Finalmente se termina el 2014 con más penas que glorias para un gobierno provincial más preocupado por los resultados de las encuestas que por gobernar y mejorarle la vida a miles de jujeños que los bendijeron con el voto. Es por ello que las energías y los dineros públicos parecieron estar más concentrados en opinadores y medios amigos que relataron el dibujo de una encuesta "a medida" contestando, a riesgo de la propia credibilidad y prestigio, los números de la realidad que varias consultoras de distinta extracción realizaron para partidos políticos y empresas privadas.
Lo cierto es que las encuestas son como los diagnósticos de salud, o como las fotografías: reflejan el momento. Un diagnóstico médico expresa el estado de salud en ése momento, indicando al médico y al paciente la estrategia y el tratamiento a seguir, en caso de existir enfermedad. Con las fotografías ocurre algo similar, y quien se preocupa por su imagen tratará de mejorar los hábitos si quiere salir más lindo en la próxima foto. Un mal diagnóstico puede ser fatal para salud, igual que una fotografía fuera de foco puede llegar a engañar por un tiempo, pero nunca todo el tiempo. Lo que no vale, ni con los diagnósticos médicos y las fotografías es autoengañarse, porque puede resultar malísimo para la salud, o pueden autoconvencernos de una realidad imaginaria. Lo mismo vale para las encuestas; deberían servir para que los políticos definan las estrategias y preparen el discurso para ganarse los puntos que les faltan... pero nunca para autoengañarse.
Dicen que la mejor encuesta es la propia elección. Ella es la que da los resultados definitivos e incontestables -si es que no hay manipulación-, y la que termina por confirmar qué tan serios fueron los sondeos de opinión que reflejaron la tendencia de la opinión pública. Es el resultado de las elecciones el que, confrontado con los números que dieron las encuestas previas al comicio, pondrá en evidencia quién vendió -y compró- buzones, quien intentó influir sobre los indecisos con estrategias de marketing disfrazadas de encuestas, y quién fue mostrando la realidad tal cual fue evolucionando. Y es que como dijimos, las encuestas -las verdaderas- reflejan el momento y deben hacerse periódicamente para verificar la evolución de los guarismos. Hemos decidido, en NOTINOR.COM, guardar todas las publicaciones de encuestas que se hagan hasta el día de las elecciones del 2015; pasadas las mismas haremos un cotejo de números que dejaremos plasmado en un editorial de análisis electoral.
Autoengañarse nunca es garantía de que se podrá engañar a otros... tal vez a algunos, pero no a todos. Los seres pensantes no comen vidrio y saben hacer lecturas de las encuestas. Es por ello que las grandes empresas hacen encuestas no solo para las campañas de marketing de sus productos, sino también en la temporada política... para saber en qué casilleros poner más o menos fichas. El ciudadano medio escucha y lee estas tendencias y, generalmente, se deja convencer más por las tendencias que por las brechas, porque después de todo sabe que los resultados de las encuestas dependen de quien las encarga. El ciudadano común sabe que si hay una consultora que dice algo, y otras cinco que dicen lo contrario, el sentido común le indicará que cinco de seis no pueden equivocarse y que hay uno que está mintiendo. Es como con el índice de inflación... mientras que la propia sensación y experiencia es corroborada por una multitud de consultoras y organismos de defensa del consumidor, hay un INDEC que se esfuerza por negar la realidad y dibuja los números intentando vender un relato que ya ni los propios compran.
Lo cierto es que el gobierno, en vez de autoengañarse e intentar engañar, debería tomar nota de los resultados de las encuestas, si es que quiere revertir el resultado de las elecciones del 2013, que comenzaron a señalar la hora del ocaso de un proyecto agotado. Insisto con que las mejores encuestas son los resultados de las elecciones. En las elecciones del 2013 comenzó a perfilarse la nueva mayoría que se verá cristalizada en el 2015. La nueva mayoría que significará un punto de inflexión en la línea de tiempo que hará que nuestro actual sistema comience a parecerse un poco a la democracia.
Si no fuera porque los trabajadores contaron con un poco más de cash flow como para pasar las fiestas, lo cierto es que hubieran pasado la Nochebuena frente a la Casa de Gobierno, como los padres de los estudiantes desaparecidos en México que pasaron la víspera de Navidad frente a la mansión de Peña Nieto. Haber tenido a los trabajadores estatales en la plaza durante gran parte del año -recordemos que hubo más de 100 días de paro, lo que representa un tercio del año-, no es un indicador de que haya una buena imagen ni una buena perfomance del gobierno en la opinión pública. No hay que olvidar que los trabajadores estatales también aportan a la opinión pública -a menos que se considere que la opinión pública la expresan solo las señoras que van a misa a la Catedral y la reducida burguesía que aun cree que Fellner es lo mejor que le pasó a la provincia-.
Tampoco puede contarse como un logro presente en el inconsciente -ni en el consciente- colectivo el estado de postración y abandono de la industria jujeña, cuyos emblemas más visibles son la situación de Electroquímica El Carmen y Aceros Zapla. Ambos monstruos de la industria están siendo actualmente vaciados y desguazados por empresarios frente a la complicidad y vista gorda tanto del gobierno como de la justicia, dejando en el desamparo y la incertidumbre a miles de trabajadores jujeños que hoy saben que no gozan de la estabilidad laboral que tendrían si hubiera un gobierno con políticas encaminadas a la protección de la industria y el trabajo jujeño.
A lo largo del año hemos dedicado sendas líneas al incumplimiento de los deberes escenciales del Estado. En Jujuy no se está garantizando la salud. No se operan pacientes porque no hay insumos tan básicos como las gasas... ni hablar de anestésicos, analgésicos y reactivos para laboratorios, haciendo que la gente se vea forzada a asistir a la salud privada. Día a día en los pasillos del hospital se repite el mismo, triste y desolador, escenario de miles de personas haciendo inhumanas colas para poder obtener uno de los limitados turnos que ofrecen los médicos. Este, en sí mismo, es un tema para un serio replanteo. No se puede seguir con un sistema obsoleto y saturado que obliga al médico que trabaja para la salud pública a privilegiar su actividad privada. ¿No será hora de pensar un sistema en el que el médico de la salud pública sea considerado como el funcionario del poder judicial, es decir, que sea muy bien pagado para dedique todo su esfuerzo y energía a suministrar una salud pública de calidad, inhabilitándolo para la práctica privada? Yo creo que con un serio replanteo, al menos en este sentido, conseguir un turno en el hospital no sería una odisea denigrante… y el instrumental, insumos, y maquinaria del Hospital Público estarían mejor cuidados.
La falta de controles y garantías para que las personas menos pudientes puedan acceder al precio que se fijó desde Nación para las garrafas de 10 kg, es otra deuda pendiente que no es percibida como un importante logro del Gobierno... no solo entre los estratos sociales más bajos sino también en los estratos medios, que también consumen este necesario insumo.
Las recientes denuncias sobre supuestos sobreprecios en la obra público ponen en duda no solo la credibilidad sino el honor de los funcionarios involucrados. Este hecho, que aún está por comprobarse, no es un tema menor que la opinión pública no tenga presente. Pero no es solo por la inmediatez en la línea de tiempo o por lo fresco de la noticia, sino porque la gente sabe que el Gobierno de la provincia no rinde debidas cuentas de sus actos de administración desde hace años. El senador nacional Gerardo Morales observó que es “muy grave lo que pasa en Jujuy” donde el Gobierno de la Provincia desde hace más de una década no rinde cuentas de la ejecución presupuestaria, eludiendo la obligación de presentar a la Legislatura la cuenta de inversión, y advirtió que cuando se produzca una alternancia en el poder, uno de los temas centrales que tendrá que abordar un nuevo gobierno será la rendición de los fondos públicos ejecutados. Morales rechazó que se pretenda garantizar al gobierno impunidad por el manejo discrecional y descontrolado de fondos y abogó por una gestión pública transparente, expuesta al escrutinio ciudadano y respetuosa de los principios republicanos.
El manejo discrecional de fondos y la voluntad de no rendir cuentas, son rasgos de la Monarquía, mientras que en una República, los principios derivados de ella exigen a los funcionarios públicos transparencia, respeto a la decisión popular y rendición de cuentas. La falta de transparencia arroja un manto de sospecha sobre los actos de gobierno que no deben limitarse a publicitar entregas de viviendas y escrituras, y actos protocolares de los que participan los funcionarios. La madurez política de los jujeños requiere que se cumpla lo establecido en la Constitución sobre la rendición periódica del destino de los fondos públicos. La falta de transparencia es otro tema que no pasa desapercibido por la opinión pública. Solo en un país incivilizado vale el "roban pero hacen".
La mal escondida escalada de la inseguridad con hechos de creciente violencia, y el avance del narcotráfico, en la provincia constituyen otros flagelos que asolan a los ciudadanos jujeños. No es tema menor. La violencia y la inseguridad golpean cada vez más de cerca. Un motín policial puso hace un año en vilo a toda la provincia. Si a esto le sumamos atentados con intencionalidad política que sufrieron algunas figuras públicas de la política y del mundo sindical, queda muy claro para el ciudadano que la política en materia de seguridad está bastante errada. Queda claro que la seguridad, otro deber esencial de Estado, tampoco se estaría garantizando en Jujuy.
La falta de políticas serias para hacer del turismo una actividad lucrativa y redituable tanto para empresarios en particular, como para la provincia en general, es otro tema con el que la opinión pública se siente estafada cuando salen los funcionarios a contabilizar la cantidad de gente que asiste a los diques. Lo cierto es que no hay una política definida conducente a una mejor explotación del turismo y las palabras de los funcionarios que aseguran lo contrario son percibidas como más cuentos del relato que ya no cuela ni entre los propios. No hay infraestructura para acoger al turismo y los principales centros de atracción no tienen una cantidad de empresarios que estén dispuestos a explotar la llegada de los turistas. Ni siquiera se percibe esto en las atracciones públicas, como museos, que siguen trabajando al ritmo de la administración pública de pueblo, en el mejor de los casos, en vez de ofrecer al visitante un servicio de calidad y horario corrido. Muchos restaurantes cierran por vacaciones, los pocos hoteles que funcionan no entran en el presupuesto del tipo de turista que llega, haciendo que crezca el negocio informal. Para peor, no hay una política de incentivo y ayuda a los emprendedores que podrían estar brindando al turista servicios de esparcimiento y diversión, pues al parecer hay una política de persecución hacia pequeños empresarios que explotan la noche que no cuentan con la solvencia –y la voluntad de “aportar”- de los grandes boliches.
La lista de materias pendientes podría seguir y ocupar largas páginas, como los días de clases perdidos; los incumplimientos de los compromisos, la complicidad y participación en el saqueo de los recursos naturales; la falta de una política de fomento industrial para que se asienten empresas y emprendimientos que generen mano de obra genuina; la política de la mendicidad sustentada por un Gobierno que ha tercerizado la Justicia Social, permitiendo el crecimiento de una figura que no fue elegida por nadie, y la instalación de un gobierno paralelo en la provincia; la soberbia a la hora de resolver los problemas. La gente siente que hay un estado ausente, y si eso no se traduce en una buena percepción, mucho menos se traducirá en aprobación.
Con estos temas presentes, a grandes trazos y sin entrar en un análisis pormenorizado, es muy difícil poder sustentar sondeos de opinión que afirmen una buena percepción de la actual gestión de gobierno, pues son temas presentes y casi obligados en confiterías, almacenes de barrio, peluquerías, taxis, y colectivos.
Hace poco Pepe Mujica, con su típica e irrefutable honestidad brutal, dijo que México era un Estado fallido ¿Y quién no podría decir eso de un Estado que tiene provincias tomadas por narcos, provincias manejadas por la mafia, ciudades en que los ciudadanos decidieron hacer justicia por mano propia ante la ausencia del Estado, y, si todo esto fuera poco, desaparecidos en democracia? Yo me pregunto ¿Qué diría el Pepe si conociera la realidad de Jujuy?















