Higuaín (2), Messi y Lamela marcaron para el 4-1 de la Selección, que sumó otra buena actuación y el martes enfrentará a EE.UU.. Romero atajó un penal en el primer tiempo.

Basta. Se acabó. Chau fantasmas de Boston. Es cierto que jamás se olvidará aquella tarde del Mundial 94 en la que en este mismo sitio una enfermera llevó a Maradona de la mano hasta un control antidóping que le daría positivo y que significaría su última vez en la Selección. Sin embargo, desde este sábado 18 de junio, bien lejos de cualquier pesadilla, hay una dulce historia para contar con otro 10 para la memoria. El combo es perfecto. En aquel lugar del dolor, aunque el estadio es otro porque fue demolido y reconstruido en su totalidad, Argentina impacta a pura contundencia y salta a semifinales de la Copa América con Messi, el sucesor de Diego, en su esplendor, dejando una huella imborrable y alcanzando a Batistuta como máximo goleador histórico celeste y blanco. Un triunfo rotundo: 4-1, para ir a la caza del local, de Estados Unidos, que en Houston espera.
El plan inicial de apostar a un partido de repliegue y contraataque no le había salido a Venezuela, que se disponía con un 4-5-1 tendiente a tapar a los laterales y a enfrentar a Banega y a Augusto con dos medios, dejando a un tercer volante libre para cubrir espacios defensivos, pensando en sorprender con Rondón. Todo dentro de una intención de transformar cada escena en física, con roces, con golpes, castigados con demasiada liviandad por el árbitro mexicano García Orozco.
Argentina avanza a paso redoblado. Hubo detalles colectivos en el retroceso y en defensa, aquellos del primer tiempo, para corregir. Pero las aristas positivas ganaron por goleada. Messi se liberó del récord, si es que le pesaba. Higuaín se sacó la mufa. Romero se agrandó. Martino le dio una mano al equipo en el entretiempo... Ahora Houston, Estados Unidos, la semifinal. Chau Boston. Chau fantasmas. Si alguna vez la Selección aquí vuelve, habrá una linda historia para contar.















