Un conflicto entre los socios locales mantenía en suspenso al proyecto de construcción de la represa Chihuido, en Neuquén. Será el desarrollo privado con fondos extranjeros más importante en el futuro próximo. La continuidad del acuerdo con el FMI es clave para garantizar el ingreso del crédito internacional.
Por Tania Braum

Los dos socios locales que piensan construir la represa Chihuido, en Neuquén, resolvieron un diferendo interno que hizo peligrar el proyecto, el desarrollo con fondos privados extranjeros más importante que hay en el horizonte inmediato en el país. La obra está valuada en 2.200 millones de dólares y contará con financiamiento alemán por 1.900 millones.
Eduardo Eurnekian, dueño de Corporación América -conglomerado de negocios que tienen presencia en varios sectores de la economía, entre ellos, la concesión de 1.200 kilómetros de rutas y la construcción de caminos, y la operación de aeropuertos- y Hugo Dragonetti, de Panedile -compañía nacional de ingeniería y construcciones especializada en grandes obras de infraestructura- lograron destrababan el conflicto por el que casi se cae la iniciativa.
De esta manera, la represa empezaría a construirse el año próximo, cuando se espera que lleguen las divisas provenientes del exterior, según pudo saber NOTINOR.COM.
Fuentes de la Unión Transitoria de Empresas (UTE) que ganaron la licitación para erigir la represa indicaron que los principales socios del proyecto acercaron posiciones que parecían irreconciliables hasta hace un par de meses. El Ministerio de Obras Públicas, dependiente de Gabriel Katopodis, esperaba el acuerdo entre los contratistas. Desde la cartera, confirmaron el entendimiento.
La obra está valuada en 2.200 millones de dólares y contará con financiamiento alemán por 1.900 millones.
Eurnekian y Dragonetti tienen una relación muy fluida con el ministro de Economía, Sergio Massa, que ahora se enfoca en recortar el gasto para ordenar las cuentas fiscales. Por ahora, en el sector aseguran que ese ajuste no llegó a los proyectos de infraestructura que cuentan con financiamiento internacional. Incluso, conocedores del mercado afirman que, zanjada la diferencia, podría sumarse al proyecto otro socio europeo.
Ocho años de idas y vueltas
Así, luego de años de ocho años de idas y vueltas, Chihuido está más cerca de concretarse. Los planes para la construcción de esta represa, obra central para el río Neuquén, atravesaron un largo recorrido desde 2014.
Cuando la UTE ganó la licitación, pensaba construirla con financiamiento ruso. Pero el crédito de Rusia se cayó en 2015 y apareció Alemania, interesada en disputarle geopolíticamente a China el liderazgo de obras de ingeniería en la región.
La devaluación de 2018 y la negociación con el Fondo Monetario Internacional (FMI) que quedó en stand-by en ese entonces congelaron el proyecto, que se reactivó con la llegada de Alberto Fernández a la Casa Rosada. Pero, paradójicamente, la confirmación del financiamiento por parte de Alemania dependía de nuevas aproximaciones de la Argentina con el FMI, gestión que aceleró el ex ministro de Economía, Martín Guzmán.

“El contrato avanza. En la base de todo está el acuerdo con el FMI firmado por (el exministro de Economía Martín) Guzmán, no solo necesario para dar garantía a inversiones como esta, sino para dar certeza de que no habrá cambios”, cuentan fuentes cercanas al proyecto.
De esta manera, la agencia de crédito a la exportación alemana Euler Hermes aportará garantías para que los bancos Santander y Credit Suisse financien el 85% del proyecto, a una tasa en torno al 6% anual. La alemana Voith Hydro proveerá la ingeniería, valuada en 600 millones de dólares.
Chihuido se construirá sobre el río Neuquén, a 5,5 kilómetros de su confluencia con el río Agrio y a 155 kilómetros de la capital provincial. La represa generará 637 megavatios de electricidad, gracias a cuatro turbinas que entrarán en funcionamiento.















