El problema de los poros abiertos no es cuestión de edad. Sabemos por qué aumentan de tamaño y lo que puedes hacer para tenerlos controlados

Llega el verano y el calor cómo bien sabes es vasodilatador, tus poros te miran desde el espejo con un tamaño que no te mereces. Todo empezó en la adolescencia ¿recuerdas? Cuando tu piel se había llenado de puntos negros y espinillas y es cierto que, con la entrada en la gran revolución hormonal de la pubertad, la piel empieza a producir una enorme cantidad de grasa que expulsa a través de los poros, lo que hace que estos tengan un tamaño más grande de lo normal y se vean a simple vista.
El problema aumenta si no se sigue un buen ritual de limpieza, ya que la suciedad acumulada en ellos termina taponándolos, se oxida y se transforma en los típicos puntos negros. ¡Ojo! No hay que caer en la tentación de apretarlos con las uñas para sacarlos, ya que puede provocar un efecto rebote, ensuciando aún más los poros y estimulando la proliferación de las bacterias que causan el acné. En esta etapa es fundamental seguir una estricta rutina de limpieza, mañana y noche y exfoliar una vez a la semana para evitar que se obstruyan los poros.
En la edad madura, también aparecen Hay otra etapa crítica en la que el problema de los poros dilatados vuelve a tomar protagonismo: en la piel madura. Ahora, el factor desencadenante ya no es la grasa (al contrario, el cutis tiende a volverse más seco), sino la fuerza de la gravedad y la pérdida de elasticidad, que hacen que la piel se vaya volviendo más flácida, empiece a caer y los poros se estiren y se vayan haciendo cada vez más grandes.
Además, unos poros grandes no solo resultan antiestéticos, sino que hacen que parezcamos más mayores de lo que somos. Por un lado, porque sin darnos cuenta los relacionamos con la vejez; pero también hacen que la superficie de la piel pierda uniformidad, refleje mal la luz y tengamos un aspecto apagado y hasta con más arrugas.
Es un problema difícil de resolver y que afecta a la inmensa mayoría de los cutis maduros. Para actuar de forma eficaz contra ellos, además de mantener una buena rutina de limpieza adaptada a cada tipo de cutis, hay que centrarse en mantener la elasticidad y la firmeza de la piel.
También es importante dormir bien, ya que si no dejamos que la piel se regenere por la noche al levantarnos tendremos un aspecto aún más cansado y apagado.















