Se trata de una demanda legal que tramitaba en los Estados Unidos desde hace casi 30 años. Podía costarle más de 14.000 millones de dólares, pero la petrolera pagará solo 287 millones.

YPF se sacó de encima un juicio millonario mediante un acuerdo conciliatorio en los tribunales internacionales. Se trata de la demanda por daño ambiental que la petrolera con mayoría accionaria del Estado arrastra desde hace décadas, cuando bajo la presidencia de José “Pepe” Estenssoro, en 1995 se decidió comprar la empresa estadounidense Maxus.
El conflicto era conocido como la “espada de damocles”, ya que podía costarle más de 14.000 millones de dólares. Pero se llegó a un acuerdo, en el marco de los 30 años de la empresa cotizando en la bolsa de Nueva York. De acuerdo a lo negociado, YPF pagará 287 millones de dólares y los querellantes retirarán los cargos.
Los analistas que siguen de cerca los movimientos de la compañía se preguntan por qué el ingeniero civil accedió a esa operación. En 1995, YPF todavía no había sido privatizada, pero ya hacía dos años que cotizaba en los Estados Unidos. La demanda fue entablada en el tribunal de Quiebras de Delaware: el valor que se reclamaba era superior al de la empresa.
Según estipula el acuerdo firmado este jueves, “YPF, el Fideicomiso de Liquidación Maxus y Repsol firmaron un acuerdo conciliatorio y de liberación (el “Acuerdo Conciliatorio del Fideicomiso”), que establece la liberación y absolución total de todos los reclamos a cambio del pago de un importe conciliatorio, sujeto a la satisfacción o dispensa de ciertas condiciones, incluyendo aprobaciones judiciales y otros eventos procesales, conforme se describe más adelante”.

Y añade: “De conformidad con el Acuerdo Conciliatorio del Fideicomiso, el Fideicomiso de Liquidación Maxus ha acordado desestimar (dismiss with prejudice) todas las acciones iniciadas contra YPF y Repsol y otorgar una liberación y absolución total de los reclamos, a cambio del pago de 575 millones de dólares, del cual YPF acordó pagar 287,5 millones (menos ciertas deducciones), más los intereses que se devenguen desde el 1 de mayo de 2023 hasta la fecha de pago”.
Por qué YPF fue demandada
Estenssoro quiso hacer de YPF una empresa internacional, en un contexto de fuerte apertura de la Argentina al mundo, y adquirió una compañía que tenía activos en América Latina y en Asia, pero con un pasado oscuro.
En los años '50 y '60, Maxus tenía una planta industrial sobre el río Passaic, en New Jersey, donde producía el químico “agente naranja”, altamente contaminante, que utilizó como arma la fuerza aérea estadounidense en la guerra de Vietnam.
Antes de que YPF adquiriera Maxus, esta empresa había vendido su planta industrial a la estadounidense Occidental Petroleum (OXY), pero le había otorgado una suerte de garantía de “inmunidad ilimitada”, sin límite de tiempo ni de monto. Esto significaba que, en caso de que en algún momento le exigieran una reparación económica por la contaminación sobre el río Passaic, Maxus se haría cargo.
Si bien la conciencia por el daño ambiental no es la misma actualmente que hace 30 años, ya en esa época se advertía sobre la carga que podía significar en el futuro. El río Passaic está próximo a Nueva York y pasa cerca del aeropuerto internacional Newark, en Nueva Jersey. “Es como nuestro Riachuelo”, grafican quienes conocen la zona. Sin embargo, pese a esta situación, YPF compró Maxus por 762 millones de dólares.
Maxus, empresa que YPF compró en 1995, producía el químico “agente naranja”, altamente contaminante.
Maxus tenía su propio directorio y gerencia, pero el control accionario dependía de YPF y de Repsol, cuando la española compró a su vez la participación mayoritaria de la firma argentina (1999-2012). Durante este tiempo, Maxus fue vendiendo sus activos y cada vez más dependía de los fondos que le daba YPF para cubrir sus obligaciones, entre ellas, el dinero que destinaba a instituciones de medioambiente para remediar el daño causado en el pasado.
En 2015, YPF analizó la decisión de ponerle fin a Maxus y presentarla en quiebra. La empresa prácticamente no tenía actividad y en los Estados Unidos se le pedía que aporte cada vez más fondos por la contaminación ocasionada.
Al año siguiente, ya bajo la gestión de Miguel Gutiérrez, YPF presentó a Maxus en concurso preventivo de quiebra (chapter 11) y propuso crear un fideicomiso de 200 millones de dólares para cualquier contingencia que pudiera ocurrir con los acreedores.
OXY y el resto de los proveedores no aceptaron la propuesta y la Justicia frenó la quiebra. OXY indicó que resultaba perjudicada, ya que tenía a su favor el compromiso de “inmunidad ilimitada” que había ofrecido Maxus antes de que YPF la comprara, y que la Justicia había determinado que era válido. Ahora, eso se saldó con un acuerdo.














