo en un momento que el fenómeno de la inflación se globalizó a partir de las medidas tomadas por muchos gobiernos durante la pandemia, y que se terminó de empeorar con el estallido de la guerra.
Pero en estos días, la inflación a nivel mundial parece ceder. Entonces, la baja de la inflación argentina, sería más bien un arrastre de la situación económica mundial y no un acierto de la gestión del ministro Massa. Eso si nos atenemos a las justificaciones que en su momento esgrimió el propio presidente de la nación sobre el fenómeno de la inflación. Ni hablemos de la famosa “multicausalidad”, sobre todo cuando por estos días parece que hubo una merma en la emisión monetaria para cumplimentar con los requisitos del Acuerdo con el FMI.
Por otro lado, si tenemos en cuenta que, tras la llegada de Sergio Massa al Ministerio de Economía, hemos entrado en un férreo sistema de control de precios, era previsible que en el corto plazo se iba a registrar una desaceleración de la espiral inflacionaria. La nueva versión de Precios Cuidados, Precios Justos, ya reúne casi 40 mil productos que pautaron congelar precios, o aumentar a un ritmo del 4% mensual. En la semana que pasó se aplicó otro tope de aumento para los medicamentos que no podrán aumentar más de 3,8%, casi en sintonía con los aumentos pautados para combustibles que en cuatro meses aumentarán casi un 20%.
Esto de ninguna manera quiere decir que los controles de precios funcionan. Lo indican las leyes físicas de la economía. Los controles de precios tienen límites y tienen patas cortas; algo ampliamente demostrado, prácticamente, desde la invención de la escritura.
Hoy el dato es que la inflación de noviembre fue más baja que la de octubre, y que fue más baja que lo previsto. El peligro es que se genere una olla a presión que termine explotando, como ya ha sucedido en la historia reciente y no tan reciente. Si estamos con una baja en la inflación por una cuestión estacional, como bien se ha indicado por algunos analistas, ayudada por un férreo control de precios, esto no puede durar por mucho tiempo.
Los pronósticos de inflación para el año próximo están en el orden mínimo del 120%. Carlos Melconian, en el seminario Propymes que organiza el Grupo Techint, vaticinó que "no hay chances" de que la Argentina crezca o baje la inflación en este 2023.
Los datos de la deuda argentina en dólares son escalofriantes, U$D 385 mil millones, un dato que derriba el mito del desendeudamiento... aun si restáramos el otro mito de los 100 mil millones de Mauricio Macri. Las cifras de la línea de indigencia llevan acumulado un aumento del 103% en los últimos 12 meses, y siguen trepando a alturas inalcanzables: una familia promedio, para no ser indigente, debió reunir ingresos en noviembre por $79 mil pesos, y $149 mil para no ser pobre. Insistimos: no hay nada que celebrar.
UNA VERDAD ABSOLUTA
Volviendo al Mundial, y relacionándolo un poco con esto de las teorías conspirativas, las fake news y los disparates que por estos días circularon, la política anduvo tironeando un poco de los éxitos y de las desavenencias iniciales de la Selección.

Por ejemplo, se aseguraba en el sector de la prensa afín al kirchnerismo que Mauricio Macri apostaba por una derrota de la Scaloneta, porque ello “lo beneficiaría electoralmente”. También, en un delirante silogismo que solo podría encontrar asidero dentro de una cabeza de termo, se aseguró, por un otrora prestigioso periodista deportivo ahora devenido en apologeta del kirchnerismo, más o menos que "la Selección y Messi son del gobierno, porque son del pueblo, y el pueblo está en contra del antipueblo". Hasta por Jujuy se ha viralizado una publicación que aseguraba que Hebe de Bonafini "desde el cielo ayudaba a la Selección".
Muchísimas ideas disparatadas anduvieron circulando. Y lo seguirán haciendo, pasada la algarabía del mundial. Entramos en un grado de delirio para fundamentar cosas que no han ocurrido nunca. Habrá que ver si el equipo de Scaloni ahora se presta para la puesta en escena que ya están planificando en Olivos para llenar una Plaza de Mayo con la Copa, Lionel Messi y Alberto Fernández, como aquella de Raúl Alfonsín y Diego Maradona en 1986.

Ya que están de moda los disparates, quizás nosotros podríamos aventurar uno propio. La idea de que sería bueno que los políticos -todos- tomen como modelo a la Selección Nacional, y especialmente a Lionel Scaloni y a Lionel Messi, a quienes deberían imitar, emular, copiar, e inspirarse, porque son personas mesuradas, correctas, humildes, técnicamente solventes que supieron cómo armar un equipo, que supieron cómo enfrentar al rival de cada oportunidad. Pero lamentablemente, es algo que quizás nunca ocurra, y quizás por ello sea un disparate, pero nos permitimos soñar.

El deporte le ha devuelto momentáneamente a la ciudadanía una experiencia que la política parece no está en condiciones de suministrar: la sensación de pertenecer a un todo, donde se olvidaron las diferencias. Es tal el nivel de fragmentación y de incompetencia en la política que a algo tenemos que aferrarnos. La irrupción espontánea del gentío que salió a desbordar las calles, a festejar el pase a la final y a celebrar la consagración, es una excelente oportunidad para que los profesionales de la política lo vean e indaguen en sus sentimientos para desentrañar sus motivaciones.















