Diez años después de que se convirtiera en primer ministro, Narendra Modi se declaró este martes vencedor de las elecciones en India, aunque con una victoria más ajustada de lo esperado que le obligará a depender de sus aliados políticos.

Con el conteo aún en desarrollo, la alianza de partidos encabezada por Modi alcanzó el umbral de 272 escaños necesarios para formar un gobierno.
Pero el partido nacionalista hindú BJP del primer ministro perdió su mayoría absoluta parlamentaria y se prevé que finalice las elecciones con 240 de los 543 escaños existentes, muchos menos que el objetivo de 400 escaños que se fijó durante la campaña electoral.
La coalición de oposición INDIA ha tenido un desempeño mucho mejor del esperado, consiguiendo 193 escaños hasta el momento en todo el país, con un resultado particularmente fuerte en el sur.
En el distrito electoral de Modi, ubicado dentro de la ciudad de Varanasi, en el noreste de India, Shiv Johri Patel se gana la vida tejiendo sari, un vestido tradicional indio. Admite que tiene muchas preocupaciones, pero agrega que desde hace tiempo tenía claro a quién le daría su voto.
"Modi ha hecho un gran trabajo. Bajo ningún otro gobierno los pobres obtuvieron tantas prestaciones sociales", afirma.
Patel añade que a sus hijos les cuesta encontrar trabajo y que lo estafaron para quitarle un pago de asistencia social que le otorgó el gobierno federal, pero no culpa al primer ministro. Con 73 años, Modi sigue siendo una figura muy popular pero igual de polarizadora, tanto en India como en el extranjero.
Sus partidarios afirman que es un líder sólido y eficiente que ha cumplido sus promesas. Sus críticos alegan que su gobierno ha debilitado las instituciones federales y ha tomado medidas contra la disidencia y la libertad de prensa.
También lo acusan de menospreciar a la minoría musulmana en el país, que, según dicen, se siente amenazada bajo su gobierno.
"Modi tiene grandes admiradores y críticos. O te gusta o no te gusta", explica el analista político Ravindra Reshme.















