Los fuertes controles cambiarios difícilmente se aflojen pasado el ciclo electoral. Tampoco hay buenos pronósticos para la cosecha de trigo y en enero el Tesoro enfrenta fuertes vencimientos, dificultando el arranque ya sea para Milei o Massa.

La semana financiera culminó con fuertes operativos en el microcentro porteño, prácticamente paralizando la operatoria del dólar libre, tras la suba de 60 pesos que había mostrado la cotización el jueves pasado. La foto fue idéntica a la de la previa a las elecciones. Y todo indica que en los próximos cinco días hábiles el volumen de transacciones en el mercado informal se mantendrá en niveles mínimos.
En un contexto de gran incertidumbre política y económica, el Gobierno vuelve a apelar a la represión financiero para mantener los distintos tipos de cambio bajo control. En todo caso, la idea es esperar al resultado de las elecciones y una vez despejada la incógnita de quién será el próximo presidente encarar una solución para el complejo escenario cambiario que enfrenta la Argentina.
Más allá de las especulaciones electorales y la búsqueda de cobertura a la espera del resultado del próximo domingo, la situación cambiaria complica cada día que pasa. Lo más acuciante ahora es la escasez de divisas para las empresas, que son autorizadas solo a cuentagotas a importar. La mayoría obtiene la autorización a través de la aprobación de las SIRA, pero luego les resulta imposible que el Banco Central les venda los dólares.

En su encuentro con la Unión Industrial Argentina (UIA) hace 10 días, Sergio Massa se comprometió a normalizar la operatoria en un máximo de 90 días. Sin embargo, nada indica que esto pueda ser posible, al menos en las condiciones actuales.
El stock de deuda con los importadores supera ya los 50.000 millones de dólares. Esto obliga a las empresas a utilizar dólares propios para importar, pedirle un financiamiento a sus casas matrices para hacerlo, o simplemente quedar en deuda con sus proveedores.
El Gobierno sumó así una nueva y dramática dimensión a la categoría de defaulteador serial que tiene la Argentina. No solo ahora el problema pasa por cumplir con la deuda en manos de bonistas, sino que el incumplimiento de pagos ahora afecta a toda la actividad comercial.

Los problemas para conseguir dólares también provocan inconvenientes en las fábricas para llevar adelante la producción. Por eso motivo, la economía está cada vez más cerca de la recesión. Aunque todavía las cifras oficiales del INDEC muestran meses que pasan de leves caídas a tenues recuperaciones, los problemas de oferta tendrán un impacto negativo en la actividad económica de los próximos meses.
Esta falta total de certeza de acceso a divisas también llevó a un extremo los temores a un posible desabastecimiento. La consecuencia es que las empresas optan por fuertes remarcaciones, ya que no saben si contarán o no con la posibilidad de reponer el producto. Estos ajustes fuertes de precios también ocurren por las expectativas de devaluación futura, es decir, el peligro de que se encarezca el tipo de cambio para compras del exterior.
En parte, esto ya sucede porque las importaciones pagan en teoría el tipo de cambio oficial más el impuesto PAIS, que en el caso de bienes eleva el costo del dólar en realidad de 350 a unos 376 pesos, mientras que en el caso de servicios el costo ya es aproximadamente de 500 pesos por dólar.















