A pesar de haber sido una semana corta por el fin de semana largo -extra largo para los jujeños-, hubo mucha entretela política de la agenda pública argentina que, como todas las semanas, vamos a analizar.

Por lo pronto, se viene otra semana corta, que se verá aún más acortada por el semi asueto que se proyecta en algunos puntos del país por el primer partido que protagonizará la Selección Nacional en el Mundial, y también por los tres días de duelo nacional decretados tras el inesperado fallecimiento de la señora Hebe de Bonafini, tema que merece un análisis aparte.
En la parte económica, la semana terminó con lo que aparenta ser una vuelta a la calma cambiaria con los leves descensos que se registran en la cotización paralela. El dólar blue cerró a $307 con leves bajas en los últimos días. Pero el dólar Contado con Liquidación cerró a $335. A esta variable, producto de una transacción de bonos entre privados, hay que prestarle especial atención porque se está estirando mucho la brecha.
El Banco Central sigue perdiendo reservas a un ritmo de casi U$100 millones por día. El ministro de Economía, Sergio Massa, instó a la tranquilidad asegurando que tiene disponibles unos U$10.000 millones disponibles para "seguir operando en el mercado cambiario único y libre". Sólo Dios sabe qué habrá querido decir, porque en nuestro país ni hay un mercado cambiario único ni mucho menos uno libre. Tenemos vigentes más de una quincena de cotizaciones.
La semana cerró con un importantísimo vencimiento de $150.000 millones de la monstruosa y fenomenal deuda en pesos. Habrá que ver qué tasa pedirá el mercado para renovar, aunque en la práctica no importará mucho porque renovarán de todas formas. Quizás con este dato a mano, Standard & Poor´s 500 le bajó la nota, significativamente, a la deuda argentina bajo el argumento de "la vulnerabilidad de los próximos seis meses".
Como todos los mediados de mes, se dieron a conocer los datos oficiales de inflación y pobreza. En el análisis de estos números salta a la vista el llamativo número de la canasta de indigencia que subió muy por encima de la inflación, registrando en octubre un incremento del 9,5% y acumulando un 100,8% anual. La canasta básica, es decir los ingresos que una familia de cuatro debe tener para no ser considerada pobre, quedó establecida en nada menos que $139 mil, es decir unos U$400 dólares que, al ritmo de las constantes devaluaciones para muchos han quedado muy lejanos y hasta inalcanzables. Evidentemente hay un problema con los parámetros que se manejan para establecer las líneas de pobreza e indigencia -hoy en $62.000-. Con estos números no debería sorprender la segunda caída consecutiva registrada -4,5%- en el consumo.
El secretario de Comercio, Matías Tombolini, para contrarrestar los efectos de la inflación contra la que seguimos en guerra, aunque innegablemente sufriendo una aplastante derrota, dispuso para el arsenal la creación del Observatorio de Precios y Disponibilidad de Bienes y Servicios, un mega organismo que estará integrado por organismos públicos, cámaras empresarias, sindicatos, entidades de defensa del consumidor, universidades y representantes de las provincias y de la Ciudad de Buenos Aires. Su principal misión será observar, como lo indica su nombre, y seguramente de tratar de que las leyes de gravedad de la economía no funcionen. Seguramente para los únicos que servirá de algo será para los que tengan cargos remunerados y para cobijar a otra cantidad de militantes en la administración pública a cuenta y orden de los contribuyentes. Por lo pronto, se reunirá este martes para definir agenda de trabajo. ¿Será otra Mesa del Hambre?

Destacable manía parecen tener en el gobierno con esa costumbre de empeorar lo malo, en un país en que el diseño de las políticas públicas priorizan que una familia pueda comprar en largas y cómodas cuotas sin interés una TV de 80 pulgadas para ver el mundial, en lugar de una casa; país donde tener una vivienda ociosa es asimilable al delito, mientras usurpar tierras es casi un derecho.
Terminó la gira de Alberto Fernández previo paso por España para no estar presente durante el discurso del acto de Cristina Kirchner por el Día del Militante Peronista, que tuvo lugar este jueves en el Estadio Único de la Plata, del que nos ocuparemos también más adelante.

Lo cierto es que el oficialismo hizo un balance altamente positivo del viajecito del presidente y una comitiva de más de 30 personas -entre ellos periodistas militantes- a la Cumbre del G20 en Bali, mientras en Entre Ríos un niño –Víctor Barreto, más conocido como “Chicha”- moría aplastado por un camión, en un basural mientras buscaba comida. Toda una postal del contraste de la desigualdad de nuestro país, una desigualdad que se suele achacar a un capitalismo del que cada día que pasa nos alejamos más.
EL CRISTINAPALOOZA Y EL NEOFASCISMO
Gran parte del gabinete de Alberto Fernández, con el que tiene que gobernar y gestionar el país, asistió al acto por el Día del Militante Peronista que organizó el kirchnerismo en el Estadio Único de la Plata. Fue un acto de indisimulable cariz opositor, aunque esta vez no hubo agresiones, ni chicanas, ni menciones ni de un tal Alberto ni de un tal Fernández. Tampoco hubo nada de confirmación de algún tipo de candidatura para el 2023, aunque se vio un fuerte operativo clamor.

Hubo una especie provocación de parte de Cristina Kirchner al llegar a este acto partidario, más bien de una facción de un partido, en el helicóptero presidencial. Entre otras notas de color, caben destacar la foto de Máximo Kirchner y de Mayra Mendoza colgados de algo, simulando ser una suerte de barras bravas. Una imagen bastante peculiar para el marketing hacia el mercado cautivo. La Facultad de Periodismo de la Plata dio asueto para que el alumnado pueda asistir. En la previa, la policía recorrió las escuelas circundantes al estadio avisando que se había suspendido el dictado de clases debido al acto. Esto último, quizás fue una especie de ensayo de lo que será el asueto del martes por el primer partido de la Selección Nacional.

Muy lejos de la calidad discursiva que suele tener, la ex presidente pronunció un discurso bastante inconexo, desordenado y conspiranoico, con alarmantes ribetes autocráticos por momentos. Desde el punto de vista económico fue el más económicamente marcado que ha dado. Presentó una visión estadocéntrica de la economía que fácilmente podría confundirse con una suerte de neofascismo. Para Cristina Kirchner, el Estado es el que debe operar, intervenir, actuar, distribuir, articular... "dentro del Estado todo, fuera del Estado nada", resumiría mejor un tal Benito Mussolini.
Por primera vez, con cierto cinismo, habló de la problemática de la seguridad. La vicepresidente aventuró la extraña noción de que el problema de la seguridad depende de las "fuerzas políticas" controlen a las fuerzas armadas y de seguridad. "Esto se va a resolver el día que la política controle a la policía en el caso de la ciudad y de la provincia", sostuvo. ¿Acaso las fuerzas políticas gobernantes no controlan y manejan a las fuerzas de seguridad? Quizás ella se refiera un tipo de control más estricto a cargo de comisarios políticos, como los de las SS o de los Camisas Negras. Quizás por ello puso como ejemplo a seguir a Hugo Chávez y a Rafael Correa.
Como ocurre con frecuencia en sus diatribas, Cristina Kirchner suele exponer sus particulares lecturas de la historia argentina en la que ella es la protagonista central o un punto de inflexión. Argumentó que el atentado fallido que sufrió significa una ruptura del pacto democrático. De allí se justifica, entonces, toda la presión sobre la jueza Capuchetti para que otro juez intervenga en esa causa y determine que efectivamente hubo una conspiración de la que participó Mauricio Macri. De otra manera, si todo el circo del atentado queda reducido a unos cuantos delirantes, se cae la épica del ataque contra la democracia que ella supone encarnar y que predica con especial fervor casi religioso.

Cristina Kirchner sostuvo que "hasta el pacto democrático que se rompió, gobernaba el partido militar", que ahora fue sustituido por el "partido judicial". La vicepresidente supone o cree que la Justicia, o buena parte de ella, es un partido político y que este partido político sustituye al golpismo.
Y aquí es donde el discurso adquiere rasgos cada vez más alarmantemente egocéntricos y autocrátricos. Todo el tiempo marcó una diferenciación entre los gobiernos nacionales y populares, entre los que destacan el suyo y el de su fallecido esposo, con los demás gobiernos. Es una diferenciación bastante arbitraria y subjetiva, inexistente en las constituciones o en las leyes, y que solo existe en la imaginación de la señora y su militancia.
La realidad es que todos los gobiernos nacionales, son nacionales. También, todos los gobiernos nacionales constitucionales son populares, ya que surgieron del voto popular. Por tanto esta diferenciación que ella se empeña en resaltar para diferenciarse es algo peligrosa, porque el saco de nacional y popular cortado y diseñado a medida de ella y para ella, se lo pone luego a quien ella quiere, y con ello deslegitima a otros gobiernos.















