Este martes se juega otra final en tribunales
No es para extrañarse que vayan a faltar dólares en un país en el que se vende barato para terminar re-comprando caro; donde faltan los dólares para los medicamentos o para los insumos para la producción, pero no para comprar una vetusta y descontinuada aeronave de lujo para el que el presidente viaje cómodamente por el mundo buscando inversiones que luego son espantadas por autoridades que desacatan las resoluciones judiciales, dirigentes que arengan puebladas y diputados que se comportan como barrabravas.
En la faz económica de nuestro análisis semanal, destacamos que la implementación del Dólar Soja 2 ha comenzado a impulsar algunas liquidaciones de la cosecha que quedaba aunque no al ritmo esperado; o cuando menos, no al mismo ritmo que tuvo en la primera versión de hace algunos meses.

El Banco Central se está haciendo con algo de las divisas necesarias para recuperar un nivel saludable en las reservas que permita cumplir con los compromisos internacionales, como el Acuerdo con el FMI, pero las adquisiciones de dólares por parte del BCRA se producen a cuenta gotas y con un caudal mucho menor que el esperado, hecho que podría traer problemas en el corto plazo, sobre todo con los empresarios que entraron en Precios Justos.
En la semana se registraron cinco rondas consecutivas de caída del dólar blue aunque con una anómala apreciación del tipo de cambio oficial, y en la otra docena de cotizaciones válidas de nuestro país que fueron cuesta arriba. Los analistas explican el fenómeno señalando que el dólar blue está buscando un nuevo piso al tiempo que el gobierno aprovecha los efectos de las intervenciones en el mercado -que no han cesado- para achicar la brecha y tratar de mantener un precio algo competitivo, por un tiempo, antes de que vuelva a ser necesario otro "sinceramiento" -devaluación-, de esos a los que nos estamos acostumbrando a que nos sorprendan semestralmente.
En la práctica real, tanto la operatoria del Dólar Soja 2 como las constantes intervenciones en el llamado mercado paralelo para pisar el precio de la cotización real, ponen de manifiesto el absurdo que implica el régimen de control de cambios vigente. Con el dólar soja, el gobierno paga a los exportadores un dólar a $230, que luego recompra a $170; debe ser el único caso en que se vende barato para luego recomprar caro; pero es la única forma de incentivar la liquidación de exportaciones, ya que de otra manera nadie le vendería dólares al gobierno al precio que este ha decidido fijar, violando no solo la lógica sino las leyes de gravedad de la Economía. Con un mercado libre de cambio y sin los cepos, la liquidación de exportaciones sería más fluida, pero evidentemente al gobierno no le conviene porque apropiarse de la mitad del producto neto agropecuario no sería posible y, sin ello, no tendrían ese margen de discrecionalidad con las diferencias sin tener que rendir cuentas.
Con la exigua entrada de dólares a las reservas, va a ser difícil que Sergio Massa pueda cumplir la palabra empeñada con los empresarios que entraron en el congelamiento bajo la promesa de que se les habilitarían dólares oficiales para hacer compras de insumos. Van a faltar dólares.
Contrariamente a lo que el sentido común debería indicar, no faltarán dólares para adquirir el reemplazo del Tango 01 que decidió por decreto Alberto Fernández. Mucho revuelo suscitó la adquisición de un vetusto y descontinuado Boeing 767, que reemplazará a otra reliquia que lleva años parada, para que el presidente pueda viajar con comodidad por el mundo junto a sus invitados, peluqueros, maquilladores, periodistas militantes y paseadores de perros. No hay dólares para medicamentos, ni para insumos para la producción, pero si para comprar un avión viejo. Que esén haciendo falta aviones hidrantes para combatir los incendios forestales, es un detalle que puede esperar. Mucho más económico sería arrendar o alquilar un avión. De viajar en aviones de línea, como hacía Ángela Merkel, o como hace nada menos que el Papa Francisco, ni hablar. Aunque esté en la recta final de su primer -y todo indica que será el único- mandato, el presidente de un país con más de la mitad de la población bajo la línea de pobreza, no se puede andar con chiquitas. Solo en Argentina.

Este martes 6 de diciembre se va a conocer el fallo de la Causa Vialidad, caso en el que la señora de Kirchner, ex funcionarios y empresarios amigos podrían resultar condenados por integrar una asociación ilícita. No solo se juzga la llamativa proporción en la asignación de obra pública que en la mayoría de los casos se cobró pero no se ejecutó –o se ejecutó de manera deficiente o incompleta-, sino también las peculiares relaciones familiares, personales y comerciales entre los Kirchner y los Báez que saltaron a la luz por el ingenioso diseño del circuito del cash flow de la obra pública que salía de las arcas del Estado y pasaba por alquileres fantasmas de hoteles vacíos. Si bien hay ribetes que recuerdan al altisonante caso Odebrecht, lo cierto es que en Brasil se trataba de los sobornos que una empresa pre-existente y de trayectoria pagó para hacerse con la obra pública. No es el caso de Austral Construcciones, ya que aquí se trata de una empresa creada prácticamente el mismo día que Néstor Kirchner asumía la presidencia, por alguien sin experiencia en la construcción privada -ni hablemos de obra pública de envergadura-, para pasar a ser un exclusivo proveedor del Estado.
El escándalo ocurrido este último jueves en la Cámara de Diputados tiene mucho que ver con este contexto. Tuvo diversas aristas, como que no resultó reelecta como presidente de la Cámara, Cecilia Moreau; no se aprobó un raro proyecto de creación de nuevas universidades algo flojas de papeles, y hasta se intentó sesionar sin el quorum apropiado.
Los ánimos ya venían bastante caldeados, principalmente por la Causa Vialidad y por la constitución del Consejo de la Magistratura, que el kirchnerismo ha logrado obstaculizar por completo, aunque con un serio costo político ya que los acérrimos de la vicepresidente van quedando cada vez más marginalizados. Lo cierto es que los diputados terminaron a los insultos, con groseras agresiones como la que pronunció el diputado Rodolfo Tailhade sobre el ex presidente Mauricio Macri y la UCR, o los gestos inapropiados del diputado Cristian Ritondo. Un espectáculo deplorable desde todo punto de vista.
Habrá que ver cómo concluye esta nuevo capítulo de la agenda pública argentina que tendrá un punto candente este martes cuando se de lectura al fallo del TOF 2. Por lo pronto, a lo largo de la semana se intensificaron las lamentablemente alarmantes manifestaciones de parte de referentes políticos y de sectores afines al kirchnerismo que advirtieron, no solo con desacatos sino con puebladas y desmanes. Si hasta se amenazó con "paralizar el país".

Es evidente que hay una sobreactuación de parte de estos últimos; sobreactuación alimentada por la constante autovictimización de Cristina Kirchner. Aun con una sentencia condenatoria, la vicepresidente no irá a la cárcel ni será inhabilitada en lo inmediato. Lo que sobrevendrá es una serie de nuevas judicializaciones que obstaculizarán el cumplimiento de un fallo del que se cansarán de desestimar por no tratarse de una "sentencia firme". Habrá apelaciones, primero a la Cámara, después a la Cámara de Casación Penal, después a la Corte Suprema y, si no fuera suficiente, el kirchnerismo está dispuesto a llevar este caso hasta la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Un recorrido que, siendo optimistas, tomará como mínimo 15 años, si es que tomamos como parámetros los tiempos de la causa de Rio Tercero, o del Contrabando de Armas a Ecuador. Y en todo ese lapso la señora de Kirchner no solo seguirá impune sino que seguirá siendo protagonista de la política argentina.















