Finalizó el ciclo lectivo 2017 en todos los establecimientos de la provincia. Este año se ha vuelto a implementar un examen de ingreso para que los egresados de séptimo grado inicien la educación secundaria. Los resultados son realmente alarmantes pues es enorme la cantidad de niños que no han rendido bien. La alta tasa de fracaso escolar es una consecuencia de un sistema educativo deficiente y un ministerio que deja mucho que desear.
El prestigioso economista y docente universitario jujeño, el licenciado Juan G. Ljungberg, es muy conocido por haber ejercido el Ministerio de Economía de la Provincia. Sin embargo, su paso por el Ministerio de Educación, como titular de esa cartera, con frecuencia pasa desapercibido por lo efímera que fue esa gestión, que tuvo una vida de sólo nueve meses debido a que fue luego nombrado en el otro ministerio.
Ljungberg compartió con NOTINOR.COM su mirada sobre la Educación, los problemas del Ministerio de esa cartera, y brindó detalles de un plan de re-diseño del Nivel Terciario e institutos de formación docente y profesorado que pudo haber cambiado la realidad de haberse implementado. Hoy persisten los mismos problemas de hace 20 años, seguramente agravados por crecimientos exponencial inevitable que se produce en las cosas desatendidas con el paso del tiempo.

Por Juan G. Ljungberg -- La misión de todo el sistema educativo es formar a los estudiantes. Por lo tanto el sistema debería ser alumno-céntrico, ya que todos los actores del sistema deberían funcionar como satélites girando en torno al alumno. Sin alumnos a los que formar el sistema no existiría.
Sin embargo hoy el sistema educativo, de la manera que fue concebido por los gremios y los docentes, funciona como un sistema docente-céntrico. Se prioriza al docente por encima del alumno y lo que tenemos es un sistema distorsionado que no da buenos resultados.
Estadísticamente, de 100 alumnos que ingresan al secundario, solamente egresan 50, en Jujuy la cifra de terminalidad es menor, ya que es de 48. Esto quiere decir que el sistema educativo pierde a más de la mitad de sus ingresantes.
Esos chicos perdidos están en la calle, con todos los riesgos que ello implica a esa edad de la adolescencia. Si bien hay una enorme responsabilidad del gobierno, no es menos cierto que en esto también hay una responsabilidad de los padres que por X razones han perdido el control de sus hijos. Esta generación no tiene el acompañamiento que tuvimos en otras generaciones.
Es grave que esto se haya naturalizado. No se escucha a nadie lamentar que perdemos a 50 de 100 alumnos. No se escucha ni a los gremios ni a los funcionarios referirse a este grave problema.
Con las evaluaciones docentes nos enteramos, afortunadamente, que de esos 48 que quedan, de los que llegan al final, la inmensa mayoría, el 86%, no tiene las habilidades mínimas requeridas. Es decir que casi todos los que salen de la secundaria, salen sin saber nada,
Esto quiere decir que el sistema no sirvió para nada. Perdieron la mitad, y de la mitad que quedó el 86% no sabe nada. No estamos hablando de lo mediocre ni de la excelencia, sino de lo mínimo.
Por lo tanto el 86% de los alumnos que salen del sistema educativo medio no está habilitado ni para el mundo del trabajo, ni para el mundo de los estudios superiores
EL SISTEMA EDUCATIVO Y EL MINISTERIO
El sistema educativo de Jujuy, en números, es el área más significativa de la administración pública provincial al contener a más de la mitad de los agentes. El número ha ido creciendo, sobre todo en los últimos quince años, de una manera más pronunciada que el resto de la administración.
Es un sistema complejo ya que abarca todos los sistemas educativos, desde el nivel inicial o jardín hasta el nivel terciario, extendidos por todo el territorio provincial; con todo lo que es el personal docente y el no docente -administrativos y de servicios-, y las relaciones con los estudiantes y sus familias, y los gremios.
El problema no radica en lo enorme o lo complejo sino en que es, y ha sido, un ministerio mal administrado.
El problema de administración del ministerio es mayor al pedagógico-docente-didáctico, que es la esencia de la función. En este último aparecen problemas particulares, sobre todo en el nivel medio y terciario, mientras que el nivel primario es el más rescatable desde esta perspectiva; sin embargo también viene en declive aunque no de manera tan perceptible como los otros dos.
LA FALTA DE PREPARACIÓN DE DOCENTES JERÁRQUICOS
Uno de los problemas de administración radica en que los funcionarios de la carrera docente, docentes que culminan como supervisores generales o inspectores, no cumplen -en general- su tarea esencial, que es la vigilancia, el control, el acompañamiento, el asesoramiento, y la conducción pedagógico-docente de los equipos docentes de los establecimientos bajo sus respectivas jurisdicciones.
En el área de Gestión Educativa reside el mayor problema de este ministerio porque quienes llegan a estos niveles lo hacen por un sistema muy viejo, perimido y perverso que no sirve, que hay que modificar sustantivamente, que está enquistado en los temas de capacitación que se permiten en las Juntas de Clasificación -mal llamadas así porque no clasifican sino que califican- por el cual, por puntaje, van ascendiendo en la carrera docente y accediendo a los cargos superiores.
Estos cargos superiores, tanto a nivel escuela -Director/a, Vicedirector/a y Secretario/a- y después en los de Inspección e Inspección General, implican roles que se complejizan y deben enriquecerse las habilidades y competencias que tienen que tener quienes desempeñan esos cargos.
En estos niveles no se trata tanto de que los profesores o maestros conozcan de Pedagogía o de Didáctica, sino que deben saber de Administración. Un director de Escuela, además de dirigir al cuerpo docente, tiene que gestionar su escuela. El problema es que no están formados para ello. Recién ahora parece que con una corriente de Nación se está impulsando estas capacitaciones en este campo.
Yo lo intenté comenzar en su momento, hace casi 20 años atrás. con quien hoy es ministro de Cultura y Educación de la Provincia de Buenos Aires, Gabriel Sánchez Zinny, con un programa que se había pensado para dar formación de post-título a estos docentes. La intención era poner como requisito para acceder a esos cargos de conducción, tanto en las escuelas como en el nivel superior, tener un post-título en Administración Educativa; me fui del ministerio y no se hizo más nada, ojalá ahora se haga algo.
Los directores de escuela y los inspectores deben ser capaces de conducir los recursos humanos que tienen bajo su mando, y gestionar los otros recursos financieros y físicos. Para esto hay que prepararse. La formación docente por sí sola no es suficiente para ejercer estos cargos. Los docentes en su programa de estudios tienen una materia llamada Administración Educativa, que son pincelazos muy genéricos sobre esta competencia, pero la vieron hace 20 o 30 años cuando estudiaron para ser docentes. Esta actividad requiere un Post título.
LA CULPA NO ES DEL CHANCHO…
En la Función Pedagógica también tienen un grave problema porque con este sistema de puntajes, tan perverso, para ascender y llegar a esos cargos se admiten puntajes por cosas que no contribuyen en nada a la formación docente, mucho menos en la formación de administradores.
Sin embargo los docentes hacen todo por obtener esos puntajes haciendo cursos de tarjetas navideñas, cursos de papel mashé. Solo hay que ir a ver la oferta disponible en las Juntas. Son cursos inservibles, para un docente de Matemática, Lengua, Historia o Geografía, que quizás están muy bien para un profesor de Actividades Prácticas, pero no para esas otras materias. Empero todos los docentes se forman en esto, y resulta que no hacen cursos ni de Matemática, ni de Lengua, ni de Historia, ni de Pedagogía, ni mucho menos de Administración.
Lamentablemente es la oferta que hay a nivel local tanto en instituciones públicas como privadas, institutos como Intela o Populorum Progressio que han visto un nicho de mercado ahí, y es lo que ofrecen; no es culpa ni de los docentes ni de los institutos, sino del Estado que permite estas cosas para la formación docente y para la jeraequización.
LA FALTA DE FORMACIÓN DISCIPLINARIA Y LA NECESIDAD DE REDISEÑAR EL NIVEL TERCIARIO
En la Facultad de Ciencias Económicas hemos hecho tres períodos de articulación con el Nivel Medio para darles a los docentes títulos de Profesor Universitario en Economía, Contabilidad y Administración, y Ciencias Jurídicas. Lo que se observó es que la formación de los docentes que fueron a tomar estos cursos, en lo que era formación pedagógico-docente, era aceptable; sin embargo no tenían la suficiente formación disciplinaria para la especialidad a la que querían acceder. Sabían enseñar, pero no sabían lo que tenían que enseñar.
He aquí otro desafío: hay que mejorar la Formación Disciplinaria. En los centros de formación docente no hay un buen nivel en la Formación Disciplinaria, sobre todo en materias muy especializadas, como la Contabilidad o el Derecho.
La idea mía. cuando fui ministro de Educación, fue implementar una reforma con tres grandes institutos especializados, con dispersión geográfica en el territorio provincial.
Un Instituto de Formación Docente, dedicado exclusivamente a la formación de docentes, con una currícula global y centralmente definida. El problema de hoy es que en esos IFD se han ido incorporando tecnicaturas, como turismo, prácticas agropecuarias, carreras que ampliaron la oferta, pero que nada tienen que ver con la docencia, además del hecho que los IFD, institucionalmente, no están preparados para ofrecer.
Por esta razón había que formar un Instituto Politécnico, también con sedes en el interior, dedicado a administrar la formación de técnicos. Esta formación no es para ser docente, sino para el mundo del trabajo. Es totalmente distinta la lógica que tiene una institución de este tipo frente a un IFD. Sin embargo hoy están mezcladas, y lo que termina pasando es que las formaciones técnicas son muy flojas, porque no responden a las necesidades del mundo del trabajo porque están pensadas desde de la lógica de la docencia y no desde la lógica técnico-profesional. Para eso sirve esta institución politécnica, que tiene que estar muy vinculada al mundo del trabajo y de la producción, demandante de ésta mano de obra.
La tercera institución de mi proyecto era un Instituto de Formación Artística, que concentrase a las escuelas de formación artísticas dispersas, como ser Teatro, Danza, Cerámica, Música, Plástica. Tenemos muy buenos docentes y muy buena formación, pero está faltando una perspectiva holística, general, comprensiva, que también tiene que estar distribuida en el territorio.
Hay que especializar. Cada una de estas instituciones tiene una lógica distinta, cuando están mezcladas, no son ni chicha ni limonada. Tienen que responder a una lógica institucional, a una epistemología propia de cada uno de estos universos del saber que son distintos.
Dejo planteada la necesidad de ver este problema desde una perspectiva distinta. Es algo que debe plantearse porque de otra manera se van a seguir creando carreras técnicas inútiles, y vamos a seguir teniendo egresados que no encuentran trabajo en lo que estudiaron.
PROBLEMAS DEL MINISTERIO
El ministerio tiene que perfeccionar su sistema. Hace 20 años no disponíamos de la tecnología de hoy: de la comunicación, de internet: las computadoras estaban en sus inicios. Sin embargo hoy siguen sucediendo las mismas cosas que hace 20 años.
Uno de los temas que tiene que ver con la gestión de instituciones educativas, es el problema de los llamados "profesores taxi", fenómeno que se da en la secundaria. Se trata de docentes que tienen las horas dispersas entre establecimientos, lo que da lugar a numerosos hechos de corrupción.
Esto lo habíamos descubierto hace 20 años y sigue ocurriendo. Como ejemplo hipotético tenemos a un profesor de la Escuela Normal de Jujuy que tiene su cátedra de 10:00 a 10:40 en ese establecimiento; de 10:50 a 11:30 tiene la misma materia pero en Volcán, y de 11:40 a 12:20 en Caimancito. Son situaciones físicamente imposibles.
Estos docentes cobran en todos lados, pero no van a dar clases, o cuando menos, no en la frecuencia que deberían hacerlo. En un establecimiento piden permiso, en otro dan parte médico. Esto lo pudimos descubrir en esos tiempos cuando la gente tenía miedo a meterle mano a una computadora... y sin embargo sigue ocurriendo en esta época en la que ya se ha superado ese miedo. Hoy con la tecnología se puede tener todo eso controlado y evitar esas cosas.
Este problema de los “profesores taxi” trae a correlato el famoso tema de las horas libres. Cuando fui ministro intentamos recopilar esta información, sobre cuántas horas libres tienen los chicos por causa de los profesores que faltan, que se enferman o tuvieron problemas reales. Era impresionante la cantidad de horas libres que tenían los chicos.
Esto tiene dos consecuencias. Por un lado no tienen las horas de clases que en teoría debieran tener. Más allá de problemas externos, como huelgas y paros que en nuestra provincia son muchos, a esto se suman las horas libres cuando el profesor no da clases. Y por otro lado está el gran interrogante sobre qué es lo que hacen los chicos con este tiempo perdido.
En las horas libres, los preceptores debieran hacerse cargo de los cursos y, si son docentes, debieran orientar a los chicos y por lo menos ponerlos a leer. Si la materia de la hora libre era Historia, hay que hacer traer libros de la biblioteca, y ponerse a leer sobre Historia. Si el preceptor es docente, aunque no sea profesor de Historia tiene las herramientas necesarias como para conducir una hora o dos horas para que los chicos no estén deambulando en horas de clases.
Lo grave es que hoy los chicos deambulan en las calle, antes por lo menos lo hacían en el colegio. No pueden estar los chicos deambulando en la calle, porque si pasa algo es responsabilidad del director. Parece que sobre este problema las autoridades aun no tomaron conciencia y ahí andan los chicos por la calle, con sus uniformes y útiles durante las horas libres.
Las autoridades tienen que ponerse a ver este tema porque es un tema muy serio: la cantidad de horas perdidas, y los chicos deambulando en la calle. Los padres suponen que los chicos están en el colegio, aprendiendo, y no lo están; no están ni en el colegio, ni están aprendiendo.
De esto no se discute; los funcionarios están perdidos en otras discusiones. Esto pasa porque hemos perdido la lógica de que el centro del sistema educativo es el alumno, y no el docente.
PROBLEMAS QUE SE TRASLADAN A LA UNIVERSIDAD Y AL MUNDO DEL TRABAJO
Mencionábamos al principio el problema de la terminalidad y de las magras habilidades que adquieren los chicos en este sistema deficiente, que se trasladan ya sea a los estudios superiores, o al mundo del trabajo.
En los estudios superiores, esta deficiencia redunda en el fracaso de la gran mayoría de los que ingresan, porque se dan cuenta que no tienen hábitos de estudio ni las habilidades mínimas requeridas para las carreras que eligieron. Estos alumnos se frustran y terminan abandonando en primer año. Es enorme en números el abandono de carreras.
En el mundo del trabajo, estos alumnos sin habilidades mínimas afecta a la productividad. Esta gente no está en condiciones de rendir en un trabajo. Las empresas que toman a estos empleados cargan con el costo de un trabajador improductivo, costo que se traslada al precio y es el precio que paga el conjunto de la sociedad. Hace que las empresas no sean competitivas.
Estos tristes destines a los que condenamos a miles de jóvenes con un sistema que cada año demuestra que no sirve, podrían ser otros si se cambia la centralidad en el sistema sistema educativo, y eso solo por empezar. En primer lugar hay que redefinir los roles.
Los alumnos deben estar en el centro del sistema educativo. Es esencial que la centralidad de los estudiantes vuelva a ser la regla, porque cuando la centralidad pasa a los docentes, tenemos un sistema desvirtuado.
Los padres, que también son parte de la comunidad educativa, muchas veces se desentienden de sus hijos por muchas razones. Quizás las exigencias de la vida de hoy son muy diferentes a las que hubo en esas generaciones que tuvieron mayor acompañamiento. Pero debe haber un compromiso en esto si es que se quiere un cambio en los resultados. Los niños y jóvenes necesitan del acompañamiento y el seguimiento que deben ejercer los padres.
Los docentes deben recuperar la pasión y la vocación por enseñar, por ayudar a aprender, y por educar. Deben dejar de considerarse, solamente, "trabajadores de la Educación". Claro que lo son, pero también ejercen un rol muy significativo e importante para la sociedad, y por ello deben ser arquetipos de valores.
Funcionarios del ministerio de Educación, docentes, y padres, deben girar en torno a esa persona que se está formando. Solo así se podría volver a tener el éxito que supo tener Argentina en materia educativa. El centro de todo sistema educativo, debe ser el alumno... porque sin alumnos no tiene razón de existir.
















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