Pese al sostenido crecimiento económico durante los diez años de gobierno de Tabaré y Mujica, que le valieron el reconocimiento internacional, la coalición de centroizquierda podría ceder el poder en un eventual ballottage ante el ascenso de Lacalle Pou, el candidato del Partido Nacional
Falta sólo una semana para las elecciones en Uruguay, y el Frente Amplio (FA) tiene, a simple vista, todo a favor para quedarse una vez más con la presidencia por los próximos cinco años: una base electoral a prueba de fuego, crecimiento sostenido de la economía, reducción de la pobreza y reconocimiento en el exterior. Una elección aburrida y un resultado cantado podrían creer muchos.
Triunfo, festejo y a otra cosa. ¿Acaso alguien puede vulnerar semejante fortaleza, abrir una brecha en diez años y dos períodos de gobierno? Sucede que sí. Según los últimos sondeos, todo el capital político, económico y social ganado durante todo ese tiempo para Uruguay -reconocido incluso por sus adversarios- no le alcanzan al FA para garantizarle una victoria y situar a su candidato a presidente en lo más alto del podio.
Más aún, como también le pasa al Partido de los Trabajadores en Brasil, donde Dilma Rousseff lucha voto a voto con el socialdemócrata Aécio Neves, por primera vez desde su victoria en 2004 tambalea el predominio político del FA, que congrega las simpatías de la izquierda uruguaya. Sólo que, a diferencia de Brasil, en Uruguay no hubo desaceleración económica.
¿Qué le impide al ex presidente y actual candidato Tabaré Vázquez, que dejó su mandato en 2010 rodeado de elogios y aplausos, asegurar su vuelta al gobierno el domingo próximo o, a más tardar, en el ballottage del 30 de noviembre?
La respuesta, dicen los analistas políticos, está en las nuevas demandas de la gente, así como en cierto desgaste del gobierno, en el discurso defensivo de Tabaré y, sobre todo, en la aparición de un joven adversario que, al crecer en las encuestas, obligó al FA a dejar el champagne en la hielera. Nada de festejos de antemano.
Se trata de Luis Lacalle Pou, de 41 años, el candidato del Partido Nacional desde que sorprendió a propios y extraños al alzarse con las internas de su agrupación a mitad de año.
Tabaré de todos modos marcha adelante. La consultora Equipos Mori le da el 41% de favoritismo para la primera vuelta contra el 28% de Lacalle Pou. Según Factum, la diferencia es de 42% a 32%. Pedro Bordaberry, del Partido Colorado, suma el 15%. Como nadie logrará la mayoría absoluta, en el ballottage blancos y colorados probablemente unan fuerzas para dejar a Lacalle Pou cabeza a cabeza con Tabaré. Factum, por ejemplo, estima un 48% de los votos para Tabaré contra un 47% para Lacalle Pou.
"A pesar de todos los logros que se le reconocen al FA, hay que entender que la política uruguaya es muy competitiva, las elecciones siempre son parejas. A eso hay que agregar que es un país con una insatisfacción permanente, hay expectativas muy altas incluso si al partido gobernante le ha ido bien. En los últimos 60 años ningún gobierno creció en votos para las siguientes elecciones", dijo a LA NACION Ignacio Zuasnábar, director de encuestas de Equipos Mori.
Después de diez años de crecimiento y estabilidad económica, y de avances similares en el nivel de ingresos de los trabajadores y lucha contra la pobreza, el FA no vio venir una nueva ola de exigencias que se lo llevó por delante y dejó en peligro su continuidad.
"La gente no siente que la cosa ande mal, pero tampoco lo suficientemente bien como para seguir con piloto automático. Hoy las demandas son otras", señaló Zuasnábar.
A la cabeza de las nuevas demandas están la seguridad y la educación. Unos 20.000 robos por año y un homicidio por día superan el umbral de tolerancia de una sociedad acostumbrada a vivir sin miedos ni sobresaltos.
Lo mismo pasa con la educación: en las pruebas internacionales PISA de 2012 Uruguay quedó en el puesto 56 de los 65 países observados, y dejó así reprobado el orgullo de una nación culturalmente rica. Por no hablar del daño que eso puede causar a futuro en la capacidad profesional de los trabajadores uruguayos.
Y no sólo quedó en la cola de las naciones que tomaron parte de las pruebas, sino que Uruguay además perdió contra sí mismo, porque se trató de su peor desempeño en ese ranking educativo desde 2003.
TURBULENCIAS
"También hubo episodios que le han hecho un poco de daño al oficialismo, como el cierre de la aerolínea Pluna, que fue mal tramitado y que les costó el procesamiento al presidente del Banco República y al ministro de Economía. El FA perdió, digamos, la virginidad. Tenía la bandera de la pulcritud en el manejo de la cosa pública y ahora todos los partidos tienen alguna mancha", dijo a LA NACION el politólogo Daniel Chasquetti sobre el escándalo que sacudió al gobierno a fines del año pasado.
Chasquetti le asigna además un posible cansancio de la gente hacia los elencos de gobierno de la última década: "Siempre las mismas figuras; la gente puede estar esperando cosas nuevas". Los primeros cinco años fueron de Tabaré, los siguientes de José Mujica, y ahora Tabaré intenta volver. Junto a ellos estuvo siempre Danilo Astori, primero como ministro de Economía y, luego, como vicepresidente.
Ante las nuevas demandas, los analistas coinciden en que Tabaré no dio en el blanco en su enfoque de campaña, sobre todo en los primeros tramos. Se dedicó más a defender los méritos de su gestión y la de Mujica que a proponer soluciones a la altura de las expectativas.
"Como durante su gobierno le fue bien hablando de sus logros, arrancó la campaña defendiendo los logros. Habían pasado cinco años y ya no era tan evidente decir: «Vamos bien en todos los temas». Ahora a un ciudadano común se le crispan los nervios. En algunos temas específicos hay mucha preocupación", dijo el politólogo Adolfo Garcé.
La mesa estaba servida para un nuevo comensal que supiera comportarse con soltura en la mesa de los grandes: Luis Lacalle Pou, el candidato blanco, que reconoció de movida los aciertos del oficialismo y construyó su campaña bajo la consigna "Por la positiva".
"En líneas generales, Lacalle Pou ofrece ajustes en el margen de las políticas del FA. La excepción más relevante a esta regla es la política educativa. Pero en otros temas muy importantes, como política laboral, políticas sociales o relaciones exteriores, para poner tres ejemplos, hay más matices que diferencias de fondo", indicó Garcé.
"Mejoremos lo que está, hagamos lo que falta", parece ser la idea. Sencilla, pero eficaz para pelear mano a mano por el liderazgo de Uruguay.















